Diario y Radio Universidad Chile

Año XIV, 17 de agosto de 2022

Escritorio

Manuel del Pino, Premio Nacional de Ciencias Exactas: “La matemática es mi vida”

De la ciencia y su trabajo, de la contingencia y la educación. El Premio Nacional de Ciencias Exactas 2013, Doctor Manuel del Pino no rehúye a las preguntas, ni teme opinar de la contingencia y de su gran amor: las matemáticas.

Paula Campos

  Martes 1 de octubre 2013 19:42 hrs. 
manuel del pino

Compartir en

Al actual premio nacional de Ciencias Exactas, no le gusta decir que es matemático. “Alguna gente siempre pone caras feas cuando digo que soy, porque recuerdan que eran malos para las matemáticas en el colegio” comenta entre risas Manuel del Pino.

No estuvo presente para recibir su galardón, un viaje fuera de Chile lo mantuvo al margen de una noticia, que sólo conoció por mensaje de texto, pese a no estar físicamente en el lugar, del Pino dice que fue “uno de los momentos más felices de su vida”

Una oficina sencilla, con dos grandes pizarras completadas con ecuaciones y fórmulas difíciles de entender para quien no ha pasado unos ramos de cálculo, el académico del Departamento de Ingeniería Matemática de la Universidad de Chile (DIM) nos invita a una divertida conversación, donde el científico aplicado se transforma en un risueño anfitrión, y si bien confiesa que no está acostumbrado a “dar entrevistas” las palabras fluyen entre lo abstracto y terrenal, en la contingencia y la investigación, siempre ligado a su gran pasión “la matemática”.

Inocente, con una mirada que recuerda a un niño cuando habla de lo sorprendido y feliz que es con un nuevo descubrimiento y más allá de que uno logre o no entender a cabalidad de la importancia de su labor, lo cierto es que la pasión y la energía traspasan su piel, definitivamente creer que la matemática es lo más importante del mundo, no es difícil de ocurrir escuchándolo hablar: sus ojos, sus gestos, las palabras usadas para describir cada escenario y la risa que acompaña las muchas anécdotas que nos compartió, acercan una desconocida disciplina a terrenos emocionales, tanto como el fútbol, dice Del Pino, quien la confiesa como su única gran pasión “más terrenal”

Describir su trabajo es complejo, destacar sus logros suele ser injusto, si sólo se disponen unas líneas para contar que este chileno, ha sido un aporte mundial a la ciencia: rankeado entre los matemáticos más citados del mundo, sus investigaciones dan cuenta –por ejemplo- de lograr demostrar (en conjunto a su equipo) que la famosa conjetura de De Giorgi, era falsa desde un punto en adelante, esto en el campo de las ecuaciones diferenciales parciales no lineales, su especialidad.

¿Cómo llega a las matemáticas?

La curiosidad, mi padre que era profesor de matemática y el colegio me llevaron a despertar mis ganas. Creo que siempre fui científico, desde chico me gustaba mirar al cielo, pero no con el fin de saber del origen de las estrellas, lo miraba en su hermosura, hasta me lo aprendí de memoria: sabía perfectamente donde estaba cada estrella y en qué época del año se dejaba ver.

Mi hermano es matemático, estadístico de la Universidad Católica, siempre hubo matemática en casa, pero mi gran influencia fue un profesor, del Instituto Nacional, él despertó mis ganas (…) siempre es necesario contar con alguien que te traiga a esto y te enamore.

¿Qué pasa con ese gusto hoy? ¿Los niños, los jóvenes cómo se enamoran de esta ciencia?

No voy a hablar mal de los profesores, mi padre lo era, mi hermana lo es. Simplemente pienso que es necesario tener motivadores, y muchas veces se da en los colegios que ni los profes entienden o les gusta la matemática, entonces, ¿cómo vas a enseñar algo que no te gusta?

Es necesario hacer más ciencia de base, tal vez nosotros como científicos aplicados deberíamos dar más a conocer nuestro trabajo, motivar más, porque cuando uno le explica al otro de qué se trata la matemática, la gente descubre belleza en estos números.

La matemática usa y necesita de la analogía como la poesía, tiene una estudiada relación con la música, la cual yo no entiendo mucho, y en su abstracción hay mucho de arte. Es necesario aprender a distinguir, a los matemáticos de los ingenieros, por ejemplo, ellos son “cuadrados” nosotros no (jajaja).

En el discurso de recepción del premio de ciencias, el Decano de la facultad, Francisco Brieva señaló que la matemática era para usted un “modo de vida”, ¿cómo la matemática se convierte en la forma de vivir?

(De nervios, ríe) es que Francisco me quiere mucho. Pasa que la matemática me apasiona, es mi vida. Este trabajo me hace muy feliz, entonces no sé vivir de otra forma, lo personal y el trabajo se funden en uno para mí.

Además mi esposa es matemática, la conocí en Italia y se vino a Chile conmigo, mi vida es esto, pero de la disciplina, para contestar la pregunta, soy analítico, en todo, en el amor, en la política, en la vida, y la gente nos dice (a los matemáticos), ¡pero por qué todo lo analizan tanto!

¿Cuáles son las grandes satisfacciones que las matemáticas han traído a su vida?

