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Año XI, 11 de diciembre de 2019

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Incertidumbre y resistencia, la lucha de los estudiantes de la U. Iberoamericana

A pesar de que el convenio de reubicación con la Universidad de Santiago ya está firmado, la toma del plantel se ha mantenido, pues los estudiantes quieren garantías de su cumplimiento. Conversamos con dos alumnas de la Universidad Iberoamericana, quienes dan cuenta del difícil proceso que han tenido que vivir frente a la duda de no saber cuál será el futuro de su casa de estudios y de sus sueños profesionales.

Andrea Bustos C.

  Sábado 29 de septiembre 2018 8:22 hrs. 
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Tras el convenio firmado con la Universidad de Santiago para su reubicación, los estudiantes de la Universidad Iberoamericana podrán retomar sus clases manteniendo sus planes de estudios, las mallas curriculares y el avance académico, incluso podrán contar con los mismos profesores que impartían cátedras antes de la crisis, si estos están disponibles.

Esto en el marco de la fuerte crisis económica que afecta al platel y que le impide continuar entregando servicios de educación superior. Sin embargo, tras este prometedor acuerdo existen más de mil estudiantes que durante los últimos meses se han mantenido en la incertidumbre frente a un cierre inminente que en varias ocasiones amenazaba con hacerlos perder la profesión que tanto anhelaban.

A través de una toma que ha durado más de 100 días, un grupo de 20 estudiantes ha levantado una fuerte movilización para exigir que el Ministerio de Educación se haga cargo de la situación que viven los alumnos, y así poder garantizar que el esfuerzo de sus últimos años no ha sido en vano.

La carrera en espera

Cuando Pamela era niña una enfermedad a la sangre la mantuvo hospitalizada varios días, y en ese período recuerda que los diferentes profesionales de la salud no eran muy preocupados. La atendían enfocados en el diagnóstico y no ponían atención a sus necesidades personales. Sin embargo, la nutricionista tuvo una actitud distinta y la atendió de una forma diferente, hecho que la marcó y determinó su gusto por esta profesión.

Sumado a su creciente gusto por los buenos hábitos y cuidados alimenticios, en cuarto medio ya tenía decidido qué quería estudiar, así que le dijo a sus papás que estaba decidida por Nutrición y Dietética, solo debía escoger qué universidad era la más adecuada.

Luego de investigar, se decidió por la Universidad Iberoamericana. Varios eran los factores que fueron claves para su elección: su hermana estudiaba ahí y había tenido una grata experiencia, era de los pocos planteles que permitía hacer prácticas desde el primer semestre, garantizando acercar a los estudiantes al campo laboral desde un inicio, y además costaba dos millones menos que otras universidades.

Una vez que comenzó la carrera, sus expectativas se fueron cumpliendo, pues efectivamente podía aplicar sus conocimientos, aunque solo fueran iniciales, desde el primer semestre y los aspectos académicos eran todo lo que esperaba.

“Siempre fui feliz, estudiaba lo que quería, tenía laboratorios geniales, sobre todo anatomía y microbiología. Desde un principio me gustó, los profesores tenían mucha paciencia, si te costaba te explicaban, eran cercanos, no tenías miedo a preguntar o a equivocarte. Además, el ambiente de la universidad era súper rico, era como una familia, porque con los profesores tenías confianza, y si necesitabas algo, por ejemplo, conversar con la jefa de carrera, ella siempre estaba disponible”, comentó Pamela.

Ahora la joven debería estar terminando sus internados para poder obtener su título como nutricionista, pero durante el año pasado poco a poco se fue enterando de los problemas financieros que enfrentaba el plantel. Los comentarios iban de boca en boca hasta que se desató la crisis. “Cuando supe del problema fue muy frustrante porque uno se saca la mugre estudiando, en ese momento pensé que todo el esfuerzo era por nada”.

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Además, comentó que la sensación era similar en todos sus compañeros, sobre todo en quienes tenían retrasos académicos por reprobar algún ramo y en quienes ya habían pasado por situaciones de este tipo. “Al principio estaba súper mal, mi hermana, mi familia y yo, mis compañeros estaban devastados porque nadie sabía nada. Fue muy fuerte saber todo, había compañeros que venían de la Universidad del Mar, entonces para muchos yo creo debió ser peor que para mí”.

Cuando se dio cuenta de la magnitud del problema pensó en cambiarse de universidad, pero los planteles que barajó para retomar su carrera le ofrecían ubicarla en segundo año, algo que significaba sacrificar gran parte de lo que ya había realizado. Por esto, decidió quedarse y esperar la solución que debía venir para la Universidad Iberoamericana.

