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La hazaña de registrar y experimentar con la tradición sonora de Chile

En todo sonido hay belleza y en la Facultad de Artes de la U. de Chile sonidos se respiran, se sienten, se viven y se escuchan a diario. Ya van cuarenta y cinco años desde que los precursores de la Licenciatura en Arte con Mención en Sonido, José Vicente Asuar y Juan Amenábar, decidieron impulsar desde estas aulas nuevas vanguardias y registrar los miles de trabajos musicales que se crean en Chile. Celebramos desde estas páginas su aniversario, recordamos su historia y trazamos los nuevos desafíos.

Marilyn Lizama Muñoz/ Periodista Facultad de Artes

  Lunes 16 de junio 2014 12:46 hrs. 
Consola-Radio

La Licenciatura en Arte con mención en Sonido está de fiesta. Este 2014 celebra sus 45 años de historia en los que cada nota, cada instrumento, cada voz, y en definitiva, cada sonido, han sido trabajados con la expertiz técnica y la sensibilidad artística para lograr que nuestros oídos disfruten la delicia de cada nueva pieza musical o vibren con esos desconocidos ruidos mezclados y fusionados para corromper lo establecido.

Todo comenzó cuando José Vicente Asuar y Juan Amenábar eran estudiantes de composición en la Universidad Católica. “Con Amenábar nos conocimos porque estudiábamos con el mismo profesor de composición. Habíamos formado un grupo para hablar de música y hacer conciertos doctos. Casi todos éramos estudiantes de música e ingeniería. Ahí estaban Juan Amenábar, Fernando García, León Schidlowsky, entre otros. Ese grupo pasó a llamarse Taller Experimental del Sonido y funcionaba en la Católica en 1956”, según expresó Asuar en Zona de Contacto de El Mercurio en 2002. La conformación de este grupo tuvo una importancia no menor, pues se convirtió en el primer laboratorio de música electrónica de América Latina.

Para entrar en contexto, en el mismo año el Conservatorio Nacional de Música ampliaba su disponibilidad de matrícula para estudiar música a 200 plazas (25% más que el año anterior), sin límite de edad, lo que también fue un gran avance para la Facultad. Todos ellos podían cursar sus estudios básicos a nivel pre- universitario en las asignaturas de teclado, cuerdas, vientos, percusión, composición, canto y ópera, tal como lo consigna la Revista Musical Chilena de 1969, Nº 106.

Adictos a los sonidos

Con José Vicente Asuar y Juan Amenábar a la cabeza surge entonces, tres años después, en 1969, la carrera de Tecnología del Sonido en la Universidad de Chile, la que contemplaba una duración de dos años y se impartía a nivel interfacultades, teniendo la Facultad de Ciencias y Artes Musicales (nombre de la Facultad de Artes en esos años) a su cargo la parte musical, mientras que la parte técnica era responsabilidad de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas.

Fernando Rojas, exestudiante de Sonido, Coordinador del Estudio de Grabación del Centro Tecnológico de la Facultad de Artes, (CENTEC) y profesor, cuenta que esta carrera se fundó “para componer música electrónica, ya que se creaba hasta ese momento música acústica, tradicional, que no involucraba equipamiento electrónico”.

El profesor Luis Núñez, subdirector del Departamento de Música y Sonología, quien fuera Jefe de la Licenciatura y profesor de la misma (hasta la actualidad), cuenta que otro de los incentivos de la creación de la carrera fue la grabación de la Novena Sinfonía de Beethoven interpretada por la Orquesta Sinfónica, en 1962, y registrada por estudiantes de la Facultad. “Ahí se vio la necesidad de tener personas especialistas en nuestra universidad que tuvieran conocimientos musicales y de sonido”.

El mismo profesor cuenta que en la primera década de la carrera los estudiantes tenían una gran exigencia para ingresar a estudiarla. “Se les pedía un alto puntaje en la Prueba de Aptitud Académica (PAA), posteriormente daban tres pruebas en la Facultad: auditiva, vocal, un examen de fonoaudiología (que aún se realiza) y una entrevista personal”.

Con la creación de esta carrera la Facultad comienza a realizar proyectos de investigación científica y se registran varios hitos de importancia a nivel nacional e internacional, como haber desarrollado e implementado, a partir de la iniciativa de Vicente Asuar, uno de losprimeros sintetizadores digitales del mundo para crear música electroacústica, el computador Comdasuar.

“Nuestra carrera ha aportado mucho en la cultura de nuestro país, pues tiene como objetivo mantener la historia de la música tradicional chilena, registrar el material de los compositores nacionales, muchos de ellos estudiantes o egresados de esta misma universidad”, afirma el prof. Luis Núñez. De hecho, el Departamento de Música y Sonología cuenta además con una Mediateca, donde se resguardan desde 1946 a la fecha importantes archivos sonoros, muchos de ellos únicos en Chile, como la actividad realizada por los cuerpos profesionales de extensión musical de la U. de Chile, sean de la Orquesta Sinfónica de Chile y los Coros Sinfónico y de Cámara.

