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Año XIV, 29 de noviembre de 2022

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La otra selección: orden interno de colegios reproduce la desigualdad

El ordenamiento interno de los colegios reproduce las lógicas de desigualdad del sistema educativo. Los investigadores proponen nuevas formas de organización y aseguran que la creación de los Servicios Locales de Educación se presentan como un gran momento para el cambio.

Paula Campos

  Lunes 19 de marzo 2018 11:30 hrs. 
educación básica

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La educación chilena segrega, la oración es un diagnóstico conocido para todos quienes de alguna forma hemos formado parte del sistema educativo. Leyes y marcos regulatorios han trabajado para normarlo, así -por ejemplo- la Ley de Inclusión de 2015 impide la selección de estudiantes en los establecimientos, tarea en la que se avanza. Sin embargo, ¿Qué pasa puertas adentro?

El ordenamiento interno de los estudiantes es una práctica generalizada en el sistema educativo local. Un 59 por ciento de los establecimientos lo hace, realidad que pudieron constatar los investigadores Juan Pablo Valenzuela del Centro de Estudios Avanzados en Educación (CIAE) de la Universidad de Chile y Ernesto Treviño de la Universidad Católica.

Los profesionales trabajaron in situ, visitaron colegios, entrevistaron a estudiantes, docentes y apoderados; analizaron la evidencia y constataron la realidad: a nivel académico no hay mejoría en aquellos colegios que deciden ordenar internamente, solo ejemplos de estudiantes que reprueban con mayor intensidad y que tienen más grado de deserciones escolares.

Ver también: Orden académico de estudiantes impacta el aprendizaje

“A nivel mundial, cuando reduces la segregación entre colegios, se profundiza la entre colegios”, esto es algo que está documentado en la literatura en educación. ¿A qué se debe?, ¿qué efectos tiene?, eso es parte de la investigación”, explica Valenzuela.

Modelos de organización

Existen diversas formas para ordenar internamente a sus estudiantes. Por mérito académico, estas pueden ser separar en cursos donde el A es el de mejor rendimiento; separar por asignaturas dando, por ejemplo, matemáticas avanzadas para los mejores estudiantes; concentrar repitentes en algunos cursos; asignando profesores de mejor nivel a los cursos avanzados; e, incluso, seleccionando por “capacidades académicas” a los estudiantes que ingresan por Ley de Inclusión.

“La idea que tienen los establecimientos es llevar a sus mejores estudiantes a su mejor potencial”, revela el investigador del CIAE, quien critica que este no sea el objetivo que los centros educativos apliquen para todos sus alumnos.

Según pudieron analizar, son principalmente los establecimientos de enseñanza media, los que empiezan en primero medio, los que ordenan internamente a sus estudiantes: el 59 por ciento de estos lo hace. En el caso de los que solo poseen educación básica, esto no es tan recurrente, sobre todo porque la condición sine qua non es que posean dos cursos (mínimo) por nivel, algo que no siempre ocurre. Los que toman la decisión de organizar son, principalmente, colegios municipales que atienden a estudiantes de bajo Nivel Socio Económico. “Aproximadamente un tercio de la matrícula del país va a colegios que ordenan internamente”, concluyen los investigadores.

“En la literatura comparada hay argumentos a favor y en contra del ordenamiento académico. A favor, dicen que favorecería a que todos los estudiantes aprendan a un ritmo similar; los otros dicen que si solo te reúnes con gente igual a ti, tienes menos incentivos para aprender. Se podría dar también que los colegios prefieran concentrar todos sus esfuerzos donde están los estudiantes aventajados profundizando la inequidad en el aprendizaje”, agrega.

Obtienen mejores notas los que están en los primeros cursos de la selección; también hay mayor rendimiento en pruebas Simce, sin embargo, no hay evidencia empírica que demuestre que son una buena decisión: “El desempeño promedio de esos alumnos es peor en gran parte de los casos, para todos los estudiantes que ordenaban académicamente. Solo encontramos que en el caso de los científico humanistas municipales hay un beneficio. Este peor promedio de desempeño es igual en hombres y mujeres y se agudiza en matemáticas. Hay un tema de ineficiencia: consigues menos cuando ordenas, este dato es importante para quienes diseñan políticas de educación”.

Treviño y Valenzuela también lograron constatar que “los estudiantes que están en colegios que ordenan internamente tienen mayores índices de reprobación; también hay un mayor grado de deserción escolar”, relata Valenzuela, quien explica que estos son indicadores que los establecimientos no perciben.

En conversación con el programa Semáforo, el investigador profundiza en la población “no escogida”. ¿Qué ocurre con los estudiantes y las familias que ocupan los lugares más bajos de este ordenamiento”: frustración y sensación de inferioridad: “Son estudiantes que se sienten los fracasados del sistema, menos inteligentes. Al interior de los establecimientos se los hace ver como los peores y sus familias saben que a sus hijos no se les entregan las mismas posibilidades que a los demás, por ende hay un sentimiento de frustración”.

Con este, uno de los estudios pioneros en ordenamiento interno, se pretende visibilizar la situación, abriendo a nuevas alternativas para esas comunidades educativas. “Gracias a que se ha puesto en discusión los modelos de selección entre colegios, se ha empezado a conversar sobre la que ocurre adentro. Es un buen momento para pensar en nuevas formar de organización. Un desafío para los nuevos Servicios Locales de Educación”, concluye Juan Pablo Valenzuela.

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