Ahora con el convenio firmado con la Universidad de Santiago, Pamela aseguró han reaparecido las esperanzas de poder terminar su carrera. “Ojalá resulte la reubicación porque es tiempo esfuerzo y dinero que pones a disposición de una universidad y que te digan que se fue a la quiebra es muy frustrante, pero con la reubicación se ve un poquito de luz y ahora estoy con mucho más ánimo y con todas las ganas de hacer mi internado”.

Lucha y resistencia en la toma

Varias son las marchas y barricadas que se han levantado durante el último tiempo para visibilizar la crisis del plantel, pero sin duda, lo más significativo ha sido la toma que un grupo de 20 estudiantes han mantenido por más de 100 días.

Alumnos de diferentes edades y carreras han hecho de la sede ubicada en Padre Miguel de Olivares su casa. Hoy, a más de tres meses de iniciada la movilización prácticamente cada uno tiene su propia pieza, y han comenzado diferentes actividades para juntar fondos y poder mantenerse en las condiciones más dignas posibles dentro del edificio.

Emperatriz Pincheira es parte del grupo que no ha dado su brazo a torcer. Desde que se declaró la crisis de la Universidad Iberoamericana la estudiante de Medicina Veterinaria tuvo claro que la presión y la resistencia iban a ser claves para ser escuchados por las autoridades.

La estudiante escogió esta universidad por ser una de las mejores en la carrera que escogió, a lo que sumaban otros factores que hacían pensar que estudiar ahí sería el inicio de un futuro prometedor. “De las  mejores era una de las más baratas en veterinaria,  hacían practicar desde el primer año con los animales, no en tercero o cuarto año o al salir a trabajar. Los docentes eran muy cercanos a nosotros, nunca había que pedir hora para hablar con ellos. Así era, era más una familia que una universidad común”.

A pesar de esto, comentó que desde que entró a esta casa de estudios ya se escuchaban los rumores sobre problemas financieros, pero durante los primeros semestres la situación no parecía ser tan crítica como realmente lo era.

En 2016 la Comisión Nacional de Acreditación entregó a la Universidad Iberoamericana dos años de acreditación, hecho que hoy para los estudiantes es muy cuestionable, pues para obtener la certificación cada plantel se somete a una completa investigación de parte de la CNA, la que incluye revisar las áreas económicas, académicas, de infraestructura y equipamiento, pero entonces nada extraño se anticipó.

Los más de 110 días que los estudiantes se han mantenido en la toma les han significado un alto costo es diversas áreas de sus vidas. Comenzaron durmiendo en el suelo, les han cortado el agua y el gas, se bañan calentando agua y se han enfrentado a la violencia policial, la que incluso hace un par de semanas terminó con una estudiante herida por perdigones disparados por Carabineros.

 

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El grupo no solo tiene dudas sobre sus carreras universitarias, sino que también han enfrentado problemas familiares por hacerse parte de la movilización.

“Estamos viviendo acá hace 112 días y tenemos que buscar un lugar donde irnos, porque en ese proceso se han perdido relaciones familiares importantes y hay gente que ahora no tiene donde vivir, no puede volver, yo tengo la dicha de que mi mama me apoya al 100 por ciento, pero no todos son iguales”.

En lo personal, la joven cuenta con el apoyo de su madre, pero de todas formas la actividad constante en la movilización le ha pasado la cuenta. Tuvo que dejar de trabajar pues el estrés no le permitía hacer sus tareas laborales bien, y además el proceso se dio en un momento familiar muy difícil.

En 2017 su hermana falleció, por lo que este año debía ser un nuevo proceso familiar en que intentarían tener fuerzas, pero la crisis de la universidad impidió que Emperatriz y su madre renovaran sus ánimos.

A esto se suma que muchos compañeros no han estado de acuerdo con la movilización y han realizado actos violentos contra quienes, si participan, creyendo que los profesores no trabajan por la toma, pero en realidad no lo hacen porque el plantel ya no tiene como funcionar.

Por otra parte, la futura veterinaria señaló que, aunque se sienten contentos con la firma del convenio con la Universidad de Santiago, no entregarán el edificio hasta que vean que se entreguen los fondos para que retomen las clases lo antes posible.

El límite de entrega es en dos semanas más y el grupo ya se está preparando para eso. “No queremos entregarla por la fuerza, queremos entregarla bien, en perfectas condiciones, lista para que se pueda ocupar, pero necesitamos la seguridad de que al entregarla limpia, bien, el liquidador  no llegue y la remate”.

La planificación de los estudiantes es  regresar a clases a fin de este mes, en el mismo edificio que han ocupado los últimos años, con algunos profesores que se han mantenido con ellos en la movilización y confiados en que crisis de este tipo no se vuelvan a repetir en la educación chilena.