Otro de los hitos importantes en el desarrollo de la carrera fue la creación del Centro Tecnológico del Departamento de Música y Sonido en 1998 (hoy CENTEC), ubicado en el zócalo de la sede Alfono Letelier Llona, tras la adjudicación de diversos fondos gestionados por el Decano de ese período, profesor Luis Merino y el prof. Luis Núñez. Allí se relaciona directamente la música con la tecnología y se compone de estudios de grabación, archivo sonoro y del Gabinete Electroacústico de Música y Arte (GEMA).

“Junto con la Universidad Austral, tomamos el rol protagónico en este país en todo lo que tiene que ver con estudios de grabación, televisión, radio y espectáculos en vivo”, indicó elJefe de Carrera de la Licenciatura en Arte con Mención en Sonido, profesor Sergio Floody.Luego, desde 1982 a 1985, la carrera cerró sus matrículas para mejorar su cuerpo académico, sus programas y involucrarse mucho más en el medio.

Hoy la carrera está a cargo sólo de la Facultad de Artes y se imparte en la sede Alfonso Letelier Llona. Los estudiantes toman clases en la misma sede en la que se forman los músicos y varios de ellos tienen intereses artísticos. Integrantes de bandas como la La Ley y Lucybell estudiaron aquí para ser sonidistas y terminaron siendo músicos. “Los estudios prefierentrabajar con personas que tengan criterios musicales, ese es el plus de la carrera, tener asignaturas con profesores de música, tener formación musical, criterio estético”, añade el prof. Rojas.

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Fundadores

Uno de los fundadores de la carrera Tecnología del Sonido, hoy Licenciatura en Arte con Mención en Sonido, fue José Vicente Asuar. El compositor e ingeniero civil, con estudios en Chile y Alemania, pionero de la música electroacústica a nivel nacional y latinoamericano, se desempeñó como director de la carrera hasta el año 1977 y como profesor de Electroacústica, Acústica y Análisis. Llegó a la Universidad de Chile tras crear y dirigir laboratorios de música electroacústica en Karlsruhe, Alemania (1960) y en Caracas, Venezuela (1965). En 1977 crea el primer computador que generó música en Chile, nombrado Comdasuar.

Otro de los nombres a los responsables de la creación de esta carrera es Juan Amenábar, también compositor e ingeniero, creador de la, para muchos especialistas, primera obra electroacústica latinoamericana titulada Los Peces (1957). En 1991 fundó el Gabinete de Electroacústica para la Música de Arte (GEMA) en la Facultad de Artes de la casa de Bello.

Futuro

Hoy los estudiantes de dicha carrera reciben una formación integral tanto artística y musical, como científica y tecnológica, para abordar el análisis del fenómeno sonoro en sus distintos aspectos. Aprenden además las técnicas de reproducción y grabación sonora, y el desarrollo de investigación en el campo de la Acústica Musical.

Pero aún queda mucho por hacer, por eso “desde 2009 a la fecha estamos en un proceso de modernización curricular. Se hizo un levantamiento de información importante en donde se visualizaron las necesidades internas y cómo nos observamos nosotros mismos. La relación con las empresas, la información de egresados, de los estudiantes, agencias internacionales y de las necesidades del país en términos de cultura. Desde 2011 comenzamos a trabajar un nuevo perfil profesional y en una nueva malla que esperamos se pueda aplicar en uno o dos años más”, explica el profesor Sergio Floody.

“El proceso de reformulación de la carrera ha estado de la mano con un aumento de la masa critica de los académicos. En este momento tenemos tres doctores, próximamente un cuarto. Vamos a crecer en postgrado, en extensión, de la mano de la interacción con otras carreras dentro de la misma Facultad. Ya se están haciendo trabajos con la carrera de danza y composición por ejemplo. Queremos redefinir lo que entendemos como sonido desde una perspectiva disciplinar, reencantarnos con nuestro objeto de estudio, volver a analizar los conceptos de realidad sonora, abstracción sonora, el proceso de creación entre arte, ciencia y tecnología, una nueva visión. En esta nueva malla no solamente se habla del tener que hacer sino también de qué pensar y qué crear”, agregó el prof. Floody.

Los estudiantes, involucrados con este proceso de renovación, también se han organizado y han comenzado a generar diversas instancias de participación y reflexión, de manera de fortalecer la identidad y crear comunidad entre quienes integran la carrera.Matías Serrano, estudiante de cuarto año y parte de la Central de Proyectos y Actividades de Sonido, (CePAS), cuenta que la primera actividad fue emitir el Documental Variaciones Espectrales, del director Carlos Lértola centrado en la figura de José Vicente Asuar, y que dentro del año se seguirán realizando charlas, foros y talleres.

Ariel Maringer, de la misma generación de Serrano y también parte de la coordinación del CePAS, considera que “el sonido es súper abordable de muchos puntos de vista, no sólo desde la producción musical, sino también desde la composición electrónica, electroacústica, el arte sonoro, lugar poco explorado. También como disciplina técnica, el diseño e implementación de sistemas de audio en general que puedan servir a distintos propósitos para un lugar determinado. Queremos que la disciplina tenga el valor por si misma, no que esté sólo al servicio de la música”, concluye.