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Año XII, 15 de agosto de 2020

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El desafío del PC por equilibrar su rol institucional con los movimientos sociales

El Partido Comunista entró al Gobierno de Bachelet, configurando un escenario donde la Presidenta deberá lidiar con los distintos matices al interior de la Nueva Mayoría. Las diferencias en la coalición son latentes en temas como política económica, relaciones exteriores, salud pública y en las formas en que deberán enfrentar las manifestaciones sociales. Por ahora, los partidos se han ceñido de manera estricta al programa de Gobierno, sin embargo los analistas apuntan a que para no perder legitimidad, en el marco de las reformas, el Partido Comunista deberá manifestar un sello diferenciador y un discurso coherente con los movimientos sociales.

Camila Medina

  Domingo 6 de abril 2014 8:47 hrs. 





El Partido Comunista se enfrenta a un escenario múltiple. Esto luego de que Claudia Pascual asumiera como Directora del Sernam convirtiéndose en la primera comunista en 41 años en integrar un gabinete ministerial. Además cuentan con la presencia de tres nuevos parlamentarios, a lo que se suma ahora que su presidente, Guillermo Teillier, asumió la vocería de la Nueva Mayoría. ¿Cómo se va a equilibrar la balanza con su rol en los movimientos sociales?

Pablo Canelo, sociólogo del Instituto de Ciencias Alejandro Lipschutz, ligado al Partido Comunista, señaló que el escenario es propicio, después de un largo período en el que las decisiones se tomaban entre cuatro paredes, y los movimientos sociales no contaban con el protagonismo del que gozan hoy. En ese sentido, consideró fundamental articular la presencia del partido entre las organizaciones sociales, el Congreso y el Gobierno. Al respecto, destacó que “el rol que juega el Partido Comunista en esos tres frentes permite visibilizar e instalar demandas en los espacios de poder institucional, como el parlamento y el Gobierno, que antes estaban invisibilizadas. También es una oportunidad para fomentar el diálogo, la discusión y abrir los espacios y canales de participación para que los movimientos sociales puedan instalar sus demandas. Como partido tenemos claro que el programa de Gobierno no es nuestro techo, más allá de que para algunos sectores sea lo máximo a lo que pretendan aspirar, para nosotros es un piso que nos permitirá consolidar un proceso que se abra camino a superar el modelo neoliberal en Chile e instalar un modelo de desarrollo que sea más justo, equitativo e igualitario”, dijo.

Canelo señaló que el desafío principal será hacer cumplir el programa de Gobierno, pero en ese camino “no cooptar a los movimientos sociales”.

En la misma línea, el diputado comunista, Daniel Núñez, dijo que se deberá mantener un contacto fluido con las organizaciones ciudadanas, así como informar con claridad cuáles son las intenciones que tiene el Gobierno de la Nueva Mayoría: “Nosotros visualizamos que lo fundamental va a ser el contacto directo que tengamos como parlamentarios y dirigentes del PC con la ciudadanía y también invitar a los movimientos sociales a ser partes del proceso de reformas y para eso pensamos que hay que hacerlo antes que salgan los proyectos de ley y desde el parlamento e incluso colegislando si es necesario, para que las opiniones de la gente se expresen a través, no sólo de los parlamentarios, sino también desde las mismas organizaciones. El objetivo principal es un diálogo cara a cara con la gente e incluir sus opiniones a nivel Ejecutivo y en el Congreso”, sostuvo.

Por su parte, la analista política, Francisca Quiroga, señaló que el Partido ha tenido un rol pragmático en el ejercicio de incorporarse a la coalición del Gobierno. Además, destacó que este es un momento clave para vislumbrar cuál va a ser el énfasis  que propongan en las reformas. En ese sentido, consideró que la arista laboral y de educación serán estratégicas, en tanto el partido cuenta con actores claves en el mundo social: “Vamos a observar a un Partido Comunista que va a tener que saber moverse desde los aspectos institucionales, en el ejercicio del Gobierno, y por otro lado, mantener el vínculo y la legitimidad que tiene en ciertos espacios sociales. Eso va a tener también complejidades cuando existan diferencias ideológicas al interior de la coalición de la Nueva Mayoría, que sabemos se manifiestan cada cierto tiempo, especialmente en la convivencia con la Democracia Cristiana. Ahí el PC va a tener que evaluar cuál será su margen de maniobra, para poder instalarse con un discurso que sea coherente y consistente con los movimientos sociales”, sostuvo.

Entre los bastiones históricos del partido se encuentra la Central Unitaria de Trabajadores, dirigida desde 2012 por Bárbara Figueroa, quien durante las presidenciales entregó su apoyo explícito a la entonces candidata Michelle Bachelet, afirmando que “la voz de los trabajadores y de la CUT fue escuchada”.

A pocos días del consejo ampliado de la organización, en el que definirán la estrategia para instalar sus demandas el próximo 1 de mayo, la dirigenta afirmó en entrevista con la Tercera que “la CUT no tiene los mismos tiempos que el Gobierno. Ellos tienen cuatro años y nosotros creemos que es posible avanzar antes de eso. Mucho va a depender de cómo avancen las reformas laborales comprometidas para los primeros 100 días”, señaló.

A juicio de la analista, Francisca Quiroga, el riesgo es que se continúen deslegitimando en otros espacios sociales, como ya les ocurrió con diversos sectores estudiantiles, desde donde vieron con recelo su institucionalización lo que derivó en una progresiva pérdida de credibilidad.

La académica agregó que frente a las críticas por ambigüedades y a la complejidad de una coalición de carácter electoral, el ejercicio del Gobierno se ha centrado de manera estricta en el programa, por lo que la discusión de fondo entre los partidos políticos se ha dejado de lado lo que, a su juicio, constituye una debilidad. “Sin embargo, llegará un momento en que el PC tendrá que enfrentar temas desde el punto de vista del modelo y el rol del Estado, donde las diferencias con la Democracia Cristiana,  por ejemplo, van a salir a la luz. Ahí será crucial la capacidad política para instalarse en el debate  y que el resultado muestre una concepción de modelo distinto al de la Concertación de los noventa y a la política de los acuerdos”, afirmó.