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Hacia el “agotamiento crediticio”: ¿Quién crea el dinero?

Roberto Meza A.

  Martes 6 de octubre 2015 15:57 hrs. 
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Una reciente encuesta realizada en el Instituto de Finanzas y Banca de la Universidad de Zurich, Suiza, confirmó que los habitantes del país financiero por excelencia no saben cómo se crea el dinero, en su caso, los francos suizos

Los resultados, que publicó Positive Money, muestran que sólo 13 por ciento sabe que los bancos comerciales privados son quienes proporcionan la mayor parte del dinero en circulación. Así y todo, el 78 por ciento de la población suiza cree que el dinero debe ser producido y distribuido exclusivamente, con criterios de bien común, por el Banco Nacional Suizo. Apenas un 4 por ciento prefiere el sistema según el cual el dinero es creado por los bancos privados.

El estudio ratifica un hecho global: la mayoría de la gente cree que son los Estados o los bancos centrales los que crean el dinero, cuando en los hechos, más del 90 por ciento del dinero es creado por el sistema financiero privado mundial.

En ocasiones anteriores hemos hablado del multiplicador monetario que opera como inverso del encaje o reservas de los bancos, por lo que, a menor cantidad de reservas, mayor será el multiplicador. Entonces, si las reservas son el 5 por ciento, el multiplicador es 20; si las reservas son el 1 por ciento, el multiplicador es 100, es decir, la base monetaria, que es el dinero que realmente crea el banco central, se multiplica cien veces.

Como no existe aún una regulación mundial para la cantidad de reservas que debe mantener la banca privada internacional, estas han llegado muchas veces a ser menores al 1 por ciento, como ocurrió durante la crisis de 2008, lo que significó multiplicar el dinero hasta sobre 100 veces y que explica por qué, durante un par de años post crisis, pareció que los mercados emergentes -incluyendo Latinoamérica- empujaban el carro del crecimiento global, pues, si bien no estuvieron involucrados en la burbuja crediticia que condujo a la crisis, se endeudaron a niveles peligrosos, como el caso de China, cuya relación entre deuda y PIB supera hoy el 100 por ciento.

Esta semana se lleva a cabo la reunión del FMI y del Banco Mundial en Lima y los analistas estiman que la atención de los funcionarios seguramente se enfocará en el débil crecimiento de los mercados emergentes, fenómeno que afecta desde China hasta Chile, Brasil y Perú, entre otros. La explicación parece estar en el hecho que los mercados emergentes están atrapados en una burbuja crediticia, cuyas razones técnicas son esquivas si no se comprende el “misterioso” modo de creación y flujo del dinero, tal como no se entendió el peligro de las hipotecas de alto riesgo hace casi una década.

Y es que, como señala el propio FMI en su más reciente informe de estabilidad financiera, entre 2004 y 2014 la deuda corporativa de los mercados emergentes más que se cuadruplicó, pasando de US$4 millones de millones a US$18 millones de millones, gran parte de cuyo crecimiento se produjo después de 2008. Y si bien el endeudamiento de las empresas ha aumentado en China, Turquía, Chile, Brasil, India y México, ha bajado en otros como Sudáfrica, Hungría o Bulgaria. Globalmente, empero, el FMI estima que las deudas de los mercados emergentes representan ahora el 200 por ciento de su patrimonio, mientras que hace cuatro años eran equivalente al 100 por ciento.

Un análisis de Financial Time se pregunta si en esta coyuntura de alta deuda y ralentización económica las empresas de los mercados emergentes podrán cumplir con sus obligaciones si los centrales del mundo desarrollado -en particular la Fed- subieran sus tasas de interés. Y es aquí donde el “apalancamiento” adquiere relevancia: un analista de Citi, Matt King, nos recuerda que se puede crear dinero desde los Centrales, donde programas de flexibilización cuantitativa (QE) hicieron su parte en la anterior crisis; y la segunda, cuando los bancos y mercados del sector privado ‘reciclan’ los fondos del Central y los amplifican a escala masiva.

En un esfuerzo de cálculo, porque es difícil acceder a los números reales de apalancamiento de los bancos privados, el Citi estima que tres cuartas partes de toda la creación de dinero por parte de la banca comercial a nivel global durante los últimos cinco años han fluido hacia los mercados emergentes. Esto significa que, desde el 2000, ha ingresado a los mercados emergentes un volumen de US$ 8 millones de millones de flujos anuales, de los cuales US$5 millones de millones ha sido crédito privado, es decir, unos US$ 75 millones de millones (igual al PIB mundial), cifra que el Citi ve difícilmente manejable por los centrales, indicando un momento de “agotamiento crediticio”.

De allí que, como dice Financial Times citando a gestores de fondos de cobertura como John Burbank, de Passport Capital, la mayoría de estas entidades estén apostando ahora a la baja respecto de los mercados emergentes. Si se agrega que en los últimos tres meses los mercados bursátiles del mundo han perdido más de 13 millones de millones de dólares, destruyendo la riqueza creada en los últimos dos años, la situación financiera mundial se torna preocupante.

Merced a dichas pérdidas de valor, la capitalización bursátil global cayó nuevamente por debajo de los 60 millones de millones de dólares alcanzados por segunda vez a fines de 2013, confirmando el agotamiento de las políticas monetarias y de dinero barato de la Fed y otros bancos centrales. Un desplome similar se produjo a fines de 2007, poco antes del estallido de la crisis financiera global y cada vez, la Fed y otros institutos emisores de las potencias se vieron obligados a inyectar cuantiosas sumas de dinero como en 2008 y 2011.

Pero la experiencia muestra que tales programas no tuvieron ni han tenido efecto en reactivar la economía real y más bien esos recursos, canalizados a través de la banca privada, han hinchado nuevas burbujas de precios en todos los mercados, aumentado además, peligrosamente, las deudas de las empresas de naciones emergentes, entre ellas, varias chilenas. De acuerdo al Banco Central de Chile, la deuda privada nacional alcanza a la cifra nada despreciable de sobre US$ 100 mil millones, poco menos de la mitad del PIB.

 

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