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Eduardo Carrasco: “Soy un artista sin público”

Más de dos décadas pasaron para que el director de Quilapayún publicara un nuevo trabajo solista. Asumiendo el rol de vocalista, homenajea a los maestros chasquilla, defiende su ateísmo y recuerda cosas borradas por el tiempo, desde el recorrido Pila Cementerio a la Cocoa Raff. Pero en esta entrevista advierte: “Yo canto pésimo”.

Rodrigo Alarcón L.

  Sábado 2 de febrero 2019 11:01 hrs. 
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“No tuvo ninguna repercusión”. Así  de tajante es Eduardo Carrasco al recordar su primer disco como solista. Contenía diez canciones, fue publicado en 1996, tuvo a Carlos Cabezas (Electrodomésticos) como productor y simplemente llevaba su apellido como título. Pero no pasó mucho.

En ese entonces, Carrasco estaba dedicado a su trabajo como profesor en la Facultad de Filosofía de la Universidad de Chile. Había dejado Quilapayún a fines de los ‘80, luego que la mayoría de los integrantes decidieran permanecer en Francia, y se atrevió con un álbum en solitario: “Es un disco que yo estimo muy bonito, que tiene cosas que me hace feliz haber hecho, pero no tuvo acompañamiento de la gente y me quedé un poco solo. Sentí esa desilusión: ¿para qué iba a seguir haciendo cosas que no le importan a nadie, solo a mí?”.

22 años más tarde, el panorama es muy distinto. Carrasco volvió a ser el director musical de Quilapayún y el grupo está en permanente actividad. De hecho, el próximo 21 de marzo actuará en la Sala Master de Radio Universidad de Chile, celebrando el aniversario del programa El Zócalo Nacional. Y Carrasco finalizó 2018 publicando su segundo disco como solista, titulado con la misma simpleza que el anterior: Carrasco 2.

“De repente superé esa limitación. Estoy en un momento en que me interesa hacer lo que yo quiero. Si le gusta o no le gusta a la gente, voy a hacerlo de todas maneras, aunque no tenga público”, explica sobre un álbum que fue producido por Fernando Julio (Inti Illimani Histórico, Javiera y Los Imposibles).

“Es como un Inti + Quila”, dice para presentar a los 11 músicos que tocaron en sus diez nuevas canciones. Horacio y Camilo Salinas, Danilo Donoso y el propio Fernando Julio representan al primer grupo. Ismael Oddó y Ricardo Venegas lo hacen en el caso del segundo. A ellos se suman el tecladista Misha Celis, los guitarristas Federico Dannemann y Matías Astudillo, el saxofonista Agustín Moya y las voces de su hija Manuela Carrasco.

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Así de acompañado estuvo Eduardo Carrasco en el estudio de grabación, pero la carátula es radicalmente opuesta: en blanco y negro, hincado sobre un escenario, Carrasco parece azotar un micrófono ante unas butacas completamente vacías: “Es lo que quiero mostrar: soy un artista sin público y eso quiere decir que soy un artista convencido de que lo que hago es bueno”, dice.

“No voy a esperar que me aplaudan. Lo importante es reconocer que el valor está en las cosas mismas, en las canciones, en los textos, en la producción. No depende de que me aplaudan o no me aplaudan. Ya estoy feliz con el disco. No sé si lo van a escuchar las personas”.

En el disco hay música diversa, como bolero, cumbia o rock. ¿Cómo fueron tus aproximaciones a esos géneros?

Es una actitud que siempre he tenido de estar abierto a todas las músicas, no encasillarse en un estilo sino que mezclar. En los discos del Quilapayún eso está muy marcado. Es algo que te da mucha libertad, porque puedes hacer lo que se te venga a la cabeza y te adaptas. Si queda mejor como cumbia, la haces como cumbia. Así, cada canción está en el ritmo que le conviene, cada canción tiene su personalidad.

En Quilapayún cantas, pero eres parte de un conjunto de voces. ¿Qué ha significado asumir el rol de vocalista principal?

Como el cantante canta sus propias canciones y palabras, es muy cómodo, es la forma más directa. Es cantar como cantan los pájaros: lo que quieres decir, lo dices cantando. Aunque no tenga una voz especialmente bella, una voz operática o lo que se llama una bonita voz, me expreso y digo lo que siento, con toda la fuerza de la que soy capaz. Por eso he hecho dos discos y es muy probable que siga, porque es lo que más me gusta: grabar es una cosa maravillosa.

