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Juan Manuel Karg: “El pueblo argentino estaba mejor antes de Macri”

El especialista internacional analiza la política exterior del nuevo gobierno argentino –“afín a Estados Unidos”- y las duras políticas de ajuste que ya generan resistencia ciudadana.

Patricio López

  Jueves 18 de agosto 2016 9:34 hrs. 
juan manuel karg


Los tratados de libre comercio no son un asunto de técnicos, como se nos ha pretendido hacer creer en Chile, el Estado-nación que más TLC ha firmado en el mundo, sino un asunto radicalmente geopolítico. En la actualidad, los dilemas que los países de la región enfrentan en acuerdos de distinto tipo –TPP, TISA, TLC Chile-Uruguay, Mercosur y Alianza del Pacífico, entre otros- parecen ser el vehículo a través del cual se están redefiniendo las políticas de alianzas y las hegemonías, luego del giro a la derecha en Paraguay, Brasil y Argentina.

Conversamos sobre estos movimientos, y también sobre la convulsionada actualidad argentina, con Juan Manuel Karg, politólogo de la Universidad de Buenos Aires y analista internacional.

¿Cuáles son los principales cambios en la política internacional de Mauricio Macri, en relación a los 12 años de Kirchnerismo, y qué efectos tienen en la región?

El primer viaje que hizo Mauricio Macri después de asumir la presidencia de la nación, fue al Foro Económico Mundial de Davos, a inicios de este año, en los Alpes suizos. Fue, también, un mensaje a los capitales internacionales de que en Argentina se había abierto al mundo. Yo tengo otra valoración de lo que es esa apertura al mundo, una inserción muy diferente a nivel global que lo que había intentado el Kirchnerismo, con algunos mensajes para tener en consideración, por ejemplo, con los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), un bloque emergente muy importante que inició en el 2009 que tuvo un auge fuerte, al menos hasta el año 2014.

En la actualidad, ese grupo ha mermado por diversas circunstancias geopolíticas, entre las que destacan la situación de conflictividad social, política y económica en Brasil, pero también otros sucesos como el desplome de los precios del petróleo. El Kirchnerismo se había alineado de forma muy nítida con ese eje, junto con algunos países de los llamados gobiernos post-neoliberales en América Latina y Caribe, que es esencialmente el bloque del ALBA: Ecuador, Bolivia, Venezuela, Cuba y aquellos que tenían alguna orientación, si se quiere, más neo-desarrollista. En resumen, la principal característica de la política exterior del Kirchnerismo fue un intento de vinculación sur-sur con los países emergentes y una menor dependencia, esto es muy nítido, con los Estados Unidos.

Recordemos que es el mismo gobierno que en el año 2005 le dijo que No y nada menos que como anfitrión, lo cual es complejo en la geopolítica, a la alianza de libre comercio ALCA que quería llevar adelante el gobierno de George W. Bush. Ahí hay un primer punto interesante para analizar del cambio: cómo los Estados Unidos pasan a tener una mayor injerencia en los asuntos internos de la Argentina.

Macri asume, se reúne en marzo con el presidente Obama acá en Buenos Aires y hace pocos días hace lo mismo con el secretario de Estado John Kerry, en clave libre comercio. ¿Qué quieren decirnos estas dos reuniones?

Hay un mensaje muy claro que quiere dar Macri a algunos países del bloque progresista latinoamericano, sobre todo a Venezuela. Su intención de aislar a ese país tiene que ver con un pedido, sin lugar a dudas, de los Estados Unidos, pero además con una lectura geopolítica. Él no es tonto y sabe que confrontando a Venezuela o intentando expulsarla del Mercosur, ese espacio va a quedar debilitado para los países que acaban de ingresar o que van a hacerlo, como Bolivia y Ecuador.

Él quiere también fraccionar a ese grupo de países y lograr una mayor sintonía con el Brasil de Temer, un gobierno ilegal e ilegitimo, vamos a decirlo con todas las letras, que no ha llegado por el voto de los brasileros, sino que por una compulsa palaciega. Macri busca lograr ese acuerdo en base a su afirmación de que el Mercosur tiene que flexibilizarse ¿Qué quiere decir esto? Que el Mercosur tiene una norma que impide que los países miembros firmen tratados de libre comercio con otros países o bloques de forma unilateral. Es decir, hoy si la Argentina quisiese hacer un acuerdo de libre comercio con los Estados Unidos o con alguno de los países de la Alianza del Pacifico, no lo puede hacer porque tendría que salirse del Mercosur o flexibilizar sus normas.

