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“Y la culpa no era mía…”: el cuerpo como discurso político y su réplica global

El reconocimiento transversal de su contenido y su interpelación al actual momento vivido en el país y también en el mundo, son algunas de las características relevadas por las académicas del Centro de Estudios de Género y Cultura en América Latina (Cegecal) de la Facultad de Filosofía y Humanidades, Soledad Falabella y Carolina González, sobre la propuesta artística de Lastesis, replicada tanto en Chile como en el resto del globo como un gesto de solidaridad feminista internacional.

Francisca Palma / Uchile.cl

  Sábado 7 de diciembre 2019 13:08 hrs. 





“Porque hace pleno sentido, reconocemos en su letra este momento tan potente y dramático que vivimos, pero también refiere a una densidad histórica con la cual nos conectamos pues vive en nuestros cuerpos (…) Porque es una invitación a participar con quienes no necesariamente conocemos, pero en quienes podemos confiar. Porque es un despliegue musical, creativo y político impredecible y al mismo tiempo de perfecta sincronización. Porque nos da un ritmo para coordinarnos”, responde la académica y directora del Cegecal Carolina González respecto a la pregunta de por qué fue tan replicada la propuesta artística “Un violador en tu camino” del colectivo Lastesis.

La performance, que hace alusión a la violencia contra las mujeres en diversas expresiones, incluyendo la violencia política sexual ejercida por agentes del Estado en el contexto de represión a las manifestaciones sociales, fue replicada en distintos puntos del país y del mundo; sumándose a otras expresiones como las levantadas por la propuesta Yeguada Latinoamericana y de otros colectivos.

Para la académica Soledad Falabella, las integrantes del colectivo Lastesis “llegaron a elementos fundamentales de la normatividad del patriarcado y pudieron desnudarlo, le sacaron la careta y dentro de eso eligieron la violación”, interpelando a actores del poder desde la ritualidad.

La creatividad y el cuerpo

Como advierte la profesora González, a pesar de este multitudinario hito, “históricamente en las manifestaciones, y en particular en las feministas, las acciones, intervenciones, performances han estado muy presentes”.

En este contexto en particular, marcado por la masividad de las protestas, así como por los altos niveles de represión en un contexto de violaciones a los Derechos Humanos, como continúa la académica, “el ‘despertar’ ha significado creatividad, suponer nuevas formas y materialidades, o desearlas (lo que ya es mucho), para manifestarse en la calle, en el espacio laboral, en el familiar, en espacios e instancias públicas para transformar esta realidad tan plana y cruel”.

Esto, advirtió la profesora González, “no puede ser sino con el cuerpo, un cuerpo que de exprimido por las lógicas neoliberales y patriarcales deviene en cuerpo encarnado, en experiencias lúcidas y creativas que no se olvidan, se impregnan en una”.

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Internacionalismo

Otra de las características de esta performance fue su despliegue y réplica internacional. Al respecto, la profesora González explicó que “el movimiento feminista siempre ha funcionado de forma internacional y transnacional. Y en eso caben diversas modalidades de vinculación y redes entre activistas”.

Además, esta breve performance incluye movimientos que, como indicó la profesora Soledad Falabella, “todas y todos podemos realizar, y que además podemos reconocer de manera universal. Tanto en Chile, como en Vietnam, todo ser humano transgeneracional puede participar de una forma y reconocer los movimientos”, como las sentadillas y su connotación represiva.

A esto se suman las redes sociales, “y la velocidad vertiginosa con que se difunden, ‘viralizan’ noticias, acciones, etc.”, todo esto, en el contexto de la conmemoración del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer el 25 de noviembre, hito que como valoró la experta “fue fundamental en ese sentido”.

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De la calle al discurso y la denuncia pública

La performance, como explica Carolina González, “al volverse acción colectiva en la recitación cantada y bailada, se transforma en ejercicio de memoria, de cuidado y de denuncia”.

Es por ello que diversas mujeres, al igual que en el marco de las demandas feministas y fenómenos como el #metoo, salieron a publicar sus experiencias de violencias. En este contexto de salir, se abre “un espacio y una instancia para que la palabra propia en estado de privación de quienes han sufrido violencia sexual, pueda volverse intimidad hablada: testimonio posible de ser escriturado y compartido públicamente para denunciar la impunidad dentro de, muchas veces, las mismas familias”.

Eso genera un espacio, añadió la experta, “donde se abre la escucha y en el que podemos dejar de sentirnos culpables, avergonzadas, asustadas, por cargar dolorosas historias de violencia sexual como si fuéramos las responsables”.

En ese sentido, la clave, opinó la profesora, “me parece que está en el coro: ‘Y la culpa no era mía, ni dónde estaba, ni cómo vestía’”, el cual “rompe el silencio impuesto por un pacto heteropatriarcal”. Esa ruptura evaluó la profesora, es radical, “sin vuelta atrás”.

*Artículo publicado originalmente en Uchile.cl. 

Fotos: Alejandra Fuenzalida.