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Año XIV, 2 de julio de 2022

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El hambre, la otra pandemia: organizaciones campesinas alertan que la soberanía alimentaria debe “venir acompañada de la ecología”

También preocupa la caída significativa del uso de suelos agrícolas en el país.  "Si agregas lo que está ocurriendo con la pandemia, la crisis de Ucrania, la disminución de fertilizantes y semillas" reflexionó la senadora Alejandra Sepúlveda.

Osciel Moya Plaza

  Domingo 12 de junio 2022 9:42 hrs. 
agricultura

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El aumento sostenido de los precios de la canasta básica es una preocupación permanente de cada familia. Los productos más golpeados con la inflación son el pan, cereales y legumbres. Estos hechos no solo están dando cuenta de la realidad económica del país, sino también de la problemática que se ha instalado sobre la crisis alimentaria que amenaza a todo el mundo. Un tema que también fue abordado en la reciente Cumbre de las Américas.

En julio de 2020, cuatro agencias de las Naciones Unidas,  la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA), la Organización Mundial de la Salud (OMS), el Programa Mundial de Alimentos (WFP), y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), lanzaron el informe “El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo”.

Según el documento, en América Latina y el Caribe es donde más rápido se está incrementando la inseguridad alimentaria. 47,7 millones de personas en la región padecen hambre y en Chile, casi tres millones de personas no tienen acceso regular a alimentos suficientemente nutritivos.

El informe señala que en Chile un 15,6% del país (2,9 millones de personas) tiene algún tipo de inseguridad alimentaria (moderada o severa) y que actualmente un 3,8% de la población (700 mil personas) padece inseguridad alimentaria severa, es decir  personas que a menudo se quedan sin alimento y pueden llegar incluso a pasar un día, o varios sin comer.

En el día a día, las personas observan cómo el acceso a la alimentación se ha hecho más complejo. Muchas familias recurren a las tarjetas de crédito para comprar mercaderías. El último informe del INE sobre el  Índice de Precios al Consumidor (IPC) registró una variación de 1,2% en mayo de 2022, acumulando un aumento de 6,1% en lo que va del año y un alza a doce meses de 11,5%. Entre los alimentos que más aumentaron sus precios aparecen el pan, los cereales y las legumbres.

Todo esto se da en el contexto de crisis climática y  de la pandemia que afecta al planeta, que tienen un efecto directo sobre el consumo de alimentos. Por ello distintos sectores han expresado su preocupación, como también la urgente necesidad de enfrentarlo. Desde el Senado, el legislador Iván Flores propuso crear un Comité de Seguridad y Soberanía Alimentaria. Por otro lado, las organizaciones campesinas hablan del derecho de los pueblos a producir sus propios alimentos de acuerdo a su identidad cultural, que es lo que conocen como soberanía alimentaria. En concreto, se trata de tomar medidas para enfrentar el hambre, lo que muchos consideran la otra pandemia que se nos viene.

Terrenos improductivos

Otro elemento que se suma a este escenario, es la caída significativa del uso de  suelos agrícolas del que ha advertido la Senadora por la Octava Circunscripción Electoral, Región del Libertador General Bernardo O’Higgins, Alejandra Sepúlveda, de la Federación Regionalista Verde Social.

La legisladora recordó que hace más de un año viene trabajando con distintos sectores y que el último Censo agropecuario dado a conocer en el mes de enero de este año, da cuenta de este problema. “Es algo que hemos venido repitiendo por lo menos hace un año. Hoy tiene más consistencia cuando vemos las cifras del último Censo Silvoagropecuario, el último que se hizo fue año 2017,  y este censo 2020-2021,   que se aplica antes de la pandemia”, señala.  Indicó que se trata de terrenos que están absolutamente improductivos y que en algún minuto fueron parte de la producción nacional.

La importancia de este estudio radica en que, en la práctica, da cuenta que hay una disminución persistente de las hectáreas cultivables, y por lo tanto, de la alimentación. Según el censo, hay una merma de 12% en cereales;  28% de cultivos industriales; un 35% menos de hortalizas y de  leguminosas la baja es de 32%, señala la Senadora.

“Uno se da cuenta que con estas cifras que son, además de un censo y no de una muestra, muy estructurales cuando revisas la serie en el tiempo,  te vas dando cuenta que está bajando sustancialmente. Hoy día las cifras para nosotros son muy decidoras. Tenemos 1.114.000 hectáreas menos sin producir, que antes sí estaban cultivadas y hoy no tenemos nada. Si agregas lo que está ocurriendo con la pandemia, con la crisis de Ucrania, con la disminución de fertilizantes, de semillas, etc. Y una cifra que además del millón hectáreas,  existe un 20% de disminución de la intención de siembra en relación a estos temas que son más bien internacionales”, indicó la legisladora.

Son distintos los factores que influyen en esta situación, como la sequía, los tratados internacionales, la falta de apoyo estatal, entre otros. “Hay un problema estructural,  y tiene que ver con muchas cosas. Está la presión de los tratados internacionales,  la mayoría de los productos vienen de fuera,  los costos de producción han aumentado,  la complicación de la sequía,  la edad de los agricultores que no hemos tenido un recambio fundamentalmente en la agricultura familiar campesina,  la falta de apoyo del Estado que también que ha ido consistente con la  baja en los presupuestos de Agricultura y la focalización hacia la pequeña agricultura.  Por lo tanto, hay factores estructurales como también la sequía que ha sido dramática en los últimos 10 años en el país”, señaló la senadora.

