Diario y Radio U Chile

Año XI, 20 de junio de 2019

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Panorama electoral en Argentina: jugó la dama y desarmó el tablero

Cuando todo el país se disponía a pasar un fin de semana más, en el que el gobierno pretendía instalar de manera excluyente el juicio oral y público contra Cristina Fernández de Kirchner que sobre las obras de Vialidad en la provincia de Santa Cruz comenzará el marte 21 de mayo próximo, la ex Presidenta pateó el tablero con un explosivo anuncio y una vez más, como siempre, obtuvo la centralidad exclusiva en el mapa político nacional.

Rafael Araya desde Buenos Aires

  Lunes 20 de mayo 2019 18:35 hrs. 
cristina fernández

Fue una sorpresa absoluta para propios y ajenos. Nadie, pero absolutamente nadie en el mundo político ni en los medios hubiera podido anticipar la movida de la expresidenta, Cristina Fernández de Kirchner cuando el día sábado, a las 9 a.m. echo a correr por las redes sociales un video de 12 minutos y 51 segundos (1), en el que anunciaba su decisión de bajarse de la candidatura a la Presidencia de la Nación Argentina, para delegar ese lugar en Alberto Fernández, antiguo amigo, colaborador y hasta el viernes pasado cuasi generalísimo de campaña, y ocupar ella la postulación a la vicepresidencia, en un enroque cuya lectura aún mantiene ocupados a propios y ajenos.

¿Por qué son varias las lecturas que podemos hacer de esta movida del peronismo kirchnerista?

Por una parte, la expresidenta bien podría contar con una victoria clara en primera vuelta, de acuerdo a todas las estimaciones y encuestas, pero de resultado incierto en un eventual balotage, producto de un nivel relativamente alto de rechazo entre las capas medias y de la clase más pudientes de la sociedad argentina, merced a un continuo y permanente discurso de descalificaciones y limado permanente de su imagen por parte del gobierno de Macri, que –además- la había erigido como su contrincante personal de cara a las presidenciales del mes de octubre, pensando en que la polarización extrema haría inclinar la balanza a favor del presidente para obtener así un segundo mandato.

Todo esto, en momento en que dentro del propio oficialismo, que integran el PRO, la UCR (Unión Cívica Radical) y la Coalición Cívica, que encabeza la Diputada, Elisa Carrió, son cada vez más numerosas las voces que exigen un cambio de nombres en la fórmula gubernamental, ante la brutal caída de imagen positiva e intención de voto a favor de Mauricio Macri. El propio presidente de la UCR y gobernador de la provincia de Mendoza ha hecho un llamado al interior de Cambiemos, la coalición de Gobierno, para modificar la fórmula presidencial de tal modo, que sea la actual gobernadora de la provincia de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, quien encabece la fórmula presidencial de la coalición gobernante, pedido al que día a día se van sumando nuevas voces en circunstancias que desde el PRO, el partido de Macri, insisten en que quieren candidaturas “químicamente puras”, sin abrir el espacio a otras fuerzas políticas “contaminantes” que puntualmente podrían apoyarlos, como sería algún sector de la derecha peronista.

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Esto en cuanto al posicionamiento frente al gobierno. Pero también existe un direccionamiento hacia el interior del peronismo que hoy aparece dividido en tres claras vertientes: el kirchnerismo, que apoya incondicionalmente a la expresidenta, el massismo, que apoya al exjefe de gabinete de Cristina Fernández, Sergio Massa, y el llamado Peronismo Federal o Alternativo, que agrupa a un sector de gobernadores peronistas que no se han llevado bien con Cristina Fernández y –al igual que Massa- han posibilitado a través de sus grupos parlamentarios, la aprobación de severas leyes de ajuste económico que han repercutido directamente en el debilitamiento severo del poder adquisitivo de los trabajadores. Este tercer grupo, ve con buenos ojos la eventual candidatura del exministro de economía de Néstor Kirchner, Roberto Lavagna, como algo parecido a una especie de “Gran Esperanza Blanca” que transitaría el devenir político del país por una suerte de avenida del medio, que rechaza tanto la continuidad de Macri como la candidatura de la expresidenta Fernández de Kirchner. Al parecer, y según informaciones que se van filtrando, el más permeable de los sectores sería el de Sergio Massa, quien ha responsabilizado a la viuda de Kirchner por la instalación de una “grieta” en la sociedad argentina que él, en caso de ser electo presidente, podría subsanar ocupando un lugar en el centro.

