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Año XIV, 30 de junio de 2022

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¿Cómo enfrentar la epidemia del consumo del tabaco?

La doctora Verónica Iglesias, académica de la Escuela de Salud Pública de la UChile, afirma que “aunque como país tenemos espacio para avanzar, estamos en deuda con directrices que han demostrado su eficacia en la reducción del consumo”.

Diario UChile

  Sábado 4 de junio 2022 13:08 hrs. 
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Esta semana las nuevas autoridades de salud han concretado la conformación de un Consejo Asesor para el Control del Tabaco, un anhelo largamente esperado por la comunidad académica, sociedades científicas y organizaciones de la sociedad civil entre otros. Las autoridades de salud han decidido combatir esta epidemia frontalmente. Para ello cuentan con una serie de directrices como el Convenio Marco para el Control del Tabaco que Chile firmó el año 2003 y ratificó el 2005 y que ha permitido a través de su implementación disminuir las cifras de consumo y exposición pasiva al humo de tabaco ambiental. Si bien en la última Encuesta Nacional de Salud 2016-2017 se reportó una menor prevalencia con respecto a las Encuestas anteriores, aún es insuficiente considerando que el tabaquismo es el principal factor de riesgo prevenible,  se encuentra entre las causas de muerte prematuras más importantes y no existe para él ningún nivel seguro de exposición.

En este sentido, es importante destacar que el consumo de tabaco y la exposición al humo de tabaco ambiental, continúan siendo un problema de salud pública a nivel mundial. A los ya reconocidos efectos sobre la salud, la calidad de vida, y sobre el costo económico derivado de la atención para el tratamiento de enfermedades asociadas, se suma el daño que esta epidemia genera al medio ambiente.

Por esto, no sólo preocupa los más de 8 millones de muertes anuales asociadas al consumo de tabaco a nivel mundial (superior a la mortalidad generada por el COVID-19 en estos 2 años y medio de pandemia), sino que además el medio ambiente también se ve afectado como consecuencia del ciclo del tabaco y los procesos asociados al cultivo, producción, distribución, consumo, y basura relacionada con el desecho de las colillas.

Entonces, cabe preguntarse ¿qué efectos negativos sobre el medio ambiente podría producir el consumo de cigarrillos? podríamos mencionar varios.

En primer lugar los efectos relacionados con el proceso de cultivo debido al uso de pesticidas, fertilizantes y otros compuestos que contaminan y generan la pérdida de biodiversidad en las tierras dedicadas a este monocultivo. Además, para el proceso de producción, millones de árboles son utilizados para obtener el papel que envuelve cada cigarrillo y que también es utilizado para sus envases. En la distribución de cigarrillos, el combustible fósil ocupado para transportar y repartir este producto altamente adictivo, contribuye con la contaminación del aire a nivel global.

Finalmente, la basura, producto de las colillas lanzadas al suelo mantiene los espacios públicos llenos de estos derivados tóxicos del consumo. Así es, el tabaco contiene más de 4.500 sustancias tóxicas (plomo, arsénico, alquitrán, nicotina, tolueno, acetaldehído, monóxido de carbono, etc), en al menos 40 de ellas se ha reconocido el efecto cancerígeno y estas sustancias son liberadas al ambiente cada vez que se enciende o se bota al suelo un cigarrillo.

El humo que se genera desde la punta del cigarrillo entre aspiración y aspiración es producto de un proceso de combustión incompleto. Este humo tóxico, llamado corriente lateral corresponde al 85% del humo del cigarrillo, y es el humo al cual están expuestos los fumadores pasivos.

Al aspirar el cigarrillo, parte importante de las sustancias tóxicas que componen el tabaco quedan concentradas en el filtro, y, dado que dos tercios de las colillas son tiradas al suelo, cuando se presiona estas colillas con el zapato, se liberan sustancias las que mezcladas con la tierra, el aire o el agua contaminan los ecosistemas y las especies que ahí se desarrollan. Si el cigarrillo es lanzado al suelo cuando aún está encendido, se contamina el aire y en época de verano esta acción pone en riesgo de incendio bosques y parques.

Y ahora ¿cómo enfrentamos esta epidemia?

En primer lugar señalar que el consumo de tabaco genera dependencia y como tal, es difícil dejar una vez que se ha iniciado el consumo. Por esta razón todos los esfuerzos tendientes a prevenir que niñas, niños y adolescentes se inicien tempranamente en el consumo debieran ser fortalecidos. Esto es un problema de toda la sociedad y requiere del trabajo intersectorial con el fin de avanzar en los objetivos sanitarios propuestos en este eje para el año 2030.

Como país tenemos espacio para avanzar, estamos en deuda con directrices que han demostrado su eficacia en la reducción del consumo. Tratamiento para fumadores que desean dejar el cigarrillo, ley de etiquetado, prohibición de aditivos y de la exhibición de productos de tabaco en los puntos de venta, mayor aumento de impuestos, firma de protocolo de comercio ilícito, ley de lobby para la industria tabacalera. La mayoría de estas medidas se enfocan en evitar que nuevas generaciones se inicien en el consumo.

Además es fundamental que la educación sobre los graves daños que genera el consumo de tabaco y la exposición al humo de tabaco ambiental en la salud de las personas y en el bienestar global de la sociedad sean permanentes y a distintos niveles. Mantener a la población informada ha sido utilizado en otros países como una de las estrategias  para disminuir la iniciación a esta adicción. Sabemos que los resultados de estas campañas pueden no ser inmediatos, y que la percepción de riesgo es baja sobre todo en jóvenes, pero es necesario comunicar que la intoxicación es lenta y que inevitablemente los componentes tóxicos del cigarrillo quedarán atrapados en los órganos provocando mayor riesgo para alguna de las más de 50 enfermedades con las cuales se ha reportado asociación.

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