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Año XII, 28 de septiembre de 2020

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Fútbol: Campeones mundiales

A todas luces, la brecha que nos separa de los alemanes (hoy finalistas) es enorme pero aún así hay muchos chilenos que todavía tienen la duda ¿Pudimos ser campeones del mundo? Pienso que sí, pero con un mejor sorteo y mejor suerte también. Y como esos destinos casi siempre nos son esquivos, entonces lo mejor será trabajar para merecer ser campeones del mundo. Fortalecer la estructuras formativas escolares, construir más canchas y estadios, impulsar la formación de entrenadores con vocación, calidad y compromiso.

Francisco Cárdenas

  Jueves 10 de julio 2014 13:12 hrs. 
Seleccion chilena gol





Lentamente queda atrás la desilusión por la eliminación de la Selección Chilena del Mundial de Brasil. Como suele pasar, vamos llenando los espacios con explicaciones tácticas, especulaciones técnicas y todos creemos tener el secreto y la formula que puedo haber evitado la derrota contra los locales. Las explicaciones abundan: que si Vidal hubiera llegado en mejor estado, que si Pinilla le hubiera pegado unos milímetros más abajo, que si Sampaoli hubiera elegido el ingreso de uno u otro nombre o si Jara o Sánchez, o el mismo Pinilla, hubieran escogido otro lugar donde patear el penal. Entonces la suerte de Chile sería distinta y no nos incomodaría tanto la despedida anticipada.

Pero no hay explicación o detalle que escondan la raíz de la eliminación. No merecemos ser campeones del mundo porque no hemos trabajado para serlo. Lo cierto es que la Selección viajó a Brasil con la ilusión de competir por un lugar importante porque tiene una generación muy especial de jugadores. Talentosos, competitivos y bien entrenados. En estos momentos tenemos un equipo de clase mundial, pero es innegable, y se ha dicho hasta el cansancio, que nuestro equipo obedece a un momento particular. A un azaroso destino que ha juntado nombres de mucha categoría y talento en una misma generación. Al esfuerzo personal de cada uno de éstos. hemos sumado la suerte, durante ya dos ciclos mundiales, de tener entrenadores de primer nivel (Bielsa y, guardando la proporción, Sampaoli) lo cual nos revela el secreto mayor para el éxito. El trabajo dedicado y profesional en cada ámbito y nivel de organización. Hoy es urgente mejorar el manejo administrativo del fútbol y revisar los aspectos formativos a nivel nacional. Es el momento exacto para dar un impulso profesional y decidido que garantice que lo que hoy tenemos se mantenga y mejore en el futuro. Hay que ser generosos en el esfuerzo y la entrega pero también en el perfeccionamiento, en la planificación y en la cantidad de recursos.

Sería lamentable desaprovechar el momento y desperdiciar tanto esfuerzo; algo tan típico en nuestro deporte. El ejemplo del tenis chileno es el más elocuente. De haber tenido tres jugadores dentro de los diez mejores del ranking, con medallas olímpicas, incluso después de haber tenido un número uno a nivel mundial, hoy queda casi nada. Se malgastaron los ingresos, no se invirtió adecuadamente en infraestructura para impulsar y detectar nuevos talentos y desperdiciamos (espero no irremediablemente) capacidades y experiencia que podrían ser decisivas para las futuras generaciones. Esto es indignante, porque Chile merece un deporte más integral y profesional y no este remedo de desaciertos que tenemos hoy.

Ahora que Alemania ha puesto las cosas en una nueva perspectiva, donde los que nos dejaron fuera ya no parecen tan buenos y grandiosos, nos cuestionamos todavía más la eliminación. Sabíamos que a este Brasil había que presionarlo bien arriba y con mucha gente y eso quedó demostrado en el contundente siete a uno con el que los alemanes dejaron fuera de su mundial a los brasileños. Alemania jugó pareciéndose al Chile de la eliminatoria y con un nivel individual deslumbrante. Ellos no dudaron de su propuesta sin importar el rival y triunfaron. Eso deberíamos imitarlo.

