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Año XII, 7 de agosto de 2020

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Arzobispo Ezzati enfrenta duras críticas por salida de J. Costadoat en la PUC

Jorge Costadoat no podrá seguir enseñando en la Universidad Católica. La decisión tomada y comunicada por el Arzobispo metropolitano pone, nuevamente, en el foco de las críticas a Ricardo Ezzati a quien acusan de “estar caminando por un camino autoritario cada vez más marcado”.

Paula Campos

  Miércoles 25 de marzo 2015 15:56 hrs. 





A través de una carta, el arzobispo metropolitano, Cardenal Ricardo Ezzati, anunció que Jorge Costadoat, académico jesuita de la Universidad Católica, no iba a seguir en el interior del plantel de educación superior.

En palabras de la máxima autoridad de la iglesia católica en el país, “la trayectoria académica del profesor J. Costadoat registra afirmaciones poco prudentes que desdibujan la enseñanza magisterial de la Iglesia en diversos puntos centrales de la misma”, por ello y en su condición de Gran Canciller de la Pontificia Universidad Católica, Ezzati afirmó que la decisión no solo es parte de su derecho, sino también de su deber para que, sobre todo, desde la facultad de Teología de la Universidad se “enseñe la auténtica doctrina de la iglesia y que los alumnos que allí se formen lo perciban con total claridad y sin confusiones”.

La tensión producida sería por los dichos de Costadoat, y porque existirían alumnos no preparados para asistir a un curso de Trinidad y Cristología como el que impartía el sacerdote, según explicó el mismo jesuita en su blog.

Por el mismo medio, el teólogo indicó que no se le manifestó “ningún reparo doctrinal”. Sin embargo, es bien sabida la postura del ahora ex académico de la Universidad Católica quien ha mantenido sus opiniones sobre temas de la contingencia nacional, mostrando -en más de una oportunidad- desacuerdos con la postura oficial de la Iglesia en Chile.

Un ejemplo de ello es su última columna publicada en la Facultad de Teología: ¿Catolicidad de las personas o de la universidad?,  donde asegura, por ejemplo, que “una universidad no puede ser católica si no estimula el ejercicio libre de la razón sin el cual se hace imposible llegar a la justicia y la paz social, objetivo último del quehacer universitario en la sociedad”.

En el texto se puede leer una crítica abierta a la tensión que se produce cuando se confunde “la misión de una universidad con las exigencias de la religiosidad cristiana”, situación que sanciona porque “es la propia catolicidad de las universidades la que termina desprestigiándose” en oportunidades tales como “cuando se hace depender la catolicidad de una universidad de la adscripción o devoción religiosa de sus alumnos y, sobre todo, de sus profesores, la universidad se enferma”.

Los primeros sorprendidos con la decisión de Ricardo Ezzati fueron las propias autoridades universitarias. De la declaración del mismo ex profesor se deja entrever que la dirección de la Facultad pidió la extensión de su permiso para dictar clases en la Universidad. Además, ha trascendido que Fredy Parra, decano de Teología, se reunió con Ricardo Ezzati para pedir que reconsiderara su decisión. Sin embargo, por potestad, la última palabra la tiene solamente el Arzobispo.

Reacciones a la conducción de Ezzati

En este escenario, inmediatas fueron las reacciones. La molestia de quienes opinan sobre el tema no solo se refugia en la idea de injusticia que queda tras la desvinculación del sacerdote de la cátedra de Cristología, sino que se apela al recuerdo de otras situaciones que en los últimos meses han marcado la conducción de la Iglesia.

A los momentos vividos por los también sacerdotes José Aldunate, Mariano Puga y Felipe Berríos, quienes fueron acusados por el arzobispado ante el Vaticano por sus declaraciones sobre la contingencia nacional, las que iban en contra de los planteamiento dictados por la institución; se suma el nombramiento del obispo Barros en Osorno. Recordemos que, incluso dentro del mismo clero, se pedía que el Arzobispo desistiera de ratificar en el cargo a quien podría estar en conocimiento de los abusos sexuales cometidos por Fernando Karadima.

Por ello, la salida de Jorge Costadoat generó una inmediata cascada de cuestionamientos. Personeros ligados a la iglesia, a la política y al mundo social salieron en defensa del sacerdote. La consigna era una sola: más allá de la defensa que se pueda hacer de la labor del jesuita, las críticas apuntan directamente a cómo Ricardo Ezzati ha conducido sus decisiones y las de la Iglesia.

Incluso el propio sacerdote marginado, a través de su blog declaró que la única “justificación aducida por Monseñor Ezzati para esta medida es una tensión entre mi libertad académica y la libertad de la Facultad para tenerme a mí entre sus profesores”, agregando que le duele “por él y por la Universidad”, principalmente por que no cree que una casa de estudios pueda enseñar sin libertad.

Para los teólogos es una pérdida lo que ha pasado. Esto, por ejemplo, por la expertiz teórica de Costadoat, lo que se sumaría a la asertividad con la que el sacerdote ha transmitido los mensajes en momentos oportunos.

Álvaro Ramis, doctor en Ética y Democracia aseguró que situaciones así no se veían desde la Dictadura. Para el también vocero de Poder Social Constituyente, ésta es una muestra de cómo Ezzati ejerce su liderazgo, imponiéndose “sin convencer”. Asimismo, recordó otros episodios como el nombramiento del obispo Barros insistiendo en que el Arzobispo “está caminando por un camino autoritario cada vez más marcado”.

A juicio del historiador de la Iglesia Marcial Sánchez ésta es una situación que se debe aclarar, principalmente porque se da un contexto particular a la hora de decir que la libertad de enseñanza del profesor y de la Universidad se pone “en tensión”. Por ello, hace un llamado para que sean las mismas autoridades de la casa de estudio quienes entreguen una explicación.

Sin embargo, para él, ésta hecho que se enmarca en un contexto de decisiones que no son contradictorias, sino que reflejan parte de una visión de orden que Ricardo Ezzati tiene de la Iglesia.  Además, recuerda que, pese a las diferencias de opinión que se puedan sostener, es el Arzobispo el líder del catolicismo en Chile.

Marcial Sánchez también avanza en la conexión de diferentes momentos que ha vivido la Iglesia durante el último tiempo. A su juicio, la única forma de juntar todos estos elementos es ir dándose cuenta de cómo Ezzati va articulando sus decisiones.  Para el investigador no hay sorpresa ni “casualidad”, toda vez que se va dejando claro que es el código de poder el que se está llevando a cabo.

Desde la política, una de las primeras reacciones fue la del presidente de la DC, Ignacio Walker. El senador preguntó a través de su cuenta de Twitter si esto era una vuelta a la inquisición.

Federación de Estudiantes: “Esto genera inseguridad”

Si bien la Federación de Estudiantes de la Universidad Católica (FEUC) aún no presenta su postura oficial, aseguran que se mantendrán trabajando en diversas instancias reflexivas y resolutivas para poder llegar a una única voz.

En palabras de Martín Baudet, secretario general de la FEUC, esto los preocupa porque tiene en un momento de inseguridad a la comunidad, principalmente porque no se entiende cómo se está resolviendo este tema. Por ello, aseguran, que la acción que ejercerán será en las asambleas, donde escucharán a los diferentes actores, incluidos los directivos de Teología.

De este modo y luego del Consejo de Federación programado para este viernes, los representantes estudiantiles comunicarán cuál es la visión que ellos tienen sobre la decisión de Ricardo Ezzati de alejar a Jorge Costadoat de la facultad que lo cobijó por más de veinte años.