Pekín es uno de los actores más relevantes y menos visibles de la crisis en Medio Oriente. Pero si la guerra escala y se cierran rutas como Ormuz y Bab el-Mandeb, al gigante asiático podría no quedarle palancas para evitar una crisis global.
La guerra entre Estados Unidos e Irán escala en el estrecho y amenaza con extenderse a Bab el-Mandeb, abriendo un escenario de mayor presión sobre el petróleo, el comercio marítimo, la inflación y la estabilidad económica global.
Donald Trump aseguró que dispone de hasta un millar de proyectiles preparados para responder a Irán si la República Islámica concreta sus amenazas y atenta contra la vida del mandatario estadounidense.
EE.UU. busca imponer condiciones por la fuerza, pero enfrenta un dilema: evitar el control iraní sobre el estrecho de Ormuz sin que eso derive en una escalada difícil de contener, sin abrir otra guerra larga y sin desestabilizar el petróleo mundial.
La cumbre de la organización transatlántica en Ankara abre una nueva etapa de la alianza. Trump empuja a Europa a gastar, producir y asumir más defensa, mientras Estados Unidos redefine su liderazgo global avanzando a nuevos frentes.
El barril de petróleo West Texas Intermediate (WTI), de referencia para EEUU, subía un 6,5%, hasta 75,05 dólares, también en máximos desde el pasado 22 de junio, tras haber llegado a estar a punto de bajar de 67 dólares hace menos de una semana.
Rusia intensifica ataques masivos mientras Ucrania golpea su economía energética. El conflicto se redefine más allá del frente, con desgaste asimétrico, presión interna en ambos países y un equilibrio cada vez más frágil que amenaza con romperse.
Más que un torneo, este evento deportivo refleja un mundo entre guerras, restricciones y disputas políticas. El fútbol deja de ser neutral y se convierte en escenario donde se cruzan poder, intereses y contradicciones globales. Todo, en un EE.UU. que busca reafirmar su liderazgo global.
Aunque el alto el fuego reduce tensiones, los efectos estructurales del conflicto ya impactan la economía global y el sistema alimentario. En Chile, a pesar de la baja en la bencina, aún se proyectan desafíos importantes para la estabilidad económica.
Las partes avanzan hacia un posible acuerdo en medio de amenazas y giros inesperados. Aunque se habla de un acuerdo inminente, persisten versiones cruzadas y la incertidumbre sigue marcando el rumbo del conflicto.
Las hostilidades entre ambos entran en una fase directa, con misiles, tensiones con EE.UU. y la amenaza hutí sobre rutas clave como el estrecho de Bab el-Mandeb. El conflicto ya impacta lo militar, lo político y el equilibrio económico global.
El conflicto bélico entra en una fase de máxima intensidad con ataques masivos y una escalada tecnológica que desborda defensas. Al mismo tiempo, países europeos aceleran su rearme y tensionan su modelo de bienestar.
Israel intensificó ataques en Líbano e Irán congeló negociaciones a modo de respuesta. Mientras Trump intenta contener el conflicto, una llamada con Netanyahu reveló una fractura clave entre los aliados en una fase crítica de las negociaciones.
El impacto de un Geran-2 en Galați dejó dos heridos y expuso la fragilidad de la contención del conflicto. La presión sobre la OTAN y la amenaza a la estabilidad europea pasan a ser el nuevo escenario.
Rusia eleva la presión sobre Kiev con el uso del misil Oreshnik y prepara una posible nueva ofensiva con apoyo de Bielorrusia, en un escenario que reabre el riesgo de escalada militar en toda Europa.
A casi tres meses de conflicto, EE.UU. e Irán se acercan a un acuerdo, pero persisten tensiones por el programa nuclear y el control del Estrecho de Ormuz. La paz parece posible, aunque una nueva escalada sigue latente.
La visita de Trump a China refleja un mundo en transición: EE.UU. y China combinan rivalidad e interdependencia, mientras el nuevo orden internacional se configura en un lógica más incierta, fragmentada y definido por la relación de las potencias