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Francisca Peró, directora ejecutiva del Teatro Biobío: “Hay una experimentación permanente y eso ha sido muy desafiante”

Este jueves, el espacio cultural inaugurado en 2018 retomará su programación presencial. Pero, en ningún caso el escenario volverá al ajetreo de los días de la pre pandemia. Bajo un estricto protocolo y con una cartelera flexible, ahora el teatro busca reconectarse con su público, pero apostando por un cronograma marcado por la precaución y la interdisciplinariedad de sus proyectos.

Abril Becerra

  Miércoles 21 de julio 2021 18:03 hrs. 
francisca peró


La pandemia marcó un antes y un después para el sector de la cultura y las artes. Francisca Peró, directora ejecutiva del Teatro Biobío, lo sabe perfectamente. Desde su posición como gestora, fue testigo de cómo las puertas de los espacios culturales se fueron cerrando y cómo las y los trabajadores del sector debieron enfrentar una crisis impensada. 

“Fue muy desolador ver los teatros vacíos, porque el fundamento principal de las artes es estar en vivo y el encuentro con las personas en un espacio público es muy significativo”, comenta la gestora vía Zoom. “En general, por la formación que tenemos, las funciones nunca se suspenden, salvo por una tragedia. Entonces, fue muy fuerte”, añade. 

Pero hoy, los espacios culturales enfrentan una nueva etapa. Esto, ya que producto de las modificaciones al Plan Paso a Paso, gran parte de los centros artísticos del país podrán retomar sus actividades presenciales.

El Teatro Biobío también será parte de esta reapertura, pero, según advierte Francisca Peró, en ningún caso el quehacer del escenario regresará al ajetreo de los días de la pre pandemia. Ahora, el espacio avanzará hacia una labor marcada por la puesta en marcha de un estricto protocolo sanitario a la vez que impulsará una cartelera híbrida. 

Nada volverá a ser lo mismo y es que, en confinamiento, el mismo Teatro Biobío fue transformándose y hoy su propuesta tiene mucho que ver con la experimentación y con la interdisciplinariedad de sus proyectos. “Hubo un aprendizaje súper interesante”, dice la directora ejecutiva del espacio.    

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¿Cómo el Teatro Biobío enfrentó este proceso de confinamiento? 

Al inicio de la pandemia, el Teatro Biobío cumplía dos años. Estábamos en nuestro mes de aniversario y teníamos una cantidad importante de programación, pero llegó la pandemia y todo quedó, literalmente, congelado. Tuvimos que cerrar las puertas el 16 de marzo. Fue una situación como de película de ciencia ficción. Había una sensación física muy extraña con las ciudades vacías, sin autos y la responsabilidad de cuidar la salud de las personas que seguían trabajando en el teatro, porque el edificio siguió funcionando en cuanto a las mantenciones de aseo y seguridad. Al poco tiempo nos fuimos reinventando para trabajar en una programación digital y no dejar a nuestro público abandonado. Así fuimos enfrentando la pandemia

Y, en su caso, ¿cómo se da el proceso de adaptación a la virtualidad? 

Al principio generamos contenidos virtuales con los actores y actrices por Zoom y, a fines de octubre de 2020, nos transformamos en un set de grabación. Tuvimos transmisiones en vivo con Manuel García y obras de artistas locales, porque tenemos un foco de artistas de la región súper importante. Nosotros queríamos tener una alternativa digital y la pandemia lo aceleró. Queríamos generar un archivo, un buen registro de obras a cuatro cámaras y tuvimos que invertir para tener ese equipamiento. Nos pasó que, al momento de programar, había muy poco registro de obras importantes. Las obras habían sido registradas por un ejercicio de memoria en una pantalla plana y eso era una experiencia muy poco atractiva. Entonces, dar ese paso fue motivador. Nos permitió vincularnos mucho más con el mundo audiovisual, traerlos al teatro y enfrentar a los directores o a los artistas a pensar en nuevas formas de trabajar y conectarlos con directores de otros países. Fue muy motivador, pero sigue siendo súper desolador estar en una sala vacía para el artista.

En este nuevo contexto, ¿qué fue lo que cambió en cuanto a la gestión de un espacio como el Teatro Biobío?

Hasta ahora, los espacios culturales trabajan con una planificación a futuro muy importante. Eso cambió. O sea, ahora armas y desarmas todo el tiempo. Estamos programando cada dos semanas. Por otro lado, los protocolos de seguridad son un tema muy serio. Hay que trabajar con prevención de riesgo de manera permanente y eso cambia toda la forma de trabajo en el escenario, en camarines, en el ingreso de personal, en el ingreso de público. Tomamos muy en serio esto para que no se produzcan brotes o fallecimientos. Hay que ser muy riguroso. Ahora, el teatro se ha transformado en un espacio donde uno puede hacer un ensayo técnico, un concierto, pero todavía no puedes tener más de 10 personas en el escenario. Entonces, se programa de acuerdo a eso. No se podría hacer La Pérgola de las Flores, por ejemplo. Toda esa forma de trabajo cambia, porque va en función de cumplir la norma sanitaria y lo artístico también se ve desafiado. 