Uff (dice moviendo sus ojos en señal de búsqueda) los amigos, en esta profesión no hay jerarquías, tus compañeros de investigación son eso, además hay que no sólo ser grandes amigos para trabajar tanto tiempo juntos, eso es necesario, pero no suficiente, también debes tener una forma de pensar afín, si no, no funciona.

(El resto de sus grandes felicidades van apareciendo entre medio de la conversación, cada vez que vuelve sobre un importante recuerdo en su brillante carrera, agrega que se suma a los grandes honores de su vida)

Haber sido invitado a dar una charla en el International Congress of Mathematics, conferencia matemática que premia con la medalla Fields (simil del nobel para los matemáticos que históricamente no pueden postular al galardón), eso fue fantástico. Por supuesto que poder llegar a la demostración de la Conjetura de De Giorgi, imagínate uno pasa años estudiando cosas importantes para uno, pero cuando llega a un resultado, darse cuenta que eso le importa a mucha gente, fue maravilloso.

Lógicamente el premio Nacional de Ciencias Exactas es una de mis mayores felicidades. Chile me ha dado la base de mucho en mi investigación, que me reconozcan en un país con muy buenos matemáticos, es una de las grandes alegrías de mi vida.

¿Cuál es su opinión de la ciencia en Chile y de lo que se invierte en ella?

La matemática en este país es buenísima, estamos por sobre el nivel de los países de la región (bueno Brasil tiene un muy buen equipo) y esta facultad es de gran jerarquía nacional e internacional, lo que hacemos aquí es importante, debemos cuidar nuestro patrimonio intelectual.

En cuanto a recursos, se debe difundir más, y si bien es cierto que estamos por debajo de lo que los países que integran la OCDE le entregan a la ciencia, no es poco, al menos en nuestra disciplina. Nosotros no necesitamos grandes máquinas, ni tecnologías, nuestros fondos se basan en tener plata para organizar encuentros, traer invitados, viajar a reuniones de otros países, poder tener bases de datos y estar suscrito a revistas específicas, así que para nosotros está bien.

Falta más ciencia de base, eso es verdad, que la gente conozca más de ciencia y que de ahí, de esa motivación salgan nuevos científicos, que ojalá representen a diversas clases sociales.

Y la educación, ¿Su juicio sobre la realidad educativa de Chile?

Creo que no debiéramos tener instituciones de excelencia a costa de los alumnos, sobre todo dato a que en otros lugares del mundo no es así.

La cuestión de los colegios es escandalosa, prácticamente la única posibilidad de recibir buena educación es estudiar en colegios particulares caros, es re triste, ¡más que triste horrorosa! nosotros, tenemos el sistema educacional más segregador del mundo, el colegio es aún peor que la universidad. Los muy ricos con los muy ricos, los ricos estudian con los ricos, la clase media alta con la clase media alta, y así. Esta sociedad no se mezcla y la educación lo refleja muy bien, y lamentablemente la única posibilidad de tener una educación buena en el colegio es pagar un colegio.

Aun cuando probablemente la realidad en salud y sistema previsional sea aún peor que lo que se vive en el plano de la educación.

Sin embargo, no estoy de acuerdo con los paros, fui un férreo detractor de ellos. Es que hay que cuidar lo que tenemos, esta facultad es un lujo, y con los paros y las tomas cedemos y les damos ventaja a los neoliberales. La universidad cuida los valores republicanos, pero si estamos en paro siempre, los buenos alumnos eligen otras instituciones, como la Católica, y ahí perdemos nosotros, porque los teóricos neoliberales dicen: “viste el Estado no puede hacerse cargo”.

Ojo, hay que aclarar, no estoy diciendo las manifestaciones, sino las tomas, los paros. Todos queremos una universidad de excelencia, de elite, pero con una elite que el mañana tome las decisiones del país y que, ojalá, no sea siempre de la misma clase social.

¿Es necesario que los buenos alumnos se terminen formando en el extranjero?

Sí, a mí me gusta que mis buenos alumnos lo hagan. En Chile aún es necesario salir a estudiar afuera, para traer cosas nuevas al país, para abrir la mente, es un espacio necesario. (fin)

Recordemos que Manuel Del Pino recibió este año el premio Nacional de Ciencias Exactas, por su extensa, original y profunda contribución en el área de las ecuaciones diferenciales parciales no lineales, la que se expresa en toda su magnitud en la demostración de la Conjetura de De Giorgi”.

El premio se suma a una serie de reconocimientos internacionales de su trabajo, el que si bien es poco conocido para la gran mayoría de los chilenos, es de suma importancia en su especialidad. El trabajo de Manuel con las ecuaciones no lineales lo posicionan como uno de los matemáticos más citados a nivel mundial.

Este chileno, que trabaja codo a codo, con dos investigadores más, a quienes reconoce como sus grandes amigos, es enfático en destacar que elegiría su carrera “mil veces”, argumentando que “le faltará vida para ser matemático”, y también es muy claro en reconocer que Chile le ha entregado una importante base para desarrollar su ciencia, un país con ganas de aportar dinero en su trabajo, ha sido fundamental en su crecimiento académico.

 

Síguenos en