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Alanis Obomsawin: “En el cine damos la lucha indígena por la visibilidad”

La artista, que es considerada la directora de cine indígena más importante del mundo, visitó nuestro país y afirmó el trabajo de sus colegas le mostró algo que le parece crucial: en todas partes los pueblos están dando las mismas luchas y, por lo tanto, debe producirse un proceso de unidad.

Patricio López

  Lunes 19 de octubre 2015 11:15 hrs. 
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Alanis Onomsawin, cineasta de la Nación Abenaki, de Canadá, estuvo en nuestro país debido a la invitación especial del Foro de Primeras Naciones del Festival Internacional de Cine de Valdivia para rendirle un homenaje. También participó en un encuentro en el Museo Arqueológico de Santiago, ubicado al interior del Museo de Artes Visuales, instancias que además han permitido al público chileno ver una parte de su filmografía de más de 40 obras, siempre registrando la vida y las luchas de los pueblos aborígenes que habitan en el estado nación canadiense.

En todos los ámbitos se producen disputas al discurso hegemónico, pero en el del cine ¿Por qué es importante hacer cine desde la mirada indígena?

En el cine damos la lucha de los pueblos indígenas por la visibilidad, porque la religión y los gobiernos aniquilaron la cultura y las tradiciones en Canadá. Entonces, es muy importante para los pueblos originarios que se vea repuesta nuestra cultura, nuestras tradiciones y nuestra manera de vivir.

Hoy, y en comparación con otros lugares, en Canadá somos muy afortunados por tener instituciones que sirven a nuestros propósitos y nos facilitan los espacios que necesitamos. En el caso del cine, nosotros tenemos una institución, el National Film Board of Canadá que fue creada por John Grierson en 1939 (N de la R: Grierson fue uno de los más importantes e influyentes documentalistas de la historia del cine. La National Film Board of Canadá es una institución reconocida mundialmente por la producción de películas de alta calidad, muchas de los cuales han ganado importantes premios).

Él, en los años previos a la Guerra Mundial, logró convencer al Primer Ministro William Mackenzie, de que era necesario crear esta Unidad Fílmica con servicio público, la que en un principio (por la emergencia de la guerra) se organizó como un espacio para crear propaganda antifascista. Luego se transformó en lo que es ahora: una institución que promueve y ayuda a fomentar la identidad nacional.

Grierson era vanguardista y se oponía al concepto de Hollywood de que las personas que tenían que ver con el lujo y la lujuria fueran las que aparecieran en la pantalla grande, que no reflejaran la realidad. Su percepción era que todas las personas tenían derecho a verse en el cine, pero también de expresar sus deseos y su propia visión.

Era de la idea que la clase obrera, los pobres, tuviesen la misma oportunidad en el cine. Él inventó el concepto “documental”, que refiere a documentar un proceso social. Entonces, la visión y el concepto que nacen de este personaje fueron muy importantes para poder desarrollar un cine desde la mirada indígena.

Me toca estar en un lugar donde esta herramienta ha sido abierta. En Canadá tuvimos la oportunidad los pueblos originarios en sus distintas extensiones del territorio, pero también los inmigrantes, que tuvieran su espacio para verse y documentarse en su proceso.

En general, en todas partes se ven dos ideas políticamente in-habilitantes hacia los pueblos originarios. La primera es son cosa del pasado, pueblos que existieron antes y que no corresponden al presente histórico. La segunda es que los habitantes de los actuales Estado-nación sienten que no pertenecen a los pueblos originarios, aunque ésa sea la sangre que corre por sus venas ¿Cómo ve el combate de esas dos ideas que elabora el poder?

Esto no solo es en el cine: luchando, de generación en generación. No se para de luchar. Es un proceso que no termina y que yo, personalmente, he visto a lo largo de mi carrera que se ha traducido en diferentes logros de las luchas de nuestros pueblos. Un caso específico es lo que pasó el año pasado en Ottawa, la capital legislativa de Canadá, donde se promulgó una ley favorable al territorio Chilcotin que son de la Columbia Británica, de la costa oeste.  Ellos, después de 30 años, lograron que judicialmente se reconociera no solamente su territorio, sino que se les entregara una compensación económica.

En Canadá existen las provincias como acá en Chile las regiones. Entonces los diferentes pueblos han tenido que tratar con sus propios gobiernos provinciales y en cada lugar se dan procesos de negociación distintos. 1960 fue un año muy importante porque el Gobierno canadiense hizo un reconocimiento a las primeras naciones como ciudadanos. Hasta antes de eso, ni siquiera podían votar. Se les permite un diálogo oficial donde los pueblos pueden hacer consultas, expresar cuáles son los territorios que les pertenecen, tomando en consideración que previo a eso existió el proceso de las reducciones, donde a los pueblos originarios se les sacó de su territorio y se les asignó un espacio muy reducido para vivir.

