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Ignacio Agüero: “El barrio es la vida expresándose en una esquina”

El próximo jueves 24 de octubre, en la Cineteca Nacional, el documentalista protagonizará un coloquio sobre su última película, Nunca subí el Provincia. En el filme, Agüero intenta conocer quiénes son los habitantes que han llegado al barrio de toda su vida, a la vez que se embarca en la escritura de cartas.

Abril Becerra

  Martes 15 de octubre 2019 16:57 hrs. 





Por más de 20 años, el documentalista Ignacio Agüero ha vivido en la misma casona roja emplazada en Providencia, convirtiéndose, con ello, en un testigo privilegiado de las transformaciones del barrio. Desde ahí, ha visto cómo, por ejemplo, desapareció la antigua panadería que se encontraba junto a su hogar y cómo el quiosco de calle Manuel Montt, en el que se exhibían toda clase de publicaciones, pasó a ser un objeto en desuso.

El cambio se hizo evidente cuando, de un día para otro, Agüero dejó de observar la Cordillera de Los Andes: una grúa se instaló allí para levantar un edificio a menos de 100 metros de su casa. Con ello, también apareció una multitud ajena al lugar. Locales de comida, universidades y oficinas se incrustaron en este nuevo paisaje.

La seguidilla de transformaciones, no obstante, motivó al documentalista a trabajar en una nueva película: Nunca subí el Provinciaque obtuvo el Premio del Jurado en la Competencia Internacional de Festival de Cine de Marsella y que, recientemente, fue estrenado en el Festival de Cine Internacional de Valdivia.

En la película, Agüero intenta conocer quienes son los nuevos habitantes del barrio, al mismo tiempo que se sumerge en la escritura de cartas. En ese ejercicio hay nostalgia y también una reflexión respecto del tiempo presente.

El documentalista abordará el proceso creativo de Nunca subí el Provincia el próximo jueves 24 de octubre, en la Cineteca Nacional el marco del Foro de las Artes. Posteriormente, habrá una proyección de la cinta.

¿Cuáles son las motivaciones que dieron origen a la película?

Aquí apareció la imagen del panadero de la esquina, que desapareció por la construcción del edificio. Lo tenía filmado a él y en las grabaciones, él saludaba a la cámara. Lo grabé hace muchos años sin el propósito de hacer una película. Simplemente, filmaba cosas del barrio. Entonces, sentí la necesidad de hacer una película sobre la esquina. Al mismo tiempo, había estado viviendo la experiencia de la escritura de cartas, que también me parecía algo muy cinematográfico.

Esta película, al situarse desde su casa, ¿podría considerarse como un ejercicio más autobiográfico respecto de sus películas anteriores?

No diría autobiográfico, sino que cinematográfico, donde se experimenta la inclusión de imágenes de distinta proveniencia, en un relato que tiene que inventar su propia armonía. La verdad es que la película no tiene un centro bien definido, es decir, el centro, propiamente tal, es la cabeza de quien escribe las cartas.

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¿Cómo fue ese proceso de acercarse a los nuevos vecinos?

Eso fue un fracaso total. No se pudo hacer. Logré entrar a muy pocos departamentos, porque la gente ya no confía, no deja entrar. Entonces, la película los abandona y se va a otro lado, pero no hay una pérdida para la película, sólo se transforma el proyecto. Eso me ha pasado en otras películas, lo cual está muy bien.

¿Por qué decide conocer la vida de estas personas? ¿Qué era lo que quería retratar?  

El cine permite darle curso a la curiosidad y uno es muy curioso. Quiere saber cómo es la vida de las personas. Me encantaría tener esa facultad de ver a través de las murallas.

¿Cómo ha percibido el cambio en el barrio? 

Me doy cuenta de que la gente vive sin saber muy bien dónde vive. Hay como una neurosis que consiste en no saber dónde están sus pies parados. Se ve como en una generalidad de vivir en la ciudad, pero no se sabe bien dónde exactamente se vive, quiénes son las personas que viven al lado, quienes vivieron antes, cómo eran las cosas, cómo son las cosas, cómo se llaman los cerros que uno ve. Esa es la neurosis que consiste en vivir fuera del espacio que se habita. También desaparece la gente y los vecinos se van muriendo. En el barrio uno experimenta el ciclo de la vida y la muerte.  El barrio es la vida expresándose en una esquina.

¿Ve con nostalgia ese tiempo pasado? 

Por supuesto. Antes había mucha más calma. La nostalgia existe, es un dato. Este mismo patio ha cambiado mucho, se han secado árboles que están muy viejos y empiezan a morir de viejo.

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Actualmente, el documentalista se encuentra trabajando en diversos proyectos. Uno de ellos corresponde a la película Notas para una película (10 años en La Araucanía. El diario de Gustave Verniory), que pretende finalizar en el año 2020. Frente a ello, adelanta que no se trata de una película de época, sino que de un documental donde se explora en las formas de narración.  A ello se suma su labor desde la Fundación Alicia Vega.

“Estamos buscando una casa para la Fundación. Una casa donde almacenar todos los materiales que hay, archivarlos, digitalizarlos y consérvalos, de tal manera, que puedan servir para investigadores. Al mismo tiempo, queremos generar, desde allí, talleres”. Según sostiene, este trabajo, recién está comenzando.