¿Podríamos hablar del centro cultural como un espacio de experimentación? 

Si. En alguna medida es un espacio de experimentación. Estamos trabajando ahora en una coproducción con el teatro de la UC y estamos experimentando en obras que tienen una actriz en Santiago y otra acá. Hay una experimentación permanente y eso ha sido muy desafiante, desde una perspectiva positiva. Antes habían muchas obras en la programación, 24 presentaciones artísticas al mes y con mucho público. Ahora ha habido tiempo para experimentar y profundizar en el quehacer y me gustaría que pudiéramos mantener ese aprendizaje. 

Uno percibe que las artes están mucho más entrelazadas que en otros momentos… 

Así es. Y hay mucha gente que va a seguir viendo las artes escénicas desde sus casas. Además, permites que personas que viven lejos, que no se pueden movilizar, tengan acceso. Debemos trabajar para que eso siga ocurriendo. 

Entonces, ¿podría decirse que fue un proceso positivo? 

O sea, ese es el aspecto positivo que uno puede observar, pero por toda la dificultad que ha enfrentado el mundo creativo, se ve empañado. Sin duda que la situación para el sector es muy compleja, pero sí ha habido una situación positiva. Como Teatro Biobío pusimos foco en dos líneas de trabajo que veníamos con intención de desarrollar, que es lo digital y los laboratorios o las residencias o la investigación artística y pudimos enfrentarlo más rápido de lo que teníamos planificado. Eso es algo que queremos sostener en el tiempo. 

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¿Cuál es tu opinión sobre las modificaciones al Plan Paso a Paso? 

Hay un poco de confusión con las modificaciones, porque lo que está publicado a la fecha tiene una indicación de aforo más restrictiva de lo que declaró el Ministro de Economía hace unas semanas, donde dijo que se iba a poder tener 500 personas en espacios que tuvieran determinadas características. Esa declaración todavía no se oficializa. Se supone que debiera salir en una resolución. Cuando salga, recién ahí podemos implementarla, por lo tanto, las medidas, si bien son un poco menos restrictivas que hace un mes, todavía implican que una sala como la nuestra, que tiene mil 200 butacas, apenas puede tener 175 personas, incluyendo a artistas y trabajadores. Es decir, hemos puesto a la venta 150 tickets. Obviamente, para un espacio 100 por ciento independiente eso sería insostenible. Afortunadamente, a pesar de que los recursos se han visto disminuidos, nosotros todavía podemos hacer funcionar la sala en determinadas ocasiones con ese aforo, pero no es sostenible en el tiempo, aunque igual es mejor que antes. 

Ahí hay un tema con el metraje que debería pasar de 8 metros a 4… 

Eso es lo que se tiene que formalizar en una resolución sanitaria. Ahí podríamos tener un poco menos de 500 personas y todo eso con pase de movilidad. Pero nosotros también tenemos que pensar en que las familias. Los niños y niñas necesitan mucho acceder a las artes escénicas y ellos no están vacunados, por tanto, vamos a tener que generar instancias de programación sin pase de movilidad. No podemos excluir a las personas más jóvenes. 

Este jueves, el Teatro Biobío reabre sus puertas, ¿qué medidas implementaron para esta etapa? 

No se puede comer en el teatro, la compra de ticket es sólo online, es decir, no va a haber boletería presencial, tienes que ingresar tus datos cuando compras la entrada para que esté individualizada la persona y el número de asiento. Los asientos también están separados, No te puedes sentar al lado de tu pareja, porque así está diseñada la sala. En esta oportunidad, también vamos a exigir el pase de movilidad y lo vamos a escanear. Estamos tomando la temperatura, habrá alcohol gel y el ingreso será por grupos para evitar aglomeraciones. Tampoco te puedes sacar la mascarilla. Afortunadamente, nuestro teatro es muy grande y tiene un sistema de ventilación y extracción de aire muy bueno, o sea, es un teatro seguro. 

¿Con qué tipo de actividades regresarán a la presencialidad?

De momento, tenemos este jueves un concierto de música de una banda de Concepción que se llama Ala Vorágine. Vamos a partir con música y, en paralelo, vamos a seguir con la cartelera virtual que también está enfocada en la música, pero lo que más nos entusiasma es ver cómo va a ser la experiencia de este jueves. Eso nos pone contentos.. 

¿Algo más que se pueda adelantar? 

Por ahora, estaremos una vez a la semana, pero se viene We Are The Grand. Estamos viendo cómo vamos a funcionar en agosto, porque tenemos que pensar qué pasa si retrocedemos a Fase 2. Entonces, además el concierto en vivo igual lo vamos a grabar por si nos vamos a cuarentena. Así podemos retransmitir en otra fecha o en otro contexto. Todo siempre tiene que estar pensado en que el Paso a Paso puede retroceder. De esa manera vamos evaluando. Ahora, la sorpresa va a ser muy bonita para la gente que vive acá.

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