Pero, como decía, cada territorio tiene su complejidad. Un ejemplo es lo que ocurre en Quebec donde no se ha tenido un tratado de tierras, pero existe la esperanza de que ahora se vaya a crear una nueva legislación donde se defina ese tratado y los territorios. En Quebec hoy existen 11 naciones de pueblos originarios que no tienen ningún tratado.

En la zona norte, en los lugares árticos, donde habita el pueblo Cree, recién en los años ‘70 se logra realizar con el Gobierno provincial de Quebec una especie de tratado que es valorado como un gran logro contemporáneo. Toda esta lógica, a nivel nacional, está basada en el Acta India, una especie de promulgación universal del tratado que tiene el Estado con los pueblos originarios, la que es muy vaga porque es muy general.

alanis obomsawin 2En general, en lo profundo ¿Por qué cree usted que los Estado-Nación reniegan de los pueblos originarios y de su identidad presente y del pasado?

Siempre ha existido esta especie de opresión planificada por parte de los Estados. En Estados Unidos fueron los ingleses y en Canadá los franceses quienes implementaron esta práctica.

Estando dentro del sistema, uno no se da cuenta de que esto fue diseñado muy bien. Solamente uno lo percibe tomando otra perspectiva, viendo cómo ocurre la injusticia, entonces sólo ahí uno empieza a ver que ellos han aniquilado nuestra cultura, nuestro lenguaje y nuestra educación. Y que por lo tanto nuestro lugar debe ser aquel donde se siga resistiendo.

En nuestras comunidades antes ha habido muchos suicidios, pero ahora hemos visto una diferencia, porque al fin nosotros sabemos que este diseño macabro debe cambiar, porque nos hemos educado para ver cómo podemos lograrlo.

Hemos visto la fuerza con que la juventud abraza esta nueva instancia de recuperación de la cultura, cómo rechazan los anzuelos alienantes del sistema. Todo esto, a pesar de que hace más de 150 años nuestra juventud y nuestros niños fueron desarraigados de sus comunidades y obligados a ir a escuelas residenciales. Es decir, se les cortó su cultura de raíz.  Pero ahora vemos mucha esperanza y mucha fuerza en un nuevo movimiento juvenil. Se está cumpliendo la profecía de la séptima generación que toma las banderas y que genera este espacio de reconciliación, de sanación y de recuperación de la propia identidad.

Respecto a su actual visita a Chile ¿Qué puntos de convergencia se le aparecen entre su obra y las de los artistas locales?

En lo humano, la sensación que me queda es la de haber estado en casa. Me han acogido cariñosamente, he dialogado con la gente de los territorios, con colegas.

Me he sentido muy honrada de que se destaque mi trabajo y que la gente pueda relacionarlo con el de los artistas locales. Ellos me han mostrado que son las mismas reivindicaciones que existen en Canadá, con procesos muy similares. Por eso, por compartir realidades similares, en ningún momento me he sentido ajena o como visita extranjera.

En lo institucional y cinematográfico, debo volver a aludir a lo importante que ha sido para nosotros el National Film Board, que Grierson no solo fundó en Canadá, sino también en Nueva Zelanda, Australia e India. Ese espacio de inclusión y expresión ha sido clave para que los pueblos originarios hayan tenido la capacidad de transmitir su mensaje y de verse a sí mismos. Esa posibilidad, aquí, es todavía una lucha pendiente que se debe dar.

Da la impresión que en todas partes hay una reivindicación de las identidades locales, que es como el tiro por la culata que se le salió al carácter hegemónico de la globalización ¿Qué oportunidad significa esto para los pueblos indígenas?

Éste es un proceso pedagógico, donde la educación es fundamental para desarrollar un proceso de confluencia que permita compartir el conocimiento y la experiencia. Se pueden conocer realidades de otros pueblos originarios y conocer que las causas y reivindicaciones propias son las mismas que las de ellos. Eso es muy importante, porque cuando uno sabe la realidad del otro, que está pasando por un proceso similar, se genera una fuerza mayor para la reivindicación.

En Canadá no todas las cosas han sido negativas durante los últimos 40 años. Antiguamente era muy raro ver a un profesional de las primeras naciones, un médico, abogado, cineasta o enfermero, y esto podría representar un fin de la marginación, pero también hemos visto cambios en la forma que se manifiesta la opresión.

En mi vida he sido testigo de todos estos procesos. Existe maldad en el mundo, pero siempre hay más personas bondadosas que malas. Desgraciadamente la maldad es evidente, se ve y se debe combatir, pero esa disposición a la lucha debe ser acompañada por la ternura y el amor, porque son esos mismos sentimientos los que alimentan los procesos que nos llevan a seguir trabajando y evolucionando como pueblos.

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