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Año XI, 22 de septiembre de 2019

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Eliodoro Matte y la desfachatez de la elite

Seamos honestos. Matte, al igual que decenas y acaso centenares de empresarios chilenos, han estrujado a su antojo a este país. Las palabras de buena crianza son sólo eso. Don Eliodoro sabe que nada le pasará, que nada cambiará.

Víctor Herrero

  Lunes 2 de noviembre 2015 8:03 hrs. 
Eliodoro Matte

Hay pocas cosas que demuestren con tanta claridad el bajo nivel intelectual y cultural de nuestra elite empresarial y social como la entrevista que dio Eliodoro Matte en El Mercurio.

Obligado a salir a la luz pública debido al escándalo de colusión protagonizado por La Papelera, la emblemática Compañía Manufacturera de Papeles y Cartones (CMPC) que estuvo en la vanguardia empresarial en la batalla contra el gobierno de Salvador Allende y que, según la Fiscalía Nacional Económica estafó a todos los chilenos durante más de una década, don Eliodoro salió al hablar acerca de su “dolor”. Sí, en la entrevista dominical al diario de Agustín Edwards, quien por cierto es accionista minoritario de la CMPC, el señor Matte ocupó la palabra “dolor” en numerosas ocasiones.

Es probable que hasta Paulo Coelho, el bestseller brasileño de la cultura de la liberación personal, se esté riendo de la filosofía pseudo cristiana de don Eliodoro. “En CMPC hay mucho dolor y quiero decirles a nuestros colaboradores que juntos vamos a salir adelante, y este duro momento debemos enfrentarlo de frente, con valentía y, por sobre todo, con mucha humildad”, afirmó en esa entrevista.

Tantas referencias al “dolor” que siente uno de los hombres más acaudalados e influyentes del país –basta con recordar que es el principal mecenas del Centro de Estudios Públicos (CEP) y que hace unos años pidió y obtuvo una cita personal con el fiscal nacional Sabás Chahuán para transmitirle a éste su preocupación por las investigaciones en torno al cura Fernando Karadima, admirado por don Eliodoro, pero condenado al fin por abuso sexual a menores- hacen sospechar que la influencia del catolicismo ultraconservador le ha nublado la mente a uno de los empresarios más ricos de este país. Después de todo, Eliodoro es cercano al movimiento Legionarios de Cristo.

Pero, la verdad es que probablemente el señor Matte está muy lúcido. Cuando se trata de la billetera, la religión importa poco.

La filial de papeles de CMPC pudo obtener, según consigna el propio El Mercurio, ganancias adicionales de unos US$ 400 millones durante la década en la que estafó a los chilenos en su cuarto de baño. ¿Qué opina don Eliodoro respecto a los consumidores estafados? “Le puedo adelantar que el impacto que esta conducta pueda haber tenido en los consumidores la vamos a ponderar con el sentido de justicia que corresponde y en el marco de la legalidad vigente. Hoy en la etapa del proceso en que nos encontramos, resulta prematuro abordarlo”. En otras palabras, el mandamás de La Papelera no quiere pagar por la estafa, a no ser que la justicia ordene lo contrario.

En Estados Unidos, un país admirado por nuestros capitalistas criollos, un Eliodoro Matte ya estaría fuera del directorio de la CMPC. La razón es sencilla. Como presidente del grupo empresarial le corresponde supervisar a los ejecutivos. Si durante estos 10 años los ejecutivos de una filial tramaron una elaborada conspiración para fijar los precios y las cuotas de mercado, ¿qué hacía el directorio?

Pero Chile no es Estados Unidos. “El hilo se cortó por lo más grueso” afirmó Matte al explicar la salida del ejecutivo a cargo del negocio “tissue” de la CMPC y del gerente general del grupo controlador, Arturo Mackenna. Sin embargo, ellos son el hilo más fino. Serán gerentes, habrán tenido sueldos y bonos millonarios, pero eran empleados del propio Matte.

Hay dos cosas muy graves que demuestra este caso. La primera es que Eliodoro Matte se presenta como una víctima más. Él fue engañado por sus subalternos, al igual que todos nosotros. Es decir, Matte es tan víctima como Rojas, González o Fuentes. “En lo personal, este caso es el dolor más grande que he tenido en mi vida empresarial”, afirmó Matte. “La he sentido como una traición a la inmensa confianza que depositamos en un grupo de ejecutivos de larga trayectoria”.

O sea, el pobre Matte fue “traicionado” por sus subalternos, como todos nosotros. El hecho de que él, como dueño principal y miembro destacado del directorio, no se diera cuenta de la colusión para robarles unos pesos a todos los chilenos, lo hace tan víctima como a todos nosotros. ¿En serio? ¿Quién se puede creer esa historia, sobre todo tomando en cuenta lo que ha sido el capitalismo contemporáneo en Chile?

Seamos honestos. Matte, al igual que decenas y acaso centenares de empresarios chilenos, han estrujado a su antojo a este país. Las palabras de buena crianza son sólo eso. Don Eliodoro sabe que nada le pasará, que nada cambiará. Como dijo a fines del siglo 19 el banquero Augusto Matte, un antepasado suyo. “Los dueños de Chile somos nosotros, los dueños del capital y del suelo; lo demás es masa influenciable y vendible, ella no pesa ni como opinión ni como prestigio”.