Diario y Radio Universidad Chile

Año XIV, 25 de junio de 2022

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Guarimbas en Canadá

Columna de opinión por Antonio García, Pierre LeBlanc, María Páez de Victor, Nino Pagliccia, Jorge Sorger
Jueves 24 de febrero 2022 13:02 hrs.



Las manifestaciones que desde finales de enero han tomado Ottawa la capital de Canadá y uno de los puentes más importante para el comercio de este país con EEUU, así como el bloqueo del tránsito y comercio en otras ciudades y pasos fronterizos del país, socavan su fibra económica desde el Atlántico hasta el Pacífico, constituyendo un intento de golpe de estado bajo falsos pretextos para instalar una oligarquía meta-estatal fundamentalista, extremista y racista de derecha que genera graves ramificaciones geopolíticas.

Estas manifestaciones puedes ser catalogadas como “guarimbas”, con muchos elemento similares a los que padeció Venezuela en 2014 y 2017: presencia de paramilitares, dinero y dirección extranjera, intención de derrocar al gobierno legítimo, y pretender que hablan por la mayoría. No obstante, existe una diferencia importante entre las “guarimbas” que sufrió Venezuela y las que han ocurrido en Canadá.  En el primer país, hubo manifestantes de oposición que realizaron acciones  inusitadas de cruel violencia que le costaron a vida a casi doscientas personas, muchos heridos y gran destrucción de propiedad pública y privada. Los manifestantes canadienses no han cometido actos de esa índole, aun cuando se les ha incautado armas que no llegaron a ser utilizadas.

Estas han sido sus principales características:

– La mayoría de los manifestantes no son verdaderos camioneros, ni representan a la clase obrera.  No han expresado ninguna demanda de reivindicación laboral. El sindicato de camioneros “Canadian Trucking Alliance”, que agrupa las federaciones y asociaciones de camioneras en Canadá, se ha desentendido por completo de ellos y ha declarado tajantemente que los “guarimberos” no pertenecen a su gremio, resaltando que la mayoría de los enormes camiones que bloquean avenidas y puentes son alquilados. Muchos de estos manifestantes conducen vehículos de media tonelada, tractores agrícolas y maquinarias de construcción que son utilizados como armas ofensivas diseñadas para infundir miedo e inducir la sumisión. Se ha descubierto en el centro de Canadá, en la frontera de la provincia de Alberta con EEUU, a un grupo de estos paramilitares posmodernos que escondían armas en este tipo de vehículos y las autoridades temen que en Ottawa también tengan un alijo de armas.

– Es una manifestación en su mayoría de gente blanca. Existe una clara presencia de elementos xenofóbicos, racistas y anti-socialistas. Ninguna organización de obreros, indígenas, afro descendiente, estudiantes, mujeres ni ambientalistas los apoya. Enarbolan banderas, pancartas y consignas de EEUU, de la Confederación esclavista del Sur e incluso nazi.

– Reciben apoyo y organización de los grupos más reaccionarios de la extrema derecha: evangelicos que rechazan la ciencia y la salud pública, líderes políticos de movimientos supremacistas y de derecha como: Tamara Lich, Benjamin Dicheter, James Bauder, y Patrick King que representan grupos islamofóbicos, anti-semitas y anti-inmigrantes.  Los líderes de las manifestaciones son todos antiguos miembros de las fuerzas armadas de Canadá ahora actuando como paramilitares: Daniel Bulford, Tom Qwuiggin, Tom Marazzo quienes enseñaron tácticas militares de alto nivel, precisión y eficacia a las manifestantes.

– Los manifestantes han recibido ayuda de asesores estadounidenses que deambulan libremente en la ciudad dirigiendo las acciones. Los teléfonos de los servicios de emergencia fueron abrumados por llamadas falsas provenientes de los EEUU. Políticos de ese país como Donald Trump, el senador Ted Cruz y la representante republicana por el Estado de Georgia, Marjorie Taylor Green, entre otros, los han apoyado públicamente. Grandes multimillonarios han contribuido a las manifestaciones, entre ellos Elon Musk. Más de la mitad de los patrocinadores financieros conocidos proceden de EEUU, particularmente del círculo de Trump.

– Difunden información falsa sobre las vacunas: como por ejemplo que son una estafa, , que tienen el propósito de despoblar al planeta, que su objetivo es “acabar con la raza blanca” o que buscan inyectarle un microchip a los ciudadanos para que Bill Gates pueda dominar al mundo. Estos mal llamados manifestantes tienen percepciones mesiánicas como salvadores del pueblo y de sus multimillonarios jefes intelectuales.