Este es un debate que se va a dar ahora, cuando hay negociaciones de Uruguay con Chile para ver cómo encaminar un tratado de libre comercio. Si Uruguay lo quisiese hacer, tendría que flexibilizar la normativa del Mercosur.

¿Esto quiere decir que el eventual ingreso de Argentina al TPP es al mismo tiempo una fractura respecto al Mercosur?

Sin duda. La pregunta es cuál es la vida futura del Mercosur en un escenario donde hay dos grandes espacios en América Latina, el de los gobiernos post-neoliberales y el de los gobiernos conservadores latinoamericanos, con Chile y Uruguay que podrían estar en el medio de ambos.

Los gobiernos más de izquierda todavía siguen en el poder, algunos de forma más holgada como Bolivia, con una aceptación popular muy grande, con un crecimiento del 4,5 por ciento a nivel del PBI anual, y otros más complicados, especialmente los petroleros, como Ecuador y Venezuela, que está en una situación muy difícil por el desabastecimiento de productos internos y por el bloqueo financiero, que como sucedió con Cuba en los años 90, busca el mismo propósito de intentar aislarla de las instancias multilaterales y del foro del concierto de las naciones.

Hay entonces un cambio, porque antes había una conducción muy nítida de los procesos de integración por parte de los gobiernos post-neoliberales, donde tuvieron mucho peso Luis Inácio Lula Da Silva, Nestor Kirchner y Hugo Chávez. Esa etapa parece haber llegado a un punto de quiebre y actualmente se da una especie de empate catastrófico entre las dos vertientes, donde la derecha, para mí, utiliza algo que no hizo la izquierda en su momento, que es tratar de aislar. Fueron los gobiernos de izquierda los que crearon la CELAC y, por ejemplo, dieron la presidencia pro témpore  a Sebastian Piñera, diciendo tenemos que involucrar a los actores conservadores en este proceso de integración.

Para legitimarlo…

Unidad en la diversidad, decía. Actualmente la derecha no busca eso, busca que si puede no estén los gobiernos de izquierda en estas instancias. Y, si están, que estén subsumidos.

En ese contexto, el anuncio de conversaciones para un TLC entre Chile y Uruguay, ¿qué representa? ¿Es un giro del gobierno de Tabaré Vázquez, un poquito menos explícito, en la misma línea de lo que está haciendo Macri en Argentina? ¿Cuáles son las consecuencias que podrían derivarse de esta decisión?

Uruguay tuvo un conflicto grande con la administración kirchnerista durante el primer gobierno de Tabaré Vázquez, por las pasteras de Fray Bentos. Él, en aquel momento, aún con un gabinete y en una coalición como el Frente Amplio, que se podrían catalogar como mayormente de izquierda, ya había intentado iniciar conversaciones con Estados Unidos para hacer un tratado de libre comercio.

En el último tiempo, después que José Mujica dejara la presidencia de Uruguay, también Tabaré había iniciado gestiones por el TISA, que es el tratado de servicios que negocia Estados Unidos a escala global y, en esa línea sin lugar a dudas, se están llevando negociaciones para ver si encamina un acuerdo de libre comercio con Chile.

Al respecto, primero tiene la imposibilidad de hacerlo mientras Uruguay permanezca en el Mercosur, quizás está leyendo que esa alianza ya está finiquitada, aunque creo que todavía no hay que ser categóricos con eso. Además, hay una situación de puja interna dentro del Frente Amplio, donde hay actores que le van a decir esto no lo vas a poder firmar. Vamos a ver cómo siguen las conversaciones, obviamente influye que negocie con un gobierno como el de Bachelet, porque podría ampararse en que lo hace con alguien más de centro para ganar alguna legitimidad en el Frente Amplio, pero hay actores como el sector del MPP, liderado por José Mujica, que siempre han estado en contra de estos tratados.

Todo esto ocurre cuando simultáneamente el debate sobre el TPP en las elecciones de los Estados Unidos ha aterrizado muy fuertemente, con Hillary Clinton y Donald Trump en contra ¿Ves que ese tratado esté en riesgo, o incluso muerto como afirman algunos?

