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Año XIV, 27 de junio de 2022

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Selección Nacional:

Amistosos que desarman

Cuando se escucha hablar a Sampaoli tras la derrota ante Brasil podría creerse que esto es lo mejor que Chile puede mostrar y esto es un gran error, dado que aunque los rivales sean de calidades disimiles, se espera que la Selección tenga siempre la ambición para dominar y buscar ganar los compromisos. Otra cosa sería volver al conformismo y mediocridad de una época que no queremos recordar.

Francisco Cárdenas

  Lunes 30 de marzo 2015 13:29 hrs. 
chb

La Selección Chilena de fútbol enfrentó dos nuevos partidos amistosos de cara a su participación en la Copa América. El primero de ellos contra el representativo de Irán que, aunque se ha consolidado como un equipo sumamente ordenado, aparecía como un rival abordable, ganable y como una excelente opción para probar algunas variantes tácticas. El segundo partido, contra la selección brasileña, permitiría probar al equipo estelar y observar lo que pretende el entrenador nacional para su presentación en el torneo continental que pretenden ganar.

Y en ese sentido, los dos partidos resultaron rotundos fracasos. Porque contra Irán se hizo un partido horrible y aburrido. El equipo estuvo lento, sin vértigo, sin presión alta y sin nivel internacional. Además, resulta cuestionable poner tantas variantes juntas dentro de la cancha pues se perdió con ello el orden y el estilo conseguido con tanto esfuerzo. Si bien la urgencia de recambio es notoria y preocupante, lo cierto es que Chile no cuenta con un amplio plantel de posibilidades. Las alternativas estuvieron por debajo de lo esperado y algunos nombres ni siquiera parecen merecer su nominación. ¿No hubiese sido mejor poner al equipo estelar con algunas incrustaciones novedosas que ofrecieran opciones al colectivo? Los cambios y el ingreso de algunos titulares en el segundo tiempo hicieron mejorar el conjunto pero no lo necesario para dar vuelta un partido que ya estaba definido. Los errores defensivos fueron groseros y costaron goles en arco propio, no hubo generación de fútbol y los delanteros naufragaron sin opciones ventajosas para atacar al rival. Una vez más, la reflexión es la misma: tenemos un buen equipo pero es absolutamente cuestionable lo que se viene haciendo en la formación de nuevos talentos. La selección alternativa que presentó Jorge Sampaoli no cumplió las expectativas y en un mal partido perdió por dos goles contra cero. Las deficiencias volvieron a dejar un enorme conjunto de dudas respecto del funcionamiento y de las variantes con las que se puede contar. Y si consideramos que ya no habrá otros partidos antes del debut coopero (al menos contra selecciones nacionales) entonces parece que ha sido un desperdicio para afianzar un grupo que parece definido y donde las pruebas solo generan incertidumbre.

Contra Brasil se volvió a los nombres conocidos y es evidente que el funcionamiento mejoró. Sin embargo vuelven a aparecer las críticas de antes. Se compite el trámite del juego, se logra neutralizar la generación de fútbol y se termina perdiendo un partido parejo contra un rival al que, sin presentar lo mejor, le basta una jugada para desnivelar. Con ello se pierde el partido y lo que es más negativo se desvanece otra vez la convicción de la tarea lograda. Es como si fuéramos un equipo ofensivo y dominante contra un tipo de rivales y otro timorato y precavido contra los rivales de mayor envergadura técnica. Da la impresión de que Sampaoli se conforma con no ser arrollado por las grandes potencias y con perder por poco. Seguramente (y basado en la conferencia post partido del director técnico nacional) él cree que perder ajustadamente es el modo de estar más cerca de vencer. Algunos creemos que es un error y que esa sesión en los ideales nos aleja más de ese objetivo porque amplía las dudas y entorpece el funcionamiento que se ha elegido como propio. Nos gustaría ver a Chile arriesgando, presionando adelante, recuperando rápido y lanzándose con los nombres propios adecuados para dañar, aun cuando en esa búsqueda pudiéramos recibir más goles en contra. Frente a Brasil se jugó con un solo delantero (Alexis Sánchez) y siendo honestos tampoco se ubicó tan adelantado como para llegar a inquietar a la defensa rival. Por más bueno que sea ese único hombre es imposible dañar a una defensa fuerte y sólida como la que presentaron los brasileños. Los mediocampistas destinados a acompañarlo lucharon en el medio terreno y no tuvieron ni la instrucción ni la capacidad para desdoblar tareas y acompañar ofensivamente. Es claro que hay jugadores que no vienen pasando por un momento de forma ideal y que otros venían saliendo de lesiones que impiden arriesgarlos pero incluso con esa salvedad aparece un Chile sin profundidad y sin sorpresa para ofender.

La sensación es otra vez desagradable; aunque se reconoce la lucha y el esfuerzo no parece que hayamos mejorado nada en los últimos años. Sampaoli recibió (con un paso negativo de Claudio Borghi entre medio) una selección de grandes jugadores, con una idea ofensiva bien asimilada, con alternativas que parecían comportarse al mismo nivel del grupo cuando eran requeridas y con un escenario internacional idóneo para que siguieran creciendo. Hoy el equipo parece estancado, sin margen para mejorar y con menos variantes que antes. Llamar tantos jugadores complica la opción de verlos a todos y dificulta el análisis. Sin embargo ese es un juicio desde afuera y esperamos que los días de entrenamiento le permitan al seleccionador elegir lo mejor y darles las oportunidades necesarias para mostrar las condiciones de cada uno. A veces las prácticas son más enriquecedoras que los propios partidos.

Mención aparte merece la exagerada cobertura del juego contra Brasil porque genera ansiedad y frente a la derrota da la impresión de que seguimos agrandando la pesadilla de no poder ganarles nunca. Seguramente que en los propios jugadores se va incubando la misma sensación de frustración y derrotismo que tanto daño nos ha hecho. La prensa y los encargados de comunicación de la selección deberían medir mejor estos asuntos y entender que llamando “la gran revancha” a un partido amistoso y entregándole una cobertura de ocho horas no ayudamos en nada a que eso cambie. En contraste los brasileños parecían relajados antes y después del juego, incluso si hubieran perdido no me imagino el drama que acá vivimos con cada enfrentamiento frente a ellos.

Merece destacar la necesidad de recuperar algunos rendimientos individuales antes de la Copa América como Arturo Vidal y Eduardo Vargas, pues se ven lejos del nivel que otrora tuvieran. También replantearse la pertinencia de utilizar jugadores del medio local o de equipos de menor nivel que se encuentran muy lejos de los rendimientos del grupo permanente. Celebrar el buen funcionamiento defensivo del bloque titular (Bravo, Albornoz, Medel y Jara) aunque la única desatención costó el gol brasileño, el elevado y vistoso nivel de Alexis Sánchez y la lucha aguerrida de todos. Por último insistir en la necesidad de tener un cuerpo técnico crítico que sea capaz de aceptar los errores, corregir y mejorar. Que posea además una convicción profunda de sus argumentos y que sea fiel a su propio ideario. La dura crítica del primer partido contrasta con la conformidad del segundo juego y nos hace dudar de que ello sea justo y equilibrado. Cuando se escucha hablar a Sampaoli tras la derrota ante Brasil podría creerse que esto es lo mejor que Chile puede mostrar y esto es un gran error, dado que aunque los rivales sean de calidades disimiles, se espera que la Selección tenga siempre la ambición para dominar y buscar ganar los compromisos. De eso se trata el fútbol y otra cosa sería volver al conformismo y mediocridad de una época que no queremos recordar.