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Año XII, 22 de febrero de 2020

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Sebastián Piñera en su laberinto: la miopía de un presidente lejano

A dos meses del inicio de las movilizaciones el Presidente Sebastián Piñera no ha variado sustantivamente su retórica, ni anunciado medidas alineadas con las demandas ciudadanas. Tampoco se ha escuchado una autocrítica respecto de su manejo en la crisis y mucho menos de las violaciones generalizadas a los derechos humanos.

Montserrat Rollano

  Viernes 20 de diciembre 2019 9:08 hrs. 

Este miércoles se cumplieron dos meses desde que se produjo el denominado “estallido social”. Una fecha que coincidió con manifestaciones públicas, particularmente desde el movimiento feminista, a raíz de la negativa del oficialismo –por encargo del Ejecutivo-  de incorporar, entre otras cosas, la paridad de género en el marco del proceso constituyente.

Pero también, ese mismo día, el Presidente Sebastián Piñera publicó una columna en el periódico estadounidense The New York Times en donde defendió su gestión y negó su responsabilidad en las violaciones a los derechos humanos denunciadas en, al menos, cuatro informes de organismos internacionales.

Es más, en el escrito, el Mandatario aseguró que “nuestro gobierno tomó todas las medidas y precauciones necesarias para garantizar el máximo respeto por los derechos humanos de todos nuestros ciudadanos”, situación que es notoriamente contrastada en algunos de los mencionados informes.

Un par de días antes, la misma fecha en que se dio a conocer que el agua que Carabineros utiliza para dispersar a los manifestantes contendría soda cáustica, el jefe de Estado anunció un proyecto de ley que crea un estatuto de protección a las policías. En aquella ocasión, en entrevista con la Asociación de Radiodifusores de Chile (Archi), Piñera hizo hincapié en los carabineros heridos, respaldó al general director de la institución, deslizó -nuevamente- la posibilidad de una intervención extranjera en las movilizaciones y reiteró que existen “informes sesgados” en materia de derechos humanos.

Todo esto da cuenta –a juicio de algunos expertos- de la desconexión del Presidente respecto de lo que la ciudadanía, de manera mayoritaria, está gritando en las calles, pero también en relación a un diagnóstico de su mandato, el que incluso desde su propio sector ha sido fuertemente criticado.

Al insistir con la misma retórica de hace dos meses, pareciera que el mandatario no logra comprender la magnitud de la crisis política y social que vive nuestro país.

Así lo cree el cientista político y académico de la Universidad Diego Portales, Claudio Fuentes, quien, en conversación con nuestro medio, afirmó que “el Gobierno está con la brújula un poco perdida. Efectivamente, desde el 18 de octubre ha mantenido esta postura de que acá el problema es el orden público y no el tema social, y eso ha debilitado mucho su postura”.

En ese sentido, el analista manifestó que “parece ser que no está en él (Presidente) una disponibilidad de desarrollar una acción política de mayor envergadura que implique un acuerdo social más significativo, una visión distinta respecto de cómo encarar el problema. Yo creo que está un poco atrapado respecto de una forma de ver el mundo” indicó.

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Un diagnóstico “miope”

Una de las interrogantes que surge a raíz de esta situación es a quién escucha –o no- el jefe de Estado. Un factor que es especialmente relevante considerando que quedan al menos dos años del actual gobierno y todo apunta a que las movilizaciones van a continuar.

Así lo manifestó el doctor en ciencia política y académico de la Universidad de Chile, Felipe Agüero, quien señaló que los anuncios y declaraciones de Piñera son “reflejo de no entender la profundidad de lo que ha ocurrido y el sentimiento de la calle. Hay una especie de regocijo con el hecho de que la violencia ha disminuido y que las manifestaciones han disminuido en intensidad”.

En esa línea, el experto expresó que “hay un diseño consciente de intentar aplastar algunas demandas para tratar de volver a una suerte de normalidad, eso es lo que está en el trasfondo y es profundamente equivocado, cortoplacista y miope” recalcó.

Asimismo, Agüero indicó que al Presidente “se le ha olvidado la agenda social; el énfasis está en estas leyes que protegen a Carabineros, la ley anti saqueos, anti barricadas ¿Dónde están las medidas claves en salud, en materia educacional? eso no se ve, entonces yo creo que es bastante miope por parte del Gobierno porque yo creo que la protesta va a revigorizarse”.

Para la académica del Instituto de Asuntos públicos de la Universidad de Chile, Mireya Dávila, el Presidente Sebastián Piñera, de persistir con su proceder, corre el riesgo de transformarse en un actor irrelevante, dado el bajo nivel de legitimidad que posee.

En ese sentido, la experta hizo énfasis en medidas como la insistencia en llevar adelante el Museo de la Democracia, iniciativa que, finalmente, no prosperó, o el acto para conmemorar el Día Internacional de los Derechos Humanos.

“Yo creo que en términos de personalidad del Presidente, si uno lee los exabruptos que tiene, yo no sé hasta qué punto tiene una incapacidad política a nivel psicológico o realmente no le importa” expresó.

Asimismo, la experta agregó que “en las grandes crisis se demuestra la capacidad política de la persona y si tú sumas las lógicas acertadas y las no acertadas, uno tiene un problema político mayor, entonces yo llamaría a contener al Presidente, dejar tal vez que sea un actor menor y que sean otras las personas que puedan mover el gobierno de aquí hasta que termine”.

Otro de los aspectos por los que ha sido duramente criticado el Mandatario tiene que ver con el manejo comunicacional en el contexto de la crisis.

A juicio de algunos analistas, resulta inexplicable cómo en tiempos de excesiva sensibilidad respecto de lo que se dice o se omite, el jefe de Estado continúe utilizando la ya conocida estrategia de la “letra chica”. Un ejemplo de ello fue el anuncio de un bono de cien mil pesos promedio para las familias más vulnerables, lo que finalmente no resultó ser como el anuncio original, sino que un beneficio de  50 mil por carga familiar.

Misma situación ocurrió con el anuncio de incremento del salario mínimo o el denominado “ingreso mínimo garantizado”, el que finalmente resultó ser un subsidio que aumentaba la renta bruta y no líquida.