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Los desafíos que enfrenta Europa en 2019

El 2019 es un año crucial para la UE que, lejos de pasar por un momento de cooperación, está experimentando uno de sus episodios de conflicto más duros.

Oscar Ugarteche y Alfredo Ocampo

  Jueves 28 de febrero 2019 18:29 hrs. 
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La economía europea atraviesa uno de los momentos con mayores retos en los últimos tiempos. Los riesgos van desde el lento crecimiento económico, el Brexit, las crisis políticas y el surgimiento de gobiernos anti-europeos de la Unión Europea (UE) de derecha populista, como el italiano, el austriaco, el holandés, el sueco y el británico, hasta un posible contagio de desaceleración del PIB desde Alemania. Una serie de desacuerdos e incertidumbres con respecto a las políticas de Maastricht se agregan a los riesgos para la economía del viejo continente.

Las organizaciones internacionales han enfatizado la necesidad de generar un ámbito de certidumbre, impulsar el producto potencial y reforzar algunos aspectos fiscales que serán necesarios dada la desaceleración económica mundial liderada por Estados Unidos. En este sentido, 2019 es un año crucial para la UE que, lejos de pasar por un momento de cooperación, está experimentando uno de sus episodios de conflicto más duros.

En este contexto, el crecimiento del PIB de la UE ha disminuido del 2.4 por ciento en 2017 al 1.9 por ciento en 2018. Para el 2019, según las proyecciones económicas de la Comisión Europea (CE), el PIB disminuirá aún más a una tasa de crecimiento del 1.5 por ciento, con una leve recuperación en el 2020 que alcanzará el 1.7 por ciento. (Figura 1).

El crecimiento promedio del PIB de la UE antes de la crisis de 2008 fue del 2.5 por ciento y después de eso, se mantiene en el 1.5 por ciento, lo que ha tenido un impacto directo en la baja inflación, que sigue siendo inferior al objetivo del Banco Central Europeo (BCE). Esto ha significado una restricción para la recuperación de las tasas de interés por parte de la autoridad monetaria que la mantiene en cero por ciento desde el año 2016. Esto genera un flujo de capital de euros hacia dólares estadounidenses, con la consecuencia lógica en el tipo de cambio euro/dólares estadounidenses.

Respecto a la desaceleración del crecimiento del PIB europeo, destacan las economías alemana (la así llamada locomotora de Europa), italiana, francesa y británica. El crecimiento en Alemania para 2018 fue de 1.4 por ciento, por debajo del 2.2 por ciento en 2017 y 2016, principalmente debido a la producción industrial débil, a la implementación de nuevas regulaciones sobre emisiones de carbono de vehículos, así como al debilitamiento de las exportaciones, que representan alrededor del 40 por ciento del total de la UE.

Por otro lado, una demanda interna más lenta en Italia ha tenido un impacto en el crecimiento del PIB de esa nación. Para 2018, el crecimiento del PIB fue solo del 1 por ciento, el más bajo para el área, por debajo del 1.6 por ciento en 2017 y el 1.1 por ciento en 2016. Esto dio lugar a un gran conflicto con Bruselas, ya que el nuevo gobierno quería tener un déficit fiscal más grande del que Bruselas aprobaría, precisamente para reactivar la economía.

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Uno de los desafíos que enfrenta Italia es el problema de la deuda pública, que representó el 133 por ciento de su PIB para el tercer trimestre de 2018. Un aumento del uno por ciento en las tasas de interés tiene un impacto fiscal directo del 1.3 por ciento del PIB y, dadas las restricciones de Maastricht, puede forzar políticas de ajuste fiscal en el futuro no muy lejano.

En Francia, las protestas de los chalecos amarillos reflejan la falta de crecimiento del PIB a pesar de las medidas fiscales destinadas a impulsar la economía y, de alguna manera, contener el descontento de la población. Según la CE, la contribución de las exportaciones netas al crecimiento se desvanecerá a medida que las importaciones crezcan a un ritmo más rápido que las exportaciones, lo que ralentizará el crecimiento del PIB para 2019 al 1,3 por ciento.

Finalmente, Reino Unido (RU) podría ser uno de los más afectados del continente, ya que sus exportaciones a la UE representan casi el 50 por ciento de sus exportaciones totales. Cabe mencionar que el crecimiento del PIB cayó de 1.8 por ciento en 2016 y 2017 a 1.4 por ciento en 2018. La incertidumbre sobre si habrá o no un acuerdo para su salida de la Unión Europea (Brexit), existen aspectos legales, comerciales y financieros que podrían ser una carga para la economía británica.

En cuanto al Brexit, algunas empresas multinacionales han considerado la mudanza de la sede. Según Ernst and Young, EX Financial Services Brexit Tracker, “Desde la votación del Referéndum, el 34 por ciento (75/222) de las empresas rastreadas han dicho que están considerando o han confirmado que están trasladando algunas de sus operaciones y / o personal del Reino Unido a Europa. El 24 por ciento (53/222) de las compañías rastreadas han confirmado al menos un destino de reubicación en Europa, siendo Dublín y Frankfurt los principales candidatos, atrayendo a 21 y 12 firmas, respectivamente”.

La fecha del Brexit es el 29 de marzo, aunque la primera ministra británica dijo el 26 de febrero que la única manera de que el RU abandone la UE será si existe “un consenso explícito en la Cámara de los Comunes”, lo que abre la posibilidad de una extensión del proceso de salida tal vez hasta junio.

La posible crisis económica italiana, el malestar político en Francia y el Brexit conforman un panorama complejo para las autoridades de la UE. Si la desaceleración económica se profundiza, con los acuerdos fiscales y el estrecho margen de maniobra de la política monetaria, no quedan demasiados instrumentos de política económica para impulsar el crecimiento del área de la CE.

De acuerdo con el Business Confidence Index (BCI) y el Composite Leading Indicator (CLI), que proporciona la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), se prevé un escenario poco favorable en Europa.

A partir de diciembre de 2017, el BCI ha caído de 101.74 puntos, hasta 100.6 puntos en enero de 2019. Esto sugiere una pérdida de confianza en el desempeño comercial futuro. El CLI predice con un ciclo económico con tres a seis meses. Comenzó a caer en noviembre de 2017, de 100.93 puntos a 99.3 puntos en diciembre de 2018, el más bajo en 5 años. (gráfico 2).

Así, la economía europea muestra signos de desaceleración y los diversos instrumentos de la política económica no parecen tener ningún margen de maniobra desde la última crisis. Altos niveles de deuda impiden políticas anti cíclicas; y tasas de interés muy bajas evitan reducciones de la misma para impulsar la demanda. Esto bien podría significar una nueva recesión ad portas y la imposibilidad de las autoridades económicas en Bruselas de responder de manera contra cíclica, lo que empeora su panorama.