Para Estados Unidos el TPP es una necesidad que trasciende a las administraciones. Ahora Donald Trump y Hillary Clinton se manifestaron en contra, pero si uno analiza el trasfondo de las declaraciones previas, tanto del Partido Republicano como del Partido Demócrata, entiende que coinciden en que el TPP sería una necesidad para el país. En eso hay que escuchar a Barack Obama, que para mí es incluso más progresista que Hillary Clinton, cuando dice éste es un acuerdo necesario para que China no dictamine las normas del comercio internacional. Es decir, lo que está diciendo Obama es que éste es un acuerdo que trasciende a mi administración.

Y que no es comercial…

Que es comercial, pero profundamente político, porque a veces los elementos más conservadores de nuestras sociedades pretenden camuflar estos temas como debates económicos, hablando de desideologización, de la necesidad de una apertura al mundo, cuando en realidad implican una posición de volver a un mundo dependiente donde Estados Unidos tiene la manija. En este escenario donde los BRICS están, si se quiere, más debilitados, la posibilidad de que América Latina se sume a estrategias ajenas como el TPP es algo probable y complicado para nuestros países. Volviendo a Estados Unidos, en el TPP mandan las corporaciones y no los estados, entonces le van a decir a Hillary Clinton o a Donald Trump muy lindo lo que dijiste en campaña, pero ahora tenemos que ganar nosotros, y en un punto va a haber una especie de sometimiento, donde prima el poder de la corporación antes que el del estado nación.

O sea, es más fácil traicionar una promesa de campaña que decirle que no a las corporaciones…

Si hubiese sido Bernie Sanders el elegido del Partido Demócrata, por ahí tenía más espalda, conociendo su distanciamiento con Wall Street y con las corporaciones, de decir no estoy de acuerdo con el TPP y no lo vamos a firmar. Con Trump y Clinton pienso que van a tener que seguir ciertos dictados del Departamento de Estado, porque lo que está en juego es la posición hegemónica de Estados Unidos en el comercio internacional.

La situación argentina

¿Cómo caracterizarías la disputa que se ha producido ahora respecto al “tarifazo”? ¿Es una movilización que podría cambiar el rumbo o el alcance transformador del gobierno de Macri?

Uno de los asesores de Mauricio Macri es Jaime Durán Barba, ecuatoriano, profesor de universidades en Estados Unidos y que había sido antes asesor de Jamil Mahuad. Entre las enseñanzas de aquella anterior experiencia, que fue fatídica para la derecha ecuatoriana porque hicieron políticas de shock pedidas por el FMI y como consecuencia de eso cayó el gobierno, es que las medidas de ajuste drástico son muy complicadas porque terminan con la valoración y aceptación popular.

Macri había hecho algo razonable: debido a que nadie tiene más capital que en el primer día de gobierno, aplicó las políticas más duras desde el principio.

Seguro, pero ahora ve la aceptación popular de Macri. Durante los primeros días era cercana a los 70 puntos, un porcentaje muy amplio que estaba compuesto por un sector que, no siendo de derecha, decidió esperar. Pero una vez que el Gobierno tomó medidas tan drásticas, ha quedado claro que Macri es muy dañino para la expectativa de que hubiera nuevas derechas latinoamericanas. Es, en realidad, una derecha muy clara y muy similar a las que gobiernan otros países del mundo, en el sentido de establecer políticas de ajuste, reducir impuestos a las grandes mineras o a los bancos y favorecer a un sector determinado y muy pequeño de la sociedad, el más acaudalado, en perjuicio de las grandes mayorías populares.

En definitiva, en estos ocho meses, el trasfondo del gobierno de Macri es ese: no ha tomado ninguna medida notoria para las mayorías y sí para un sector minoritario de la sociedad que es, precisamente, el que se había visto dañado por el gobierno anterior. Ése es un claro mensaje.

Especulando, ¿habrá un porcentaje de quienes votaron por Macri que estén arrepentidos de la decisión política que tomaron?

Yo creo que sí. Sin lugar a dudas hay un sector de la población que al menos esperaba otra orientación.

¿Qué esperaban? Porque, visto desde un país neoliberal como Chile, era obvio que iba a pasar esto.

