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Cine Chileno 2014: Muchas películas, poco público

El 2014 dejo en evidencia algo que ya sabíamos: Existe una brecha significativa entre la producción cinematográfica nacional y la audiencia en salas. Este año fue histórico en términos de estrenos -47 en salas comerciales- se pusieron en marcha dos proyectos importantes de apoyo a la distribución y exhibición de filmes chilenos y aun así, llegamos al promedio más bajo del siglo cuando se trata de espectadores por película.

Antonella Estévez

  Sábado 10 de enero 2015 15:23 hrs. 
GUIDO MIRANDA - REINAUGURACION MICROCINE (5)

El público chileno ve poco cine chileno. ¿Por qué? Hay muchas razones posibles, ninguna definitiva. Desde hace varios años me toca en esta fecha esbozar una especia de balance sobre el comportamiento de la producción cinematográfica y su relación con la audiencia. Y, aunque hay algunas cosas que han cambiado significativamente, hay otras que parecen mantenerse inamovibles.

Partamos por los cambios. Una de las razones que se esgrimían para explicar la poca asistencia del público a las películas chilenas, era que la mayoría de éstas no estaban disponibles en las salas comerciales. Que sólo se les encontraba en el circuito de cine arte y en festivales, lo que hacía difícil que un público más amplio las conociera y escogiera. En enero del 2014 comienza a regir el Acuerdo de Exhibición de Cine Chileno, un convenio entre las principales salas de exhibición de cine y las asociaciones de productores y creadores cinematográficos, con el objetivo de asegurar espacio en las salas comerciales para los filmes chilenos, por los menos las dos primeras semanas después de su estreno en horarios competitivos. A cambio las productoras debían asegurar 6 copias por película y material publicitario.

A este acuerdo se sumó la aparición de dos agencias de distribución dedicadas exclusivamente al cine chileno. CinemaChile Distribución y ChileMarket, contaron con apoyos estatales para apoyar la distribución de películas chilenas en pantallas comerciales. Además se realizó por segundo año el programa Miradoc, que estrena mensualmente documentales de autor simultáneamente en varias ciudades del país. Con estos proyectos se generó una mayor presencia de las películas chilenas en las salas y en los medios de comunicación, no sólo en Santiago, sino también en regiones.

Aún con todos estos esfuerzos las cifras de asistencia son bajísimas. En 2014 sólo una película superó los cien mil espectadores “Fuerzas Especiales” que llevo sobre 300.000. Las siete películas que le siguen superaron los diez mil espectadores y para el resto de los estrenos las cifras de público llegan a ser francamente dolorosas.

¿Qué es lo que mantiene la distancia entre el público y las películas chilenas? Siguen existiendo múltiples razones, pero me parece que la principal de ellas tiene que ver con los prejuicios que existen de un lado y de otro respecto a las cintas nacionales. Aún uno puede encontrar mucha gente que dice que las películas chilenas son derechamente malas, que hablan todas de lo mismo, que son muy densas o demasiado superficiales. También hay realizadores que prefieren enfocar sus esfuerzos a producir para un público específico o para los festivales, generando un lenguaje que puede resultar inaccesible para un gran público. Pero es cuestión de revisar un poco para darse cuenta de la gran diversidad de temas y maneras que tiene hoy la producción cinematográfica local. No digo que todas estas películas son imperdibles, pero hay entre ellas muchas de gran calidad que nos regalan una mirada valiosa sobre nuestra propia realidad.

Aún queda mucho camino para que el cine chileno sea considerado parte central de nuestra cultura como país y de nuestra cotidianeidad. En mi opinión la televisión tiene una posibilidad tremenda de generar esta conexión al poner en sus pantallas cine chileno, a buenos horarios, para acercar nuestras propias imágenes a un público masivo. Por otro lado, la experiencia internacional ha demostrado que la más eficiente manera de formar audiencias es desde la niñez, y allí –en los colegios- hay una posibilidad tremenda no sólo de acercar el cine chileno a más personas, sino de utilizar el cine como herramienta educativa para abrir otros temas.

Mientras tanto los creadores y gestores siguen haciendo el trabajo de producir películas que puedan hablar de la experiencia particular de experimentar la realidad desde este lado del mundo. Estar atentos a esos discursos puede ayudarnos a considerar, celebrar y agradecer las particularidades de nuestra idiosincrasia, aquello que nos hace únicos y nos permite tener algo que ofrecer al resto del planeta.