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Alejandra Sepúlveda

Respecto de los tratados internacionales, Sepúlveda reconoce que éstos han tenido un “efecto negativo para la pequeña agricultura familiar campesina y también negativo para sustentar productos básicos en la canasta familiar. Además, nosotros siempre planteamos que uno podría firmar tratados internacionales, que para un sector el frutícola ha sido muy importante. Sin embargo,  para la producción nacional, para el consumo nacional, estos tratados internacionales como  no existió el apoyo del Estado para poder sustentar esta alimentación que si existen otros países como en Europa,  ha perjudicado y hoy día tenemos la situación que nos refleja el censo agrícola”

La senadora Sepúlveda indicó que toda esta situación ha sido planteada a los ministerios de Agricultura, Hacienda y Economía, incluso al Banco Estado y por ello se hace necesario hacer  ajustes presupuestarios para estimular la siembra.

“Hoy tenemos que focalizar estratégicamente.  Primero tratar de aumentar el presupuesto en el ministerio de Agricultura que tiene el 1.13% del presupuesto de la Nación,  ni siquiera llegamos al 2%. El ministerio de Agricultura necesita más recursos porque si además lo conectas con la inflación,  donde hay un aumento sostenido (…) casi el 80 o   90% del incremento está en el pan,  cereales, hortalizas, legumbres, etc. Entonces necesitamos incorporar más recursos en la cartera para producir alimentos, pero además con una visión estratégica ante la alimentación de los chilenos y chilenas”, añadió la legisladora.

Reconoció que si bien existe el programa del gobierno que se llama “Siembra por Chile” del ministerio de Agricultura que destina un bono de apoyo de 200 mil pesos por hectáreas,  a su juicio es insuficiente. “Cuando te das cuenta de la estructura de costo por hectárea, en trigo, en papa, en hortalizas, es absolutamente insuficiente. Entonces lo que nosotros estamos planteando, y así lo conversamos con el ministro de Hacienda, de Agricultura, el presupuesto de la Nación tiene que también abocarse a la agricultura”, agregó. También expresó que se debe reforzar todo los relacionado con el riego y “tener un presupuesto estratégico,  no con piloto automático, que permita focalizar hacia la alimentación que es lo que necesitamos hoy día”.

Soberanía alimentaria campesina

Desde el mundo campesino, la respuesta a esta creciente crisis alimentaria es clara: “Menos pinos, más trigo”. Así lo plantea el presidente de la Confederación Nacional Sindical Campesina del Agro y Pueblos Originarios Ranquil, Osvaldo Zúñiga, quien sostiene que las crisis se construyen, no aparecen de un día para otro. “Se van generando condiciones para ello y en esto nosotros podemos decir ´menos pinos y más trigos´. El decreto 701, que es muy criticado y esperamos su pronta desaparición,  fomentó la plantación de pino y eucaliptus desde el año 1974 y se destinaron gran cantidad de suelos que eran trigueros y cerealeros a este tipo de monocultivos, lo  que permitió una enorme concentración de la tierra”, destaca el dirigente campesino.

Zúñiga recordó que desde la imposición de ese decreto, el ministerio de Agricultura siempre estuvo hablando de la reconversión agrícola y Chile pasa a denominarse “potencia agroalimentaria y forestal”. Para las organizaciones campesinas, esto no correspondía porque “Chile producía vino y postres y las políticas públicas se dedicaron al modelo agro-exportador y eso lo que generó fue el descuido total de la agricultura familiar campesina indígena principalmente”.

El dirigente indicó que de esa manera “se dejó de cultivar los cultivos básicos de alimentos en nuestro país con las consecuencias que hoy día arribamos. No se quiso escuchar nuestras propuestas que venimos planteando hace más de 25 años y que es el principio de la soberanía alimentaria. Planteamos que esa soberanía tenía que venir acompañada de la  ecología para sacar a la agricultura familiar de la dependencia de los insumos de las grandes trasnacionales y hoy día nuestra propuesta tiene que ser tomada y el gobierno redefinir las políticas públicas”.

Sobre la pérdida de suelos destinados a la agricultura, el dirigente campesino afirmó que hay varios factores, como el aumento de las parcelas de agrado, el uso de los suelos agrícolas para el negocio de las inmobiliarias o la instalación de generadoras eléctricas fotovoltaicas, en algunos casos. A esto se suma la competencia de las inmobiliarias por el uso del agua y la sequía que afecta al país. “Aquí hay una falta de políticas públicas. La Comisión Nacional de Riego  puso sus recursos en la gran empresa,  proyectos que ellos llamaron viables. Es decir,  la agricultura familiar campesina dejó de ser viable para este modelo salvaje que se instaló y creció mucho en los campos de nuestro país”, indicó Zúñiga.

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Osvaldo Zúñiga

El dirigente afirmó que pese a lo adverso que se ve todo, es posible recuperar la agricultura familiar campesina y para ello se necesitan políticas públicas como acercar el riego a la comunidad, fortalecer a la organización y el ministerio de Agricultura y sus servicios, deben estar a disposición  para regular,  fiscalizar.

“Tengo  mucha confianza que si el gobierno se pone a reformar los programas a redestinar recursos a fortalecer la organización campesina para poner objetivos prácticos, que es el tema de la alimentación, el campesinado lo va a comprender y entender así. El campesinado de nuestro país está construido en el principio de la solidaridad,  por eso creo que es posible hay destinar  todas las voluntades ”.

Finalmente, Zúñiga indicó que como organización del campo, están articulados a nivel latinoamericano y mundial y han planteado en todas las instancias, incluida la FAO, impulsar   la  soberanía alimentaria que no es más que el derecho de los pueblos a producir sus propios alimentos de acuerdo a su identidad cultural.

 

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