Diario y Radio U Chile

Año X, 19 de agosto de 2018

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Torturada por liberados de Punta Peuco: Quienes desde Tribunales negaron auxilio a las víctimas, han vuelto

Nicza Báez Mondaca es una ex mirista sobreviviente a la detención perpetrada por tres de los siete liberados en el “supremazo”, su esposo Alonso Lazo Rojas, sigue desaparecido. La mujer considera que las medidas del Estado en materia de reparación y justicia, no fueron suficientes.

Maximiliano Alarcón

  Miércoles 8 de agosto 2018 11:31 hrs. 
Nicza Baez

Desde los últimos meses del reciente gobierno de Michelle Bachelet ya se respiraba un ambiente hostil para los Derechos Humanos en Chile. La poca diligencia para cerrar el penal Punta Peuco fue sólo un augurio del complejo clima que se instauró tras el “supremazo” que liberó a siete condenados por delitos de lesa humanidad que cumplían su pena en la mencionada cárcel.

La frustración para quienes llevan décadas buscando justicia es profunda, pero mantiene intacta la voluntad de seguir luchando. Un ejemplo es Nicza Báez Mondaca, quien desde Francia, país en el que reside actualmente, fue testigo a la distancia de cómo la Corte Suprema benefició con libertad condicional a tres de los agentes del Servicio de Inteligencia Militar (SIM) que además de torturarla, fueron responsables de la desaparición de su esposo.

En 1975 Nicza y su marido Alonso Lazo Rojas eran militantes del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), este fue el motivo para que el SIM los detuviera. Nicza sobrevivió a la detención y los vejámenes ocurridos en el regimiento Copiapó, pero su compañero hasta el día de hoy permanece desaparecido. En tanto, los militares culpables, Luis Felipe González Astorga, Hernán Ernesto Portillo Aranda y José del Carmen Quintanilla Fernández, hoy se encuentran en sus domicilios luego de haber cumplido pocos años de reclusión.

Tras el término de la dictadura hubo condenas y medidas del Estado para reparar lo ocurrido cuando los militares tenían el poder, sin embargo el supremazo reciente evidencia un cambio en la relación de Chile con los Derechos Humanos ¿Por qué cree usted que esto ocurre?

Esas pregunta deben contestarla aquellos que firmaron la sentencia que deja en libertad a los asesinos y torturadores. A mi, como doble víctima, pues lo ocurrido me abarca a mí y a mi esposo, solo me cabe suponer que esta es la nueva cara del terrorismo de Estado que repugna a la humanidad. Antes fue la ejecución y desaparición forzada de personas. Ahora, el Estado por medio de uno de sus poderes, consagra la impunidad de los victimarios. Eso también es terrorismo de Estado pues usando el poder que los ciudadanos consentimos en darle, termina protegiendo a los asesinos haciendo falsa la ilusión de justicia que en algún momento pudimos tener.

¿Notó usted durante los últimos años síntomas de que podía ocurrir este giro en los tribunales de Chile?

Durante todo el período que va desde la recuperación de la democracia hasta hoy se han evidenciado síntomas en esta dirección. Primero, la negación de lo ocurrido, luego una pretendida justificación, a continuación, la relativización de lo ocurrido. Luego, en los días que corren, la manipulación, la invocación a la misericordia y a la compasión para pasar por encima de la justicia.

Por otro lado, más de treinta años les tomó a los jueces, en la mayoría de las causas,  condenar  a los autores. Cualquier cosa se podía esperar, pero no de la extrema impostura como la que ha ocurrido.

¿Cree usted que las medidas tomadas por el Estado chileno desde 1990 en pro de la reparación y el resguardo de los Derechos Humanos fueron suficientes y bien enfocadas?

Que ocurran los últimos hechos demuestra que nunca es suficiente.

¿En qué se transforma una condena a un violador de Derechos Humanos cuando el mismo tribunal les otorga estos beneficios contrarios a los tratados internacionales?

En una falsa ilusión de justicia que encubre la componenda política entre el Estado y los asesinos destinado a que finalmente, nada les pase.

En Chile hay adultos que nacieron después del término de la dictadura, también es probable que para muchos que la vivieron estos casos estén olvidados o ignorados ¿Podría usted describirle a esas personas qué se siente el que liberen a sus torturadores y asesinos de su marido?

Es difícil sentir por otro, pero debo advertirles que Chile no tendrá nunca futuro y paz si pretende olvidar a los que fueron asesinados, ejecutados, desparecidos y torturados hasta morir, deliberada y fríamente por aquellos que hoy retornan a sus hogares como si nada hubiere pasado.

Usted, como muchos otros, ha dedicado su vida a buscar justicia ¿Qué opinión le merecen los tribunales chilenos actualmente? En especial la Corte Suprema.

Busqué y sigo buscando justicia pues respeto las instituciones republicanas, sin embargo otra cosa ocurre con los hombres que integran esas instituciones. Parece que aquellos que desde dentro de los Tribunales negaron auxilio a las víctimas y miraron para el lado frente al horror han vuelto.

Los escasos jueces íntegros y valientes que honraron su labor siempre fueron la excepción, por eso se les recuerda con respeto.

Ojalá los tribunales pudieran poblarse de esos jueces y no de aquellos que, aparte de ignorar las normas internacionales sobre Derechos Humanos, hacen piruetas retóricas para justificar lo injustificable.

Muchas instituciones están estudiando cómo enfrentar el escenario que se abre con el supremazo ¿Qué caminos tomará usted o cree necesario que tome el Estado?

Para conseguir ser escuchados, en su momento, hicimos de todo, estuvimos en las calles no solo de Chile, fuimos a los organismos internacionales, muchos se encadenaron a edificios del Estado, utilizamos toda forma de movilización conducente al castigo de los responsables. Nunca dejamos de hacerlo, pero ahora, además, le decimos a los actuales ministros de la Sala Penal de la Corte Suprema que cuando ellos sean sólo un mal recuerdo en la conciencia ética de Chile, nosotros seguiremos buscando a los que no están y persiguiendo a los criminales, porque no nos rendiremos.