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Año XIV, 26 de enero de 2022

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Estudiantes llaman a “funar” prueba Simce

Los estudiantes secundarios preparan una "funa" a la prueba Simce que se sigue rindiendo desde el 20 de noviembre. Esto en un contexto de fuertes críticas a las pruebas estandarizadas y al funcionamiento de los sistemas de nota como medida de la calidad de la educación.

Paula Correa

  Miércoles 13 de noviembre 2013 18:58 hrs. 
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El próximo miércoles 20 de noviembre los segundos medios rinden las pruebas de Compresión de Lectura y Matemáticas, las mismas que dan los sextos básicos entre el 22 y el 23, a quienes se les suma un examen de Escritura. Además, entre este lunes y el próximo seis de diciembre los octavos básicos rinden el SIMCE de Educación física.

Sin embargo, los secundarios ya planean irrumpir en la toma de esta prueba, para lo que los distintos liceos y colegios realizan una serie de asambleas y jornadas de reflexión. Además, llaman a los jóvenes a no rendirla. Este llamado de rechazo ha sido amplio, y con el coinciden la Coordinadora Nacional de Estudiantes Secundarios (CONES) y la Asamblea de Estudiantes Secundarios (ACES).

El planteamiento de la “funa” nació el Liceo Alessandri Palma. El vicepresidente del Centro de Alumnos del establecimiento, Vicente Correa, ha sostenido que este es un sistema que puede resultar hasta discriminador y que atenta contra la educación pública.

“La prueba SIMCE mide de la misma manera a liceos con distintas realidad, desvirtuando sus proyectos educativos. Si nosotros nos ponemos a pensar un poco, qué liceos son los que tienen mejor SIMCE y qué liceos tienen el peor, vemos una brecha en la que hay establecimientos que se preocupan un año entero de preparar la prueba, estresando a sus comunidades, a sus alumnos, seleccionando alumnos quedándose solo con los mejores y no haciéndose cargo de los que no le sirven, mientras tenemos quienes se preocupan de ellos, esos son los liceos públicos”, acotó el dirigente.

Pero lo alumnos no han estado solos, la campaña “Alto al SIMCE” ha reunido a una serie de docentes, académicos y especialistas en la materia. La investigadora y magister en Psicología Educacional de la Universidad de Chile, Paulina Contreras, se refirió a los principales problemas de esta evaluación.

Centrándose en los efectos nocivos de la prueba, la psicóloga advirtió que: “Es un instrumento para hacer competir a las escuelas entre sí y no mejorar la calidad de la educación. El SIMCE lo único que hace es distinguir entre escuelas “buenas” y “malas”, lo que implica necesariamente que siempre tengan que existir escuelas buenas y otras que no lo sean, en ese sentido, los secundarios, y especialmente los secundarios de los emblemáticos viven en carne propia la presión que significa”.

Paulina Contreras además agregó que les “parece que ya es hora de discutir seriamente y realizar una modificación profunda en el sistema evaluativo del país”, algo que los estudiantes vienen realizando hace tiempo, según indicó el Secretario Ejecutivo del Foro por el Derecho a la Educación, René Varas, para quien esta demanda es parte de un proceso de aprendizaje colectivo que se ha sostenido hace años.

“Ellos han ido profundizado mucho el conocimiento del sistema a partir de su propia experiencia y cuestionando los principios de mercado que lo organizan. Esto ya era un aprendizaje del movimiento estudiantil secundario del año 2006, una de sus grandes demandas era que la jornada educacional completa se estaba utilizando para reforzar los ensayos que se hacen en lenguaje y comunicación, en matemáticas para dar el SIMCE, en vez de ellos estar desarrollándose como personas”, apuntó analizando a la prueba como una dificultad que se arrastra desde hace tiempo.

Los Integrantes de la campaña “Alto al SIMCE” señalaron que el asunto de fondo es responder a las preguntas ¿qué tipo de Educación queremos?, ¿para qué estamos formando a nuestros hijos?, ¿qué sentido tiene la Educación para nosotros cómo país?, temas que, afirman, se deben resolver en un debate nacional amplio que involucre a distintos sectores de la población, en lugar de ser impuestos por políticas educativas diseñadas por unos pocos a puertas cerradas.