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Año XII, 23 de septiembre de 2020

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El 1 de Mayo y las demandas de los “pobres con trabajo”

Pese a que las autoridades han destacado las cifras de “pleno empleo”, dirigentes sindicales denunciaron la precaria realidad de los puestos laborales en Chile. Por lo mismo, este año las demandas del Día del Trabajador apuntaron a cambios en el modelo, teniendo como ejes una reforma tributaria, fin al actual sistema de pensiones y un nuevo Código Laboral. Requerimientos que están apoyados por otros movimientos sociales que reconocen que un respaldo transversal es lo único que puede desencadenar verdaderas reformas.

Loreto Soto

  Miércoles 1 de mayo 2013 15:59 hrs. 
marchacut





Este 1° de Mayo se realizó una de las marchas más masivas convocadas por la Central Unitaria de Trabajadores (CUT) en los últimos años para conmemorar el Día del Trabajador.  La contingencia política – marcada por la contienda electoral  – y una mayor articulación de los movimientos sociales dieron forma a esta movilización que, más allá de demandas gremiales, apuntó hacia cambios de fondo en las relaciones laborales del país.

El diagnóstico es claro. Durante su alocución en el acto principal, la presidenta de la CUT, Bárbara Figueroa, manifestó que “la verdad del trabajo en Chile es que mientras más empleos se crean, éstos son cada vez más precarios, sin protección, sin estabilidad y con salarios cada vez menores”.

En ese sentido, la dirigente fustigó los datos entregados por el Gobierno en relación al pleno empleo y aseguró que es “inmoral vender esa imagen”. Esto porque, según precisó,  “en dos de cada tres hogares en Chile hay pobres con trabajo y el 81 por ciento de ese trabajo es asalariado sin protección. No basta tener empleo para salir de la pobreza. Ese es el gran drama de nuestra nación, que pese a tener trabajo no dejamos de ser pobres”.

Una precariedad que ha quedado de manifiesto también en informes internacionales. A principios de abril un estudio de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), reveló que un 40 por ciento de los trabajadores chilenos no recibe ningún beneficio para alimentarse y que un 22 por ciento ni siquiera dispone de un lugar donde comer en sus puestos laborales.

Por lo mismo, en entrevista con Radio Universidad de Chile el presidente de la Agrupación Nacional de Empleados Fiscales (ANEF), Raúl de la Puente, advirtió que “hoy la relación trabajo-capital es asimétrica y está descompensada. Este es precisamente el origen la desigualdad que existe en el país. Por eso, es necesario que equilibremos esta relación y que los trabajadores tengamos garantías para conversar de igual a igual con los dueños del capital”.

Un nuevo Código Laboral que consagre el derecho a la sindicalización y la negociación colectiva, una “gran” reforma tributaria que garantice el acceso a la salud y la educación y cambios profundos al sistema previsional, fueron las banderas que alzaron los trabajadores. Demandas que, al igual que las planteadas por los estudiantes, dirigen sus dardos al corazón de un modelo que en los últimos 40 años sólo ha logrado profundizar las brechas sociales y no ha sido capaz de garantizar una vida digna a millones de familias, según los datos entregados por la misma CUT.

Respecto de las jubilaciones, Bárbara Figueroa planteó un “sistema de pensiones de carácter público compartido entre trabajador y empleador”, desmarcándose de la posibilidad de una AFP estatal que funcione dentro del mismo sistema. Por otro lado, indicó que se mantendrán firme en la búsqueda de un salario mínimo de 250 mil pesos, que ha sido planteado como un ingreso “ético”, no por sectores ligados al ámbito laboral sino que por la misma Iglesia Católica.

Dentro de los pendientes, también se nombraron la ausencia de capacitación laboral, la mantención del Multirut, la desigualdad en los salarios entre hombres y mujeres y los nulos avances en materia de sindicalización.

“Hoy es el momento de los trabajadores”, aseguró Bárbara Figueroa. Sin embargo, la posibilidad de posicionar estas demandas en el centro de la discusión nacional, no obedecerá sólo a la acción sindical – que ni siquiera agrupa a la mayoría de la fuerza laboral – sino que a lo que se logre hacer en coordinación con los demás movimientos sociales.

Un panorama que es claro para Pablo Toro, vocero de la Asamblea Coordinadora de Estudiantes Secundarios (ACES), quien manifestó que “la unión es imperativa. En 2011 vimos una inédita movilización estudiantil y aún no se consiguen cambios estructurales. Acá las falencias en educación son la punta del iceberg de un problema social mucho más grande y, por eso, creemos que tiene que haber solidaridad en todos los espacios”.

Esto también se ha visto en la transversalidad del apoyo a las movilizaciones de las distintas industrias como sucedió con el paro portuario o los trabajadores del cobre. Es decir, cuando algunos están en huelga, otros salen a respaldarla en el reconocimiento de que la mala calidad de los puestos de trabajo es un problema que cruza a la mayor parte de la población.

Bárbara Figueroa graficó previamente las demandas sobre cambios estructurales en la solicitud de un “nuevo trato” con los trabajadores, que implique la garantía de una vida digna para todos los empleados y sus familias, donde exista cumplimiento efectivo a los derechos sociales básicos como salud, educación y previsión.