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Año XII, 26 de septiembre de 2020

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Voto electrónico: ¿Todos pierden?

A partir de lo sucedido este domingo en las elecciones directivas de la UDI, donde no se descarta el trabajo de hackers para inducir fallas al sistema, expertos en el tema analizaron la viabilidad del método y una eventual materialización en futuras elecciones populares.

Rodrigo Fuentes

  Lunes 3 de diciembre 2018 18:42 hrs. 
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La presidenta de la UDI, Jacqueline Van Ryselberghe, interpuso este lunes una denuncia después de los problemas constatados en el proceso de votación electrónica en la elección interna de la colectividad que, finalmente, fue suspendida este domingo.

La actual timonel del gremialismo solicitó a la Fiscalía Oriente investigar un posible hackeo al sistema computacional de la empresa EVotig, encargada de implementar la plataforma en módulos dispuestos a lo largo todo el país.

Jacqueline Van Ryselberghe no descartó también la responsabilidad de la compañía a cargo, anunciando, incluso, una posible demanda contra sus representantes.

“Nosotros necesitamos saber exactamente quién es el responsable de esto, y vamos a llegar hasta las últimas consecuencias. Lo que nosotros queremos es que un ente imparcial determine, que se sepa exactamente, que se investigue y que se establezca quiénes son los responsables, porque además esto se hace con dineros públicos”, afirmó.

En tanto, la empresa EVoting descartó este lunes haber sufrido un hackeo en sus sistemas. Así lo advirtió el gerente general de la firma, Tomás Barros.

En realidad -dijo-, apunta a una “falla técnica”, ante lo cual admitió la responsabilidad de la propia empresa que dirige.

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Sin embargo, las irregularidades en las elecciones UDI no fueron las primeras que afectaron a la compañía EVoting. En agosto de este año, durante las elecciones del Partido Ciudadanos, se cuestionaron cientos de votos emitidos desde una misma dirección electrónica. Antes, en 2016, durante la votación de la actual directiva ANEF, también se constataron errores en la validación de los sufragios.

Para el académico del Departamento de Ciencias de la Computación de la Universidad de Chile, Alejandro Hevia, existen ataques a los sistemas de votación donde ni siquiera las empresas a cargo pueden percatarse que fueron víctimas de un hackeo.

“El ataque consiste en entrar al sistema, entrar a la base de datos y cambiar el porcentaje de los votos de manera de alterar el resultado. Es difícil detectar esta modificación a través del conteo mismo, lo que ha ocurrido en ciertos países, donde se ha alterado el sistema y se ha sabido tiempo después por diferentes razones. Entonces estamos frente ante uno de los problemas más serios sobre el método de votación electrónica que utilice un sistema centralizado”, argumentó.

Una eventual ejecución de un sistema electrónico en elecciones populares ya había sido estudiada por el Servicio Electoral, sin embargo, después de analizar una serie de estudios al respecto, descartó de plano su aplicación.

Para el analista de la ONG Derechos Digitales, Pablo Viollier, implementar un sistema electrónico para, por ejemplo, elecciones presidenciales, es un grave error.

“No hay ningún ingeniero informático serio, profesional, que diga mi ‘sistema es invulnerable’, porque eso no existe. Y la experiencia internacional nos dice que, por ejemplo, en Estados Unidos, los sistemas de seguridad han sido particularmente débiles. Es un sistema que estuvo de moda hace algunos años, pero la mayoría de los países desarrollados ya vienen de vuelta. Japón, el mismo Estados Unidos, lo que están haciendo es volver al voto en papel, porque te permite una trazabilidad y un respaldo, en cambio, el voto electrónico no sabes incluso si te hackearon o fue falla ajena a terceros”, subrayó.

En conclusión, el voto electrónico no ofrece la fe pública que el viejo sistema nos entrega. Países democráticos como Alemania, Holanda o Inglaterra lo han desechado por los diversos problemas en materia de seguridad y transparencia que este presenta. En otros países ha sido foco de conflictos, como las elecciones en Venezuela, Estados Unidos o en la ciudad de Buenos Aires.