– Manifiestan un odio visceral al gobierno expresado en obscenidades; incluso se han orinado y defecado en el monumento sagrado de Canadá donde yace la tumba del “Soldado Desconocido” frente al Parlamento y que para el pueblo canadiense, equivale a un sacrilegio. No solo se oponen a este gobierno, sino a la propia autoridad gubernamental. Su ideología reinante es netamente libertaria, de extremo neoliberalismo oponiéndose al estado de bienestar; vociferan con gritos que demandan: ¡libertad!, es decir, una libertad singularmente que para ellos es individual así como el egoísta “yo”, obviando el bien común.

– Aunque son minoría, la protesta se alimenta en buena parte del descontento social con el gobierno de Trudeau, – a quien tildan de comunista- la inflación, el costo de la vivienda, y el manejo de la propia pandemia. Sin embargo, el 60% de los canadienses consideran que estas protestas han sido ofensivas y no apropiadas; más del 90% de la población está vacunada; más del 80% de los camioneros verdaderos están de acuerdo con la exigencia de ser vacunados.

– Pretenden derrocar al gobierno legítimo. Es un ataque a la democracia. Esto no se había visto jamás en Canadá.

Quebec, Toronto, Edmonton, Vancouver, Halifax y otras, aprendieron las lecciones claves de los fracasos de Ottawa y bloquearon el acceso de los guarimberos al centro de sus ciudades. Los perversos organizadores tenían un plan en mano y voluntarios preparados para bloquear casi todos los centros de las ciudades y los puentes y pasos fronterizos hacia EEUU.

Desafortunadamente, las autoridades canadienses, el Primer Ministro y su gabinete, el Partido Conservador, el Primer Ministro (conservador) de Ontario, y el Alcalde y jefe de la policía de Ottawa, les han fallado a sus ciudadanos. Lo que ha habido es:

1)  Desorden administrativo: Gran falta de preparación de las autoridades federales, provinciales y municipales que se disputaron jurisdicciones y responsabilidades. Esto ha indignado en particular a los ciudadanos de Ottawa cuyas vidas fueron puestas en riesgo.

2)  Desigualdad: Las fuerzas policíacas trataron con “guante de seda” a estos “guarimberos” blancos que violaron impunemente un sinnúmero de leyes y regulaciones. Ni siquiera tenían el permiso requerido para toda manifestación legal.  En manifestaciones mucho más pequeñas y de mucho menos impacto, las policías han actuado con violencia y rapidez en contra de indígenas y sectores progresistas. El Partido Conservador, que se vanagloria de ser el partido de “la ley y el orden” ha apoyado a esta manifestación ilegal. Si los liberales han quedado mal políticamente, los conservadores han quedado peor.

3)  Infiltración: Es preocupante que cada vez haya más pruebas que demuestran que oficiales de la policía y miembros y ex-miembros de las fuerzas especiales del ejército canadiense han estado trabajando directamente, en ocasiones dirigiendo este asalto a la nación. Uno de sus principales portavoces es un ex-miembro de la Real Policía Montada de Canadá. Tienen experiencia en el sabotaje de democracias en otros países y en las llamadas revoluciones de colores. Al menos seis militares activos se han pronunciado públicamente a favor de estas protestas. Dos miembros del equipo de asalto de la unidad anti-terrorista de élite del ejército canadiense están siendo investigados por presuntamente participar en la protesta de Ottawa, y se dice que estarían vinculados a la llamada “supremacía blanca” dentro del ejército canadiense.

¿Cuál es el verdadero propósito de estas manifestaciones? ¿Las vacunas? ¿Las restricciones de salud pública que ya estaban por ser relajadas? ¿Y por qué tanta intervención de estadounidenses? Porque todo esto ha sido un ensayo  para la preparación de grupos de extrema derecha que van a organizarse para derrocar al gobierno de EEUU cuando Donald Trump pierda las próximas elecciones.

Trump no tiene posibilidades de ganar porque ha perdido los votos del “centro” político. Es decir, aunque su núcleo leal es fuerte, obtuvo la presidencia porque muchos ciudadanos que ocupan el centro del espectro político de ese país votaron por él.  Trump sabe que perderá si las elecciones son limpias. Sabe también que el asalto al Capitolio no fue bien organizado. La extrema derecha que lo sigue en su país se ha lanzado a atacar a Ottawa para ensayar acciones que podrían usarse en el futuro, utilizando para ello a la más reducida extrema derecha canadiense.

Ya grupos de extrema derecha en el mundo están imitando el modelo canadiense. Estamos ante una agresión mundial fascista y no hay que menospreciarla. Hay que estar preparados para que no nos tome desprevenidos.

El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor y no refleja necesariamente la posición de Diario y Radio Universidad de Chile.