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Proceso Constituyente

Milei y el sueño de Chile: deseos de ultraderecha y el proceso constitucional chileno


Domingo 26 de noviembre 2023 9:52 hrs.


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Apenas fue electo presidente en Argentina, Javier Milei anunció como primera medida de su futuro gobierno una ola de privatizaciones: de la petrolera YPF, de la empresa de energía ENARSA, de la compaña de agua y saneamiento Aysa, de los ferrocarriles, de la Televisión Pública, de la Radio Nacional y la agencia de noticia estatal TELAM. Pablo Biró, dirigente sindical de aerolíneas declaró que, si Milei ‘’quiere tomar aerolíneas, tendrá que matarnos’’. 

El mantra de Milei es que ‘’todo lo que pueda estar en las manos del sector privado, va a estar en las manos del sector privado. Todo lo que hace el sector público lo hace mal’’. En ese plan de privatizaciones se incluyen la educación, la salud y las jubilaciones, las que por ahora se han postergado a la espera, según el mismo Milei ha dicho, de ‘’racionalizar y ‘’equilibrar’’ otras cosas de la economía primero. 

¿Quién es Javier Milei, el portador de estas ideas privatizadoras? El mismo se ha definido como un ‘’liberal libertario y anarquista de mercado’’. Como anarcocapitalista, Milei cree en la completa autorregulación del mercado abogando  por la reducción de cualquier intervención del Estado hasta llevarla a su mínima expresión, bajo el horizonte de su desaparición. Como el mismo ha señalado en reiteradas ocasiones, ‘’considero al Estado como un enemigo’’. 

Lo paradójico es que ideas radicales como estas, que se sitúan en lo más extremo del arco político a la ultraderecha de todo, tienen para Milei una referencia practica: Chile. Así, por ejemplo, consultando sobre las obras públicas en desarrollo en Argentina, Milei anunciaba que estas se llevaran a cero y las que están en curso serían licitadas para ‘’ir a un sistema de iniciativa privada a la chilena’’. Algo similar señaló en campaña respecto a implementar un sistema educativo como el chileno en base a váuchers. Y es que en efecto Chile se encuentra, ya no en el terreno de las ideas, sino en cuanto al sistema económico y  a las políticas públicas que nos rigen, en el extremo de la regulación comparada a nivel internacional. Un país que, a modo de figura literaria tragicómica, puede ser calificado como la norcorea del capitalismo internacional por lo que no es nada extraño que un candidato anarcocapitalista y ultra-radical de derecha mire a Chile como modelo y referente. 

Lo que no es ninguna figura literaria ni tragicomedia sino derechamente, valga la palabra, una tragedia, es que Chile deberá votar en poco más de dos semanas entre mantener la Constitución de 1980 de Pinochet y Guzmán que ha permitido este modelo extremo admirado por anarcocapitalista o avanzar aún más hacía la derecha- aunque ella pareciera imposible hace solo un par de años- constitucionalizando AFPs e Isapres, negocios que han hecho multimillonarios a sus dueños y pobres a sus usuarios, o eliminado sistemas de recaudación distributivos que financian a las municipios más pobres, como las contribuciones, a costa de favorecer a la población propietaria más rica del país.

El contenido de la nueva propuesta constitucional que vuelve aún más extremo un modelo extremo como el chileno, no es extraño si se mira la composición del Consejo Constitucional donde republicanos, un partido de ideas similares a las de Milei y liderado por Kast, tenía mayoría. Entre sus máximos lideres destaca Luis Silva, un fanático religioso numerario del Opus Dei -una especie de sacerdote laico- admirador de Jaime Guzmán, o Antonio Barchiesi, mano derecha de Kast quien tuvo declaraciones indicando que la condena a Miguel Krassnoff, uno de los máximos genocidas de la dictadura, podía ser un error de los tribunales o declarando que la actriz chilena ganadora del oscar Daniela Vega era un hombre. 

Un escenario, tomando la expresión de un humorista nacional, dantesco y no extraño pues, aunque no era una tarea nada de fácil escribir una constitución más extrema que la actual, sabemos que es común que los fanáticos sean muchas veces más dogmáticos que los ídolos que admiran, como ocurre con Silva, Barchiesi y compañía, fanáticos de la dictadura, que lograron escribir un texto más extremo que el que soñó Guzmán y Pinochet, realizando en el proyecto de constitución sus deseos más profundos. 

Ello ha dejado a la izquierda en un lugar difícil, teniendo que pelear porque se mantenga la Constitución actual, la que se ha luchado por cambiar, al menos en el discurso, durante décadas. Ello ha llevado a imposturas absurdas como la del exministro Vidal quien, cuando varios lo proponían como vocero de la campaña en contra del texto, no se apuró en decir que ‘’esta es ya la Constitución de Lagos, de Pinochet no queda nada’’, algo absurdo y totalmente falso en términos del modelo de Estado que consagra la Constitución actual, el cual no ha sido alterado. 

Así es como Chile pasó de ser la posible ‘’tumba del neoliberalismo’’ a convertirse en el modelo de anarcocapitalistas y en el deseo de fanáticos religiosos y pinochetistas. Todo esto con la absoluta aquiescencia de la elite empresarial, la que rápidamente olvidó el tono autocritico y la disposición a reformas de octubre de 2019, para llamar a aprobar el proyecto de nueva constitución emanado del Consejo Constitucional que terminará de constitucionalizar y profundizar el modelo que los ha hecho multimillonarios en un país donde la mitad de los chilenos y chilenas ganan menos de $503.000. 

Quedará para la clase trabajadora la lección aprendida de que las autocriticas y las promesas de reformas que la elite empresarial y política realizaron cuando estaban apretados por la situación social del país nunca fueron ciertas y que los cambios solo son realmente posibles cuando existe presión política y social del movimiento de trabajadores/as y social desde la calle, la movilización y la huelga productiva y reproductiva. Para la clase empresarial queda la lección no aprendida de que el elástico se corta, que el péndulo de la política, tarde o temprano, vuelve al lugar donde estaba y que el malestar de décadas de precarización, bajos salarios y falta de derechos del pueblo no era solo un espejismo, sino una rabia que todavía late con fuerza. 

 Ya en 2003 Jorge González, siempre visionario, componía los versos ‘’Ultraderecha/Compra la Iglesia/Vende el Estado (…)/ Libertad Para vivir en la miseria (libertad)/ Para morir en la cárcel por deudas (libertad)/ Para torturar al esclavo (libertad)/ Para proteger al millonario (libertad)/ Para globalizar el hambre (libertad)/ Para dejar hecho mierda el planeta (libertad)/ Defensores del derecho a estafarte’’. El vocalista cantaba una realidad sin saber que al mismo tiempo era premonitoria de una situación aún peor. ¿Se volverá más real y profundo el modelo de ultraderecha en el que vivimos en Chile? La decisión dependerá del pueblo y su voto. 

Axel Gottschalk

Abogado laboralista