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Semana del desarme: Analistas advierten sobre armas de uso civil en América Latina

La eliminación de armas de destrucción masiva y el control sobre su comercio internacional ha recobrado vigencia durante este año. El inicio de la Semana del Desarme, conmemorada entre el 22 y el 28 de octubre, hace que expertos reflexionen en torno a la realidad latinoamericana.

Paula Campos

  Martes 22 de octubre 2013 18:48 hrs. 
armas ilegales

La compra y tenencia de armas preocupa a expertos y organizaciones de todo el mundo. Por un lado aparecen los conflictos bélicos que se desatan en diversas zonas del planeta, donde la potencia de arsenal propone escenarios diferentes para cada lugar; por otro lado el porte de armas pequeñas en civiles y la gran cantidad de crímenes que ocurren tanto producto de su ilegalidad, como por el mal uso que se les da.

Este año, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) aprobó un inédito Tratado  Internacional sobre el Comercio de Armas, que tiene por objeto impedir que países donde se violan los derechos humanos puedan acceder a la compra de armamento. Situación que se refuerza con la semana mundial del desarme, iniciada este 22 de octubre y cuyo objetivo es potenciar la eliminación de la tenencia de arsenal bélico por parte de los países y sus ciudadanos.

La fuerza que ha tomado el temas al interior de la ONU hace reflexionar a expertos sobre la real repercusión del mercado en el continente: su compra para fines de defensa nacional y el uso particular de armas pequeñas, son dos de los temas que se analizan en la región.

Para el experto en defensa, Eduardo Santos, en América Latina “no se gastan grandes sumas en defensa”.

“Podría decir muy firmemente que América Latina es una de las zonas más pacíficas del mundo (en cuanto a conflictos bélicos), en el que tenemos un menor gasto de defensa y tenemos prácticamente erradicada a la guerra como método de solución de controversia, pero para eso, y de otra manera, nosotros tenemos que mantener algún dispositivo militar, con otras proyecciones a futuro. El sistema militar que conocimos para una gran guerra nacional, ya no es viable ni necesarios, pero la seguridad, la tranquilidad y la paz de los países son bastante distintas. Por ejemplo hoy día estamos en Haití, lo que significa un costo de 12 millones de dólares en platas frescas, lo que significa una imagen país, un poder nacional, lo que se llama “soft power” un poder de las ideas, de estar en el Consejo de Seguridad (de la ONU), que da seguridad”, aseguró

En esa misma línea, el analista internacional, Raúl Sohr, argumentó que al no ser significativos los dineros invertidos, ni con su congelamiento se podrían solucionar los problemas sociales del continente.

“Si uno procediera a congelar los presupuestos de defensa, no conseguiría resolver los problema sociales que son de una magnitud infinitamente mayor. No diría que es un peso insoportable la defensa para el desarrollo y las medidas sociales, lo que sí, creo que se podría reorientar mucho mejor el rol de las Fuerzas Armadas en términos del desarrollo de los países y quitar una serie de misiones que han sido tomadas por ellas, que estarían mucho mejor servidas por organizaciones del Estado de carácter civil”, diferenciándose de quienes plantean como positivas este tipo de intervenciones militares.

Donde sí hizo hincapié Sohr es en el uso que se les da a las armas, siendo estas principalmente utilizadas para controlar problemas al interior de los países, ya que desde la década del ’30 no se aplican salidas bélicas a los conflictos regionales.

Dos problemas evidencia la experta en seguridad Lucía Dammert: por un lado el gasto fiscal en materias de defensa, y por otro el porte ciudadano de armas, donde a su juicio se debería aplicar el desarme con mayor fuerza.

“En América Latina hoy, el principal tema de desarme, es el desarme de las armas pequeñas y livianas. Cuando se mira que estamos en el segundo continente más peligroso del mundo, que de los veinte países con más tasas de homicidio, diez están en América Latina, en países donde un porcentaje altísimo de los homicidios, ocurren con armas, hablar de desarme es un avance significativo, que tal vez en Chile no se nota, porque el porte de armas no es tan generalizado (como en otros países del continente)”, manifestó.

Pese a que las autoridades locales han reconocido que con armamentos no se solucionan conflictos, su industria y el  lobby  que ejercen, dificulta poner en ejecución políticas para su eliminación, enfatizó la socióloga.