Los pueblos tienen que hacer sus experiencias y se pueden equivocar una y otra vez. Tienen que aprender el trasfondo de algunos personajes que se presentan con el barniz de protección de los grandes medios y de algunas estructuras económicas que no los atacan, como sí lo hacen con otros personajes.

Posiblemente, una parte haya votado un cambio que pensaban era para mejor. Y eso hoy, cuando te llega un aumento de tarifas a tu casa en una boleta de luz o de gas del 400 por ciento, queda claramente desmentido. Muchos votantes del Macrismo ahora van a pensar en quién votar el año próximo, en las elecciones de medio término, y es probable que elijan otra cosa. Quizás no sea el Kirchnerismo, veremos qué sucede con ese sector y si Cristina (Fernández) Kirchner quisiera ir a disputar la provincia de Buenos Aires, como se especula.

Ella tiene en algunos sectores una imagen negativa alta, por la polarización mediática y también por una campaña de demonización gigante que hubo hacia su figura, pero tiene en la Provincia de Buenos Aires 30 puntos de piso de quienes dicen que la van a apoyar. Es muy similar a Lula en ese sentido, que tiene una imagen negativa alta comparándolo con otros políticos, pero tiene un piso electoral que no lo tiene nadie más.

Y hay una tercera posibilidad: una especie de peronismo más light, que es el de Sergio Massa, que en los primeros meses ha sido muy benévolo con el Macrismo, pero que también se guía mucho en base a encuestas. Es difícil que, en medio de la polarización mediática entre el Macrismo y el Kirchnerismo, se solidifique una posición intermedia, pero no hay que descartarlo.

Si el Kirchnerismo favoreció, como se dice, a las grandes mayorías ¿Por qué perdió las elecciones?

Hay varios puntos que lo explican. Primero, hay algo que es indudable a esta altura de los acontecimientos en América Latina y el Caribe, que es el problema de los liderazgos y sus sucesiones. Que la Presidenta Cristina Fernández no pudiera competir en las elecciones de 2015, le puso un techo a la oferta electoral del Frente Para la Victoria.

Porque ella ganaba, en tu impresión.

Ella se fue con una aceptación general de un 50 por ciento a su gestión. Posiblemente hubiera tenido mayores facilidades en el desempeño electoral que Daniel Scioli quien, pensando que ganaba, tuvo un inicio de campaña moderado hasta el balotaje, cuando recién se dio cuenta que había que polarizar más fuertemente. Así se ve en el vídeo del debate, donde él le dice todo lo que va a hacer a Macri si gana, y éste lo niega. La experiencia en América Latina muestra que frente a una derecha que pretende asomarse como nueva y tomar en campaña algunas banderas del progresismo, se debe polarizar y marcar los déficits de las experiencias de ese sector en el gobierno. Ésa fue la fórmula que le permitió a Evo Morales ganarle cómodamente a la derecha boliviana y al Frente Amplio uruguayo hacer lo propio en Uruguay.

Por otro lado, hubo una estrategia de marketing electoral del PRO, en conjunto con los grandes medios de comunicación. El Grupo Clarín hizo una campaña muy fuerte para que el Peronismo fuera dividido en la provincia de Buenos Aires, e incidió además en la elección con una campaña muy sucia contra los representantes del Frente para la Victoria. Esto fue el desequilibrio total, considerando la importancia en el padrón electoral que tiene la provincia de Buenos Aires.

Y la diferencia de votos tan estrecha que se produjo al final.

Esos 300 mil votos, que son prácticamente nada en términos electorales, le terminan posibilitando a Macri gobernar cuatro años y ahora ya vemos como, a veces, la derecha tiene más facilidades para desarmar lo que se tardó años en construir.

La Argentina se había desendeudado en los últimos años, ahora ha vuelto a tomar deuda; le había dado una disputa muy grande a los Fondos Buitre en foros internacionales e incluso en la Organización de Naciones Unidas, y ahora el Gobierno decidió pagarles al contado; se hicieron políticas sociales, y ahora podemos ver una pauperización social en las calles de Buenos Aires. Entonces la gran pregunta, en eso yo coincido con la ex Presidenta Cristina Fernández, es si el pueblo argentino mayoritariamente estaba mejor antes del 10 de diciembre o ahora. Y la respuesta es clara: estaba mejor antes de Macri.

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