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Elvira Savi: el centenario de una leyenda de la música chilena

Con una vida completamente dedicada a la música, incluso hasta sus últimos días, Elvira Savi no sólo fue una concertista prolífica, sino que también se preocupó de rescatar el legado y la tradición de la música chilena.

Diario Uchile

  Lunes 23 de marzo 2020 13:34 hrs. 
elvira salvi





Hija de un matrimonio de migrantes italianos, Elvira Savi Federicci nació en Santiago el 19 de marzo de 1920. Su padre cantaba ópera y su madre tocaba piano y, a pesar de no ser profesionales, influenciaron desde muy pequeña su gusto por la música y en particular por el piano. “A los cinco años dio su primer concierto, de pie porque no llegaba a los pedales”, comenta su hija, Silvia Anex dit Chenaud Savi.

Entró en 1926 al Conservatorio Nacional de Música de la Universidad de Chile, donde tuvo grandes maestros y maestras, entre los que se cuentan Roberto Duncker, Alberto Spikin, Rosita Renard, Flora Guerra, María Aldunate, Domingo Santa Cruz, entre otros. Al graduarse, en 1938, recibió el reconocimiento Orrego Carvallo, entregado a los egresados destacados de cada generación y en 1939 comenzó su larga trayectoria como profesora en la Universidad de Chile, donde se desempeñó por más de sesenta años; “su segunda casa”, destaca su hija. En 1988 también fue reconocida con el premio Amanda Labarca, por su trayectoria y aportes a la U. de Chile.

Integró la Orquesta Sinfónica de Chile y la Orquesta Filarmónica Municipal, comenzando como pianista acompañante, para luego llegar a ser solista. Su carrera la llevó a presentarse en diversas ciudades tanto en Chile como en el extranjero, estrenando a gran parte de los autores y compositores chilenos de la época.

Uno de sus más importantes trabajos fue una retrospectiva de la música chilena, que terminó en 1989 y que incluyó a más de 60 compositores y compositoras. “Fue una tarea muy ruda, como profesional y como mujer. La retrospectiva fue algo que a mi me marcó muchísimo, estuvo meses con las grabaciones. Terminó la retrospectiva el viernes 27 de octubre de 1989, recuerdo que llegó a la casa agotadísima, y el día domingo 29 a las 8 de la mañana a mi padre le da un infarto y muere ahí mismo. Eso para mi fue bastante fuerte, porque a pesar del agotamiento, ella mostró una entereza increíble”, rememora Silvia.

En 1998, tras casi sesenta años de carrera musical, Elvira Savi fue galardonada con el Premio Nacional de Artes Musicales, convirtiéndose en la segunda mujer en recibirlo (la primera fue Margot Loyola) en dicho momento, y hoy una de las tres mujeres acreedoras desde que se entrega este reconocimiento.

“Mi mamá fue una mujer espectacular, nunca falló en nada, siempre nos apoyó en todo (…) a ella lo que la hacía mantener el equilibrio era la música. En la calle, ella no se daba cuenta, pero toda su vida andaba silbando, siempre iba alegre, con la música adentro. Y decía: ‘hay que ser optimistas, la vida sigue y la música lo es todo’. Nunca la vi amargada, no tengo recuerdos de eso. Me siento muy orgullosa que haya sido mi madre, me dejó un ejemplo muy lindo, me hace mucha falta, fue una mujer espectacular en el ámbito musical”, recuerda su hija, Silva Anex dit Chenaud Savi.

Como académica en la Facultad de Artes de la Casa de Bello formó a varias generaciones, hasta 2003, cuando se retiró y fue nombrada profesora emérita de la universidad.

elvira

“La Universidad de Chile y la Facultad de Artes eran su segunda casa. Con mi hermano nos poníamos un poco celosos porque sus alumnos y alumnas eran sus segundos hijos, porque aparte de enseñarles como profesora, traspasaba sus conocimientos. En muchas ocasiones les daba consejos respecto a la vida, los retaba bastante también, y era bien estricta para poner las notas, pero a medida que iban pasando los años ellos también se daban cuenta que su metodología de enseñanza era buenísima: insistir, insistir, insistir, la actitud con que se enfrentaban a lo que iban a hacer y que, efectivamente, se dieran cuenta que lo que estaban haciendo era lo que querían hacer”.

Silvia también recuerda como su madre, Elvira Savi, preparaba cada una de sus presentaciones. “Tomaba las partituras, las leía, las estudiaba mentalmente, veíamos como practicaba con las manos y cuando ya las tenía en mente se iba al piano. Me acuerdo del ahínco con que preparaba todo, y cuando llegaba el concierto final, con orquesta y público, ir acordándome cuando ensayaba a la casa, cuales eran las partes que le habían costado un poco más, por ejemplo, la satisfacción de haberlas logrado. Son detalles tan lindos que emocionan”, explica.

“Cuando cayó enferma y estuvo al cuidado aquí en la casa, venía mi hijo Sebastián que toca piano y yo le preguntaba a ella: ‘¿quieres escuchar música?’. ‘Sí’, me decía, y Seba se ponía a tocar. Ella estaba espacialmente perdida, no sabía si estaba en el hospital o en su casa, pero cuando escuchaba piano se transformaba, y me hacía gestos diciéndome: que mal toca esta persona, llama a otro alumno, y le iba corrigiendo. También cuando venían sus colegas a la casa, obviamente se ponían a conversar de música y todo el mundo me decía que era muy impresionante su lucidez mental respecto a la música, era otra persona”, relata su hija.

Su mundo, prosigue, “siempre fue la música, nunca dejamos de ponerle música, todo el día estaba escuchando música. Apagabas la radio cuando se quedaba dormida y decía inmediatamente: ‘no, música’. Y en esos momentos, escucharla hablar de esa manera, me hacía pensar que quizás nos estaba haciendo lesos a todos y estaba absolutamente normal, sana, que tenía ningún problema. Le quedó en el disco duro de su vida toda la parte musical”.

Elvira Savi llevó una vida completamente ligada a la música y a la enseñanza de ésta, un legado que, a cien años de su nacimiento, sigue presente. “Siento orgullo, admiración y también reconozco a las personas que fueron capaces de valorar la tarea ardua que hizo. Su vida estuvo dedicada a difundir, a enseñar, a educar a chicos y chicas, y muchos de sus alumnos son hoy figuras destacadas en el ámbito musical”.

 Texto: Muriel Solano. Prensa U. Chile.