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Voluspa Jarpa: contra la violencia y las fábulas nacionalistas

Por casi 15 años, la artista nacional se dedicó a desentrañar los archivos de la CIA. Luego, vino un trabajo en el que abordó, en plena Bienal de Venecia, conceptos como raza y mestizaje. Sin embargo, actualmente, sus esfuerzos son otros y están marcados por la violencia que el Estado ejerció en pleno estallido social.

Abril Becerra

  Viernes 12 de junio 2020 16:57 hrs. 
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“Esto ha sido un descanso reflexivo”. De esa manera, la artista nacional y docente Voluspa Jarpa define el confinamiento obligatorio que le ha tocado experimentar frente a la crisis sanitaria. 

Alejada de galerías y museos, la artista nacida en Rancagua y formada por exponentes como Gonzalo Díaz ha debido suspender cada uno de los proyectos contemplados para el extranjero: en esa agenda figuraba una estadía en Estados Unidos, Argentina y Portugal. A ello se sumaba una exposición que debía inaugurarse en mayo en el Museo Nacional de Bellas Artes y que fue reprogramada para octubre, adoptando las medidas de distanciamiento social.  

Todo esto ha significado una modificación radical de la energía. Siempre trabajaba bastante a contrarreloj, entonces, ha sido como una especie de descanso necesario. En ese sentido, por más que sé que este es un momento súper difícil para mucha gente, me vino bien el tiempo, la reflexión, la introspección. Veníamos de una crisis de seis meses, entonces, actuar como si no pasara nada, es un poco enfermo”, comenta al teléfono. 

“Uno está enterándose todo el tiempo de colegas que están en situaciones muy complejas, porque el artista es una especie de trabajador precarizado, entendiendo que la sociedad tiene muchos trabajadores precarizados. Han habido gestos de unirse, de dar ayuda, pero en este momento se hizo sentir toda la fragilidad del trabajo del artista. Eso es muy violento”, dice. 

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¿Cómo lees este momento que está muy cruzado por la muerte y el trauma?

Este es un momento histórico muy crítico. Pareciera que tiene la característica de que suceden múltiples cosas simultáneamente. Por lo tanto, uno consume mucha energía tratando de ver lo que pasa, que es lo que no pasa, qué es lo que se hace bien o mal, qué sientes con eso. Estaba muy afectada en términos personales e intelectuales por el estallido social. La violencia irracional me afectó más que este momento. Lo encontré súper traumático, no solamente para las personas afectadas, sino que para todos los que tuvimos que asistir a esa violencia condenable y deplorable. Esa no es la manera de construir un acuerdo social y si la sociedad dice que hay un sistema que debe ser revisado, la manera de contestar a eso no es violentando a la ciudadanía. Es muy peligroso aceptar y justificar esos niveles de violencia. Entre otras cosas, eso es lo que nos toca reflexionar como chilenos, pero también entiendo que estamos en un contexto mundial donde el Estado policíaco parece ser la solución de los sistemas republicanos que están en decadencia. Entonces, diría que este es un momento en que los artistas e intelectuales tenemos que procesar muchas cosas que pensamos que no íbamos a volver a vivir. 

¿Cómo este contexto traspasó tu obra? Esto, pensando en la intervención que recientemente presentaste en la exposición Al Aire Libre, en la que invocas la idea de la ceguera y la luz para iluminar el dolor. 

Siempre he trabajado con una cierta noción de duelo social colectivo. Sin embargo, había una cosa inminente en Al Aire Libre que tenía que ver con rememorar el olvido. Yo soy docente, porque tengo mucho respeto por las personas jóvenes. Ellos son el futuro de la sociedad, entonces, me pareció aberrante la manera en que el Estado trató a la juventud durante el último tiempo. Me pareció aberrante la cantidad de personas heridas dejadas por el Estado en estos cinco meses. Me produjo mucha tristeza la gente que quedó ciega, porque la ceguera me parece un castigo cruel. Me parecía que era muy importante rechazar la violencia del Estado. No hay ninguna ambigüedad posible al respecto.

¿Cómo crees que el arte debe reaccionar ante este momento?