No obstante, Massa, de muy buena relación con Alberto Fernández, ya ha dado las primeras señales de avenirse a algún tipo de acuerdo o, al menos, no se ha cerrado a la posibilidad de negociar sobre la base de ampliar una coalición que derrote a Macri de cara a las próximas elecciones. Cristina Fernández ha repetido hasta el cansancio que “una cosa es ganar las elecciones y otra es el día después”. Es decir, no alcanza con la victoria electoral si no se tienen las mayorías parlamentarias que apoyen la gestión de gobierno y si no se genera el suficiente consenso para pactar bajo la forma de un gran acuerdo social que permita mejorar salarios, suspender subas de tarifas, potenciar el mercado interno y mejorar el devenir de los jubilados, grandes víctimas del ajuste macrista como resultado de las políticas económicas. Además, el gobierno que emerja en octubre, deberá negociar con el FMI el pago de unos 40 mil millones de dólares anuales, recibidos en créditos y cuyo destino no ha sido precisamente la mejora en las condiciones de vida de la población, sino en una escandalosa fuga continua de dólares, como resultado de privilegiar las ventajas financieras y no derivar un solo dólar hacia el fortalecimiento del trabajo productivo, o a la industria o el apoyo a las pymes, grandes generadoras de empleo en el país.

Tampoco faltan las voces que desde el gobierno pregonan que con la instalación de la dupla Alberto Fernández – Cristina Fernández de Kirchner, se reeditaría la vieja fórmula “Cámpora al gobierno, Perón al poder”, que en el año 1973 permitió que el Dr. Héctor Cámpora ganara las elecciones, para luego renunciar y permitir el retorno al poder de Juan Domingo Perón. Pero los tiempos son muy distintos, y por esos años valga recordar que el peronismo estaba prohibido en el país por la dictadura y los militares no estaban dispuestos a abrir el juego político al exgeneral Perón.

Alberto Fernandez

Por lo demás, Alberto Fernández, fue jefe del gabinete de ministros durante el gobierno de Néstor Kirchner y acompañó en esa condición hasta los primeros meses del gobierno de Cristina Fernández, renunciando por desacuerdos con la expresidenta, diferencias que mantuvieron por años. Se le reconoce una condición de hábil negociador, generador de consensos y con un peso específico muy fuerte al interior de todo el arco peronista, característica que no estuvo ajena al momento de ungirlo como presidenciable. Es decir, para quienes piensan que Alberto Fernández será un títere en manos de la ex mandataria, se equivocan. Además, la inclusión de la propia Cristina en la fórmula presidencial, permite suponer que aun no siendo ella la presidenciable, será quien transferirá ese 30 o 35 por ciento de votación propia que la acompaña desde su primera elección. Es decir, ese es su piso y su techo. Y si a eso le agregamos el caudal que pudiera arrastrar llevando a Alberto Fernández como cabeza de fórmula presidencial, las posibilidades de romper ese techo se ven ampliamente favorecidas.

El paso de los días nos dirá cómo se irá reacomodando el tablero político argentino. Lo que quedó claro, es que Cristina, con su decisión y renunciamiento a ser presidenta, sembró un caos entre sus adversarios que aún no llega a dar señales claras de su re posicionamiento. Lo hemos visto a través de la frenética emisión de programas especiales en la TV, el desfile interminable de voceros, periodistas y analistas que durante todo el sábado y domingo se han dedicado a hacer conjeturas y todo tipo de especulaciones.

Lo que sí es claro es que Cristina Fernández de nuevo se colocó en el centro de la escena. Es decir, jugó la dama y desarmó el tablero.