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Dilma Rousseff sería blanco de críticas aglutinadas por el caso Petrobras

La jornada de protestas en contra del gobierno de la líder del PT, que recién lleva dos meses y medio en su nuevo periodo en la presidencia, respondería a un malestar generalizado de la población, que se vio acelerado por la corrupción en Petrobras. Sin embargo, no se puede dejar de tener en cuenta que en la oposición hay grupos poderosos de la banca, los medios de comunicación y de la derecha política derrotada en las elecciones de octubre pasado.

Cristián Zúñiga

  Lunes 16 de marzo 2015 20:21 hrs. 





Este domingo cerca de dos millones de personas salieron a las calles en 65 ciudades de Brasil, para manifestar su descontento con el gobierno de la Presidenta Dilma Rousseff, quien venció en las urnas hace cuatro meses y medio por un estrecho margen de 3 por ciento sobre el socialdemócrata Aécio Neves.

Los opositores a la mandataria reclaman por los escándalos de corrupción en los que están envueltos personeros de todo el espectro político y un grupo de empresarios, que afectan a la empresa estatal Petrobras por ocho mil millones de dólares, según la investigación de la fiscalía.

Algunos manifestantes vestidos de verde y amarillo gritaban consignas como “¡Fuera Dilma!”, mientras otros portaban pancartas con mensajes alusivos a la presidenta y a su antecesor, Lula da Silva, acusándolos de corruptos.

Los indicadores económicos tampoco acompañan la gestión del Gobierno, con la devaluación de casi el 30 por ciento del real frente al dólar en un año, una inflación que a 12 meses en febrero llegó a 7,7 por ciento, además de los desequilibrios fiscales.

Pese a que los manifestantes comparten el rechazo al gobierno y exigen el fin de la corrupción, se ven diferencias entre ellos. Por ejemplo, algunos reclaman una “intervención militar” que saque a los políticos del poder, otros piden promover la salida de la mandataria y otros rechazan la idea de destituir a una presidenta que asumió el 1 de enero.

El analista internacional Pablo Jofré afirmó que parte importante de las personas que están en la calle corresponde a población que ha logrado un ascenso social con avances en el plano económico y educacional, que tiene mejores expectativas de vida gracias a los veinte años de gobiernos del Partido de los Trabajadores (PT), lo cual según Jofré se explicaría por elementos de comunicación, políticos e ideológicos, en donde el PT no ha dado la batalla.

Sin embargo, el experto indicó que existe un sector opositor fuerte a Dilma Rousseff y al Partido de los Trabajadores, ligado a los grupos fácticos de la sociedad brasileña.

“Se trata de grupos vinculados a la banca, al mundo financiero, a los medios de comunicación, a los partidos de derecha y a quienes perdieron la posibilidad de ganarle a Dilma en la última elección. Ese grupo está en la calle en virtud de los propios errores del Gobierno, que tienen que ver con la corrupción, la debilidad política, la debilidad ideológica, la debilidad con la batalla comunicacional que no se ha dado”.

Pablo Jofré enfatizó que los gobiernos petistas no han logrado revertir el modelo económico, pero sí le han dado un cariz social aunque sin profundizar en los cambios, con logros tales como disminución de los niveles de pobreza, con un aumento del PIB y situar al país dentro de las seis economías más poderosas del mundo.

Para la directora del Magíster en Políticas Sociales de la Universidad Arcis, Francisca Quiroga, si bien el Partido de los Trabajadores salió exitoso en las elecciones, ganando con Dilma Rousseff, perdió mucha representación en el Congreso, donde aparecen nuevos actores jóvenes del mundo evangélico que se organizan con mucha fuerza, ex militares con un discurso que incluso apela a reivindicar regímenes militares.

La académica indicó que el segundo gobierno de la presidenta tiene dificultades por el debate sobre el modelo de desarrollo y el hecho de que muchas reformas han quedado pendientes.

“Podemos ver que el segundo gobierno de Dilma Rousseff es complejo por el debate sobre el modelo de desarrollo, el enfoque de políticas sociales y una serie de temas, además, de la variable de corrupción que ha dramatizado mucho más el escenario político. Esto de manifestarse contra Dilma, también es contra los partidos políticos. Existen intereses del mundo empresarial y de otros actores de desestabilización siempre”, indicó.

La profesora indicó que el tema de fondo es el descrédito de las élites gobernantes, señalando que la corrupción en Petrobras llega muy profundamente en la sociedad, porque la empresa es una especie de símbolo nacional, que la ubica en un sitial muy relevante para la política y la ciudadanía en ese país.

La docente del Instituto de Estudios Internacionales, Paz Milet, señaló que la situación por la que atraviesa Brasil también responde a un desgaste de la coalición de gobierno encabezada por el PT, además del cuestionamiento político y las dificultades económicas, señalando que las quejas civiles comenzaron desde antes del Mundial, lo cual explica que Rousseff venciera tan estrechamente en las elecciones, porque el caso Petrobras ya estaba estallando y ahora esta situación se ha consolidado.

La académica de la Universidad de Chile consideró que las marchas callejeras ocurridas en diferentes ciudades de Brasil representan un malestar generalizado de la población, especialmente en rechazo a la red de corrupción que afecta a la gigante petrolera.

“Creo que estas manifestaciones del domingo son expresiones de un descontento de la población brasileña, no solo ante la figura de Dilma Rousseff y el partido de gobierno, sino de un descontento más generalizado frente a lo ocurrido con el caso de corrupción en Petrobras, que muestra involucramiento de los distintos partidos políticos en esta investigación que se hace por corrupción y manejo de dinero”, indicó.

Luego de la jornada de manifestaciones, el gobierno de la Presidenta Dilma Rousseff prometió para los próximos días acciones contra la corrupción.

Hace una semana, la fiscalía general de Brasil pidió al Tribunal Supremo abrir una investigación a 54 políticos entre ellos el presidente de la Cámara de Diputados y del Senado sospechosos de estar implicados en la trama.