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Gustavo Bernal: Rabia en las venas

Una singular y a ratos tóxica relación entre discípulo y maestro es la que plantea "Rabiosa", la cuarta novela del escritor chileno, que presenta al desaparecido escritor Pedro Lemebel como el personaje que sobrevuela una historia de excesos y afectos en los bajos fondos santiaguinos.

Felipe Reyes

  Lunes 14 de marzo 2016 16:42 hrs. 
Bernal--


Para algunos escritores, la relación maestro-discípulo es la única forma de aprender a escribir. Imitar un fraseo, una sintaxis y una estética determinada para volcar en la página en blanco como el único camino posible.

En la literatura, esta relación maestro-discípulo posee algunas particularidades que la distinguen de otras relaciones del mismo tipo en otras áreas: el maestro y el discípulo pueden no conocerse nunca, no hablar el mismo idioma y estar separados por océanos o siglos.

Los discípulos solo cuentan con las obras escritas por los maestros. Y sus obras son la única fuente donde beber de esa forma de discurso, de esa técnica; las que en muchos casos son también el impulso a la creación propia.

El maestro desconoce la existencia (aunque la intuyen, y a veces la supone) de sus discípulos; en cambio, los discípulos muestran el mismo cariño y respeto que cualquier aprendiz de cualquier área por su maestro.

La relación que los une es tan fuerte (aunque parezca tan débil, y sea silenciosa) que el discípulo ve en el maestro un estilo de vida (un por qué de la vida) y un posible proyecto de vida (que muchas veces es caótico, sacrificado y/o peligroso).

Y es ésa la relación discípulo–maestro que plantea Rabiosa, la cuarta novela del editor y gestor cultural Gustavo Bernal (Santiago, 1978). Su protagonista, Elver Cruzila, es un desprejuiciado aspirante a escritor que lucha contra su adicción a las drogas, un “beatnik chilensis” que no escatima esfuerzos -ni artimañas- para situarse en el parnaso literario local.  Y para ello se transformará en la inseparable sombra de un escritor conocido, un incómodo deslenguado, “la reina madre” de las letras nacionales que a fines de la década de los 90 ya ha alcanzado gran notoriedad, o quizá esa entelequia llamada “cima literaria”. Ese es Pedro Lemebel, el escritor incombustible que se mueve por las calles de Santiago como una celebridad, como una estrella de rock, lidiando con “grupies” y admiradores de toda especie, como Cruzila, quien no le pierde pisada y afina el oído para aprender de él, para dominar ese lenguaje desenfrenado y barroco, ese fraseo cautivante del escritor reconocido que sabe del poder y magnetismo de su palabra.

Rabiosa

Pronto, pese a la admiración que Cruzila siente por su mentor y a eso “parecido a la felicidad” que experimenta por el solo hecho de tenerlo cerca, las reverencias del discípulo desaparecen en la impostura de la amistad y la relación entre ambos escala en intensidad, las conversaciones se descarrilan en noches sin fin y la tensión sexual se hace presente en cada nuevo encuentro, en cada nueva y cruda borrachera. La voz destemplada de Cruzila escupe imágenes callejeras ácidas y recargadas que buscan alcanzar el tono que tan bien lograra el maestro. A ellos, como en el poema de Borges, no los une “el amor, sino el espanto”, y el desprecio hacia todo lo establecido.

De esta forma, Gustavo Bernal traza en Rabiosa la historia de una amistad siempre al borde de la catástrofe. De encuentros y desencuentros entre el escritor lleno de deseo y un obstinado aprendiz que no cede a las directas propuestas sexuales de su mentor. La prosaica labia chilensis en su máxima expresión. Una novela precisa en su extensión (102 páginas), sin ripios ni rellenos innecesarios que actúa como un directo “Cross a la mandíbula”; y la vez, se aventura en un retrato emotivo de un personaje complejo e indescifrable que administra los hilos de la conversación con justas dosis de coa y poesía. Bernal construye diálogos delirantes, situaciones y anécdotas en las que se difuminan las fronteras de la ficción y la realidad para entregarnos una novela arriesgada en su propuesta y que intenta reconstruir la trastienda de un creador único que estampó su imborrable huella en nuestra historia literaria.

Rabiosa
Gustavo Bernal
Editorial Librosdementira. 102 páginas.

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