Ojalá el arte sea una expresión de diversidad, de una libertad muy amplia y de muchas concepciones, porque de alguna manera enriquece la vida democrática. En ningún caso me parece que haya que imponer. Personalmente, el arte es una elaboración y una búsqueda del otro, una elaboración de lo colectivo. Ese es el lugar desde el que yo lo siento, la razón que me interesa. No creo que sea algo dogmático y que a todo el mundo tenga que interesarle lo mismo, pero en términos autorales, me interesa esa noción de lo colectivo. 

Podríamos pensar en un rol mucho más espiritual, si se quiere ante la crisis…

Insisto. Ojalá los artistas propongan distintas definiciones de arte. Personalmente, es importante que, ante este despiadado, donde hay mucha gente muriendo, mucha gente sola, el arte pueda dar cobijo, una sensación de unión. Sin duda tiene una dimensión metafísica, ya que el espacio físico y los cuerpos no pueden reunirse. 

Por casi 15 años trabajaste en los archivos desclasificados de la CIA. ¿Qué cambio visite, como artista, a lo largo de ese recorrido? 

Son muchas las transformaciones. Por un lado, me dio un lugar desde el cual entender las cosas. Me dio una dimensión geopolítica de la realidad del mundo. Me hizo entender que vivimos en culturas subalternas y que muchas de nuestras precariedades tienen que ver con esa subalternidad. Al mismo tiempo, en términos personales y  al revés de lo que uno podría pensar respecto de que fue una situación traumatizante, medio un punto de vista. Ahora, creo que estoy más preparada para entender la realidad. Me es más difícil sorprenderme. 

De cierta manera, fue como situarse desde el espacio de lo perverso…

Es el mundo del poder asimétrico, lo que da a entender nociones de poder que son importantes para conocer las coordenadas en las que se mueve la sociedad. En vez de enseñar utopías y fábulas nacionalistas, sería muy valioso que enseñaran la realidad, las coordenadas de las condiciones históricas que hemos vivido. Eso te puede preparar mejor para enfrentar la realidad. 

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¿Cómo esa investigación influyó en la exposición Miradas Alteradas que presentaste en 2019 en Bienal de Arte de Venecia?

Fue una respuesta a la lectura de los archivos. Cuando decidí terminar, porque podría haber seguido 15 años más, porque los archivos son infinitos, surgió la pregunta sobre cómo se construyó esta mirada subalterna que afectó a América Latina durante la Guerra Fría. Entonces, Miradas Alteradas es la revisión de esa construcción de hegemonía. Las categorías de género, raza y clase son eurocéntricas y, contradictoriamente, las hemos acuñado. Pero hoy, esas subalternidades del clasismo, el racismo y el machismo entran en crisis. Entonces, Miradas Alteradas lo que hace es ver de dónde vienen esas construcciones hegemónicas, entendiendo que son construcciones culturales y, por lo tanto, son acuerdos que así como se hacen, se pueden deshacer.

Este año Miradas Alteradas se presentaría en el Bellas Artes, pero esto fue reprogramado por la pandemia. ¿Cómo iba a presentarse en este contexto? 

Miradas Alteradas estaba hecho para el público europeo de la Bienal de Venecia. Sin embargo, ahora va a ser estrenada en Chile, entonces va a ir a ese otro público que está dentro de otro código de subalternidad. Ese ejercicio fue súper interesante y, por suerte, se fue prolongando, porque me permitió hacer la reflexión de cómo adaptarlo al público chileno. Estamos en ese proceso de conversión.

¿Qué temas implica esa reconversión? 

Es la didáctica de la museografía, entendiendo que en Venecia estaba construido para confrontar a un público europeo con su propia historia psíquica de hegemonía. Eso no tiene sentido de la misma manera en Chile. La experiencia es otra. Estamos haciendo todo lo posible para presentarla a fines de septiembre. La idea fue correrlo lo más que el museo podía, pensando que de aquí a septiembre la situación de cuarentena iba a estar, de alguna manera, normalizada. Lo estamos trabajando con el pie forzado del distanciamiento social, tomando las precauciones que tienen que ver con ese condicionamiento del cuerpo en el espacio y también  tomando las precauciones de hacer algo virtual por si no se puede realizar todo el tiempo físicamente. 

¿Cómo vislumbras la reapertura de los espacios culturales? 

No lo sé. Estoy tan dentro de la pandemia, que me cuesta mucho pensar qué va a pasar en unos meses más. A veces pienso que vamos a volver todos como de manera automática o nos vamos a lanzar a algo completamente distinto. Es interesante el momento, porque el futuro es algo que uno no puede imaginar.