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Álvaro Hoppe, el testigo invisible de la dictadura revela su archivo sobre el plebiscito del 88

En plena dictadura, Álvaro Hoppe se lanzó a las calles de Santiago para capturar las manifestaciones y encuentros que desembocaron en el plebiscito del 5 de octubre del 88. Hoy, ese registro inédito, forma parte de un libro compuesto por más de 60 imágenes realizadas entre 1983 y 1990.

Abril Becerra

  Miércoles 21 de octubre 2020 20:02 hrs. 
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Han pasado más de 40 años desde que Alvaro Hoppe (1956) tomara una de las decisiones más importantes de su vida: abandonar el teatro para transformarse en fotógrafo. Sin embargo, pese al paso del tiempo, los recuerdos sobre aquella transición continúan frescos. En esa memoria descansa un muro de una fábrica, un grupo de obreros y sus vecinos, quienes fueron los primeros en ser fotografiados por aquel joven de Barrio Bellavista que se transformaría, gracias a su cámara, en testigo de las vicisitudes de la dictadura.

“Para mi la fotografía siempre fue una manera de expresión”, rememora el fotógrafo que acaba de presentar el libro Plebiscito en Chile, 1988 (Haikén ediciones). 

En esta nueva publicación, Hoppe presenta más de 60 fotografías capturadas entre 1983 y 1990, y ordenadas de acuerdo a tres ejes: manifestaciones por la democracia, campaña del plebiscito y el proceso de votación del 5 de octubre. El libro también cuenta con reflexiones del escritor Pablo Azocar, la investigadora Ángeles Donoso, el ex director del Museo de Bellas Artes, Roberto Farriol, y el editor del libro, Alexis Díaz Belmar.

“Este es un guiño para que los jóvenes y para que todos vayan a votar y participen en el plebiscito del 25 de octubre. En el fondo, para que podamos hacer un Chile más potente, más democrático”, comenta el fotógrafo. 

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¿En qué contexto realizó las imágenes que están presentes en el libro? 

Poco a poco fui realizando fotografías en las primeras manifestaciones. Estamos hablando de los ‘80. Entonces, colaboraba en algunos boletines de forma esporádica, pero siempre con mucho miedo. Después colaboré con la revista Apsi, aunque paralelamente hacía trabajos en otras partes. Partí por un tema personal, una mezcla de fotografía periodística y documental. 

¿Qué fue lo que lo motivó a salir a la calle y realizar estas imágenes de denuncia? 

A través de la fotografía y de los retratados pude expresar mi rabia, mi alegría, mis dolores y cuando hablo de retratados quiero decir que me comencé a identificar, a través de la fotografía con los manifestantes. Pero antes hice fotografías a un grupo que se llamaba TEUCO (Teatro Urbano Contemporáneo) en el que estaban Juan Edmundo González y Andrés Pérez. 

¿Cómo era la labor del fotógrafo en el contexto de dictadura? 

En dictadura había mucho miedo y muy poco fotógrafo. En los ‘70 la fotografía era para la gente que tenía más dinero y en los ‘80, en la calle, éramos pocos. Los medios de prensa no cubrían ciertos eventos políticos, culturales, sociales. En el 86 Rodrigo Rojas fallece por las quemaduras ocasionadas por una patrulla militar. Había cosas que no se sabían. Entonces, la fotografía era muy importante.

¿Cuáles fueron los criterios dentro de la selección de imágenes del libro? 

Cada imagen tenía que tener más de una lecturas. No son sólo noticias. Hay una imagen por ahí que dice ‘Yo amo a la CNI”. Otra que dice “No al marxismo”. Revisar los archivos es volver a dolores, esperanzas, alegrías e incertidumbres. La fotografía es una resistencia de la memoria. 

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En la imagen, voluntarios de la campaña del NO en caravana de bicicletas. Fuente: Álvaro Hoppe.

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En la imagen, manifestación Mujeres por la Vida en la Catedral de Santiago. Fuente: Álvaro Hoppe.

Un salto en la historia 

En los ‘80, Álvaro Hoppe fue un testigo invisible  de las manifestaciones por los detenidos desaparecidos, la articulación del Movimiento contra la tortura Sebastián Acevedo y cómo la crisis económica y el malestar fue calando en la sociedad. Por eso, advierte que el plebiscito del 88 fue un proceso extenso y, de manera inevitable, compara aquel momento con el presente. El hilo de ambos instantes es muy fino, por lo mismo señala que hay imágenes del pasado que bien encajan con la actualidad. 

“La historia tiene matices. No creo que se repita, pero hay cosas que sí. El estallido social viene de antes con los movimientos de 2006, 2010. Lo mismo sucede con las imágenes del plebiscito. Es un crescendo entre el 86, 87 y el 88 que es todo un año de agitación y manifestaciones. El desencanto no es de un día para otro”, dice.  

¿Cómo vivió el “estallido social”? 

Estaba haciendo un trabajo sobre las ruinas como metáfora en lugares como la Villa San Luis y el Patio 29 junto a la antropóloga Francisca Márquez. Pero tuve un accidente así que el estallido lo vi por la televisión. Fue impresionante. Poco a poco me he ido acercando a sacar fotos, pero con mucho miedo. No estoy en la primera línea. 

¿Qué es lo que le ha llamado la atención de estas movilizaciones en contraste con las del ‘80? 

La diversidad de gente. En la manifestación del millón de personas, cada manifestante tenía un cartel diferente. Eso lo encuentro increíble. Las mismas pancartas que hablaban sobre libertad o justicia, ahora tienen un mensaje distinto. 

Pero, ¿cuáles son los puntos de coincidencia? 

Siempre son los derechos básicos: salud, trabajo y educación. La segregación también es muy fuerte. Lo importante son esas ganas de ser más felices, la esperanza y la alegría. Esta nueva Constitución es un símbolo, porque este es un proceso largo. 

¿Cómo ve la fotografía en la actualidad? 

Hoy eso se democratizó y eso es muy importante, pero también es importante tener una épica y saber en qué momento mostrar ciertas cosas porque, con esta  herramienta potente del celular-cámara, aparece de todo. Es como el ojo de Dios que está en todas partes.

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Imagen capturada por Álvaro Hoppe durante el estallido social.

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Imagen capturada por Álvaro Hoppe durante el estallido social.

El archivo de Álvaro Hoppe comprende más de 135 mil imágenes, sin embargo, la muestra de las fotografías sobre el plebiscito del 88 sólo corresponden a un pequeño fragmento de esa memoria. Por ello, el fotógrafo señala que esta es una primera bajada y que ya vendrán muestras vinculadas al teatro chileno, la arquitectura, el canto, el Barrio Bellavista y el Movimiento contra la tortura Sebastián Acevedo. Según afirma, aún quedan muchas imágenes que rememorar de ese archivo construido desde las calles y para las nuevas generaciones.