Pero siendo honestos eso no es lo único que deberíamos copiar de ellos. El éxito del fútbol alemán se basa en una historia de dedicación, estudio, disciplina y formación deportiva. En la corrección permanente y oportuna de los errores. En este deporte, los alemanes han hecho muy bien las cosas y por ello no es casualidad que estén en las instancias decisivas de cualquier desafío que enfrenten. Sin embargo, esto no se obtiene de forma espontánea y el camino para ellos también ha tenido un enorme sacrificio y dedicación. En el año 2001,y después del fracaso en la Eurocopa de Holanda y Bélgica, la Deutscher Fussball Bund (DFB), organismo que rige el fútbol germano, decidió la instauración de una serie de normas que resultarían fundamentales para el desarrollo profesional del fútbol en ese país y para entender la actualidad. Desde ese año, todos los clubes profesionales de primera y segunda categoría quedaron obligados a incluir academias de formación con entrenadores a tiempo completo desde el nivel sub-9 al sub-19, con campos de entrenamiento adecuados, con un equipo médico especializado y con la inmediata colaboración de las escuelas en la formación integral de los jugadores. Todo esto como requisito mínimo para mantener la afiliación. La formación técnico-táctica debía ir acompañada del desarrollo de capacidades intelectuales fuera del juego por lo que las exigencias escolares debieron elevarse para todos los futbolistas. Incluso algunos equipos, como el Schalke 04, llevaron la idea más lejos y hoy cuentan con un colegio dentro de su campo de entrenamiento y son reconocidos por la calidad de su formación.

Esta reforma radical del sistema necesitó una cuota importante de solidaridad e inteligencia. Consciente de que no todos los clubes del país podían adoptar la medida de forma instantánea, la DFB creo un fondo solidario. A ese fondo aportan dinero, de acorde a sus ingresos, todos los clubes asociados. Con ellos se permite a los equipos más pequeños absorber el costo de los entrenamientos y la construcción de las instalaciones deportivas necesarias. Además, se decidió la repartición solidaria de los ingresos por concepto de televisión, lo que fortaleció equitativamente a todas las instituciones y mejoró el nivel competitivo y formativo de todo el fútbol alemán. Ellos entendieron que la mejor forma de mejorar como país era competir de manera más justa. Para garantizar eso, diseñaron, por ejemplo, un sistema de delimitación geográfica para la búsqueda de talento, evitando así que equipos más poderosos arrebaten los jugadores a los equipos locales. Gracias a ello los clubes solo pueden reclutar jugadores que vivan a 80 kilometros a la redonda de las diferentes academias de entrenamiento. Esta medida garantiza que todas las escuelas puedan acceder a jugadores de calidad y a los beneficios futuros de esa inversión, haciendo más justa y exigente la competencia. Finalmente la Copa Mundial del 2006 les permitió renovar y construir los estadios necesarios para este desafío. Lo hicieron con un enfoque que incluyó la competición mundial y también el desarrollo de la infraestructura deportiva local y sus objetivos nacionales.

A todas luces, la brecha que nos separa de los alemanes (hoy finalistas) es enorme pero aún así hay muchos chilenos que todavía tienen la duda ¿Pudimos ser campeones del mundo? Pienso que sí, pero con un mejor sorteo y mejor suerte también. Y como esos destinos casi siempre nos son esquivos, entonces lo mejor será trabajar para merecer ser campeones del mundo. Fortalecer la estructuras formativas escolares, construir más canchas y estadios, impulsar la formación de entrenadores con vocación, calidad y compromiso.

En el ámbito profesional, debemos mejorar la calidad de los centros de entrenamiento, sobre todo en las provincias. Hay que invertir mejor y más en las categorías inferiores, fortalecer los clubes existentes y facilitar la creación de nuevos equipos. Aumentar las divisiones y mejorar el nivel de las mismas para que más jugadores puedan participar y tener buenas condiciones económicas. No se trata de hacerlos ricos, se trata de tener muchos jugadores dedicados a su entrenamiento deportivo y competencia sin tener que preocuparse por no llegar a fin de mes. Hace falta regularizar el manejo de los clubes y reglamentarlo. Exigir mayor responsabilidad y calidad formativa. El mayor desafío será hacer independiente a la Federación de Fútbol (responsable de las selecciones nacionales) y volverla un organismo de interés público. Esto permitiría que deje de manejarse únicamente como una empresa rentable y asuma un papel más responsable. Para que por fin represente a todos los chilenos, no solo a los intereses de los dueños de los clubes.

Entonces, recién entonces, podríamos merecer estar en la final de algo y tal vez ganarla. Porque habríamos aprendido que en el deporte y en el fútbol, el resultado no es lo único importante. Que el triunfo no se consigue con obsesión o el mero deseo, si no con la consecuencia de un trabajo bien realizado y sostenido en el tiempo. Eso sí que nos llenaría de orgullo. Eso síi que generaría respeto.