¿Te gusta más que los conciertos?

¡Mucho más! Nunca me han gustado mucho los conciertos. De repente me gusta estar arriba del escenario, pero uno repite muchas veces lo mismo. En cambio, crear y hacer cosas nuevas es un juego fenomenal. Me encanta.

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En el disco hay una canción que se llama “Yo canto desafinado”. ¿Cómo te consideras como cantante?

Sí, yo canto pésimo… aunque un amigo me corrigió y me dijo que en realidad no canto desafinado, sino que tengo una voz ronca, rauca. Lo que me gusta es la expresividad, que las cosas se digan como tienen que decirse. La voz, el color, todo eso es secundario.

A mí me encantan ciertos cantantes que tampoco tienen bonita voz. Joe Cocker es fenomenal, pero tiene una voz horrible. Paolo Conte es una maravilla y en “Via con me” no sabe pronunciar bien el ingles, pero da lo mismo, es auténtico. ¿Y qué mejor ejemplo que la Violeta Parra? No se puede comparar con la voz que tenía la Mercedes Sosa, por ejemplo, pero nadie canta mejor “Gracias a la vida” que la Violeta Parra. La cuestión no está en la voz, está en la expresividad, en que te expresas con verdad… ¡Pero la verdad es que no soy desafinado!

¿Vas a presentar este disco en vivo?

Tengo planes, pero lo que pasa es que… como te decía, soy un cantante sin público. Si pretendiera hacer una presentación tendría que pagar a los músicos, arrendar el teatro, hacer publicidad, etc. Para emprender una cosa así, necesitaría un par de millones de pesos que no tengo. Y no solo no los tengo, también encuentro que es poco honroso que los artistas nacionales tengamos que estar costeando nuestros propios conciertos, entonces lo que yo digo es: si me llenan el Caupolicán, yo voy a cantar. Si no, no poh.

Cuatro canciones comentadas

Una decena de nuevas canciones se pueden escuchar en Carrasco 2. Acá, su autor habla del origen y los detalles de cuatro piezas escogidas.

Meneses: Es simple en el texto, simpática, pero tiene su complejidad musical. Responde a una especie de estética que tenía el Quilapayún hace algún tiempo, de canciones en ritmos quebrados. Está en 5/4. El gásfiter o el maestro chasquilla es un personaje extraordinario, que se merecía una canción, porque es el máximo colaborador para que funcione la casa. Siempre pasa algo y todas las casas tienen un maestro al que acuden para que arregle la cañería, el escusado, la gomita de la llave, etc. Se merecía una canción, es un homenaje.

El amor es un puñal: Es como un bolero que yo había hecho hace tiempo, pero no había encontrado la forma. No sabía cómo hacerla y de repente se me ocurrió que podía ser así. Tiene  unos coros y unos cornos. Quedó linda.

Cumbia de lo que se fue: Es un texto irónico y divertido sobre el pasado y cómo se borran cosas que parece que van a estar siempre contigo. Las bellezas, por ejemplo, como la Brigitte Bardot o la Marilyn Monroe, que parecían eternas. Una se murió y la otra ahora es una señora gorda, que no tiene nada que ver con lo que adorábamos en nuestra época. Es nostalgia, pero con cierto humor. Está la Pila Cementerio, el aliño Negrita, la Cocoa Raff, las Píldoras del Dr. Ross, la gomina Brancato, se puede hacer una lista tremenda de cosas que se fueron para siempre. El mundo está cambiando constantemente y se derrumban todas las cosas que te parecen las más sólidas. Se derrumba la UP, se derrumban los gobiernos, se derrumban las modas, se derrumba todo y de repente estás en otro mundo.

Yo no soy católico: Esta canción nació cuando estaba la discusión sobre el divorcio y, después, sobre el aborto, donde los católicos daban por sentado que todo el mundo pensaba como ellos. Yo soy ateo, no tengo nada que ver con el catolicismo y mi postura debería ser considerada. Para eso se inventó la laicidad, para que podamos entendernos, pero los católicos creen que todo el mundo tiene que pensar como ellos. Me bajó mucha rabia e hice la canción, porque hay mucha gente que no es católica y tienen que respetar sus ideas, sobre todo si no hacemos daño a nadie. Como ateo, no creo que sea particularmente malvado. Soy tan malvado como los católicos.

Foto principal: Facebook Quilapayún.