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El futuro sin ciudadanía al que aspira el duopolio

Paula Campos |Martes 2 de mayo 2017 7:07 hrs.

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La única preocupación de los dos principales conglomerados políticos del país es obtener el mejor resultado electoral para mantenerse en el poder. En esa ecuación, la ciudadanía no es una variable determinante.

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En la que es la semana cumpleaños de la Nueva Mayoría (usando esta fecha como un mero hecho referencial), se puede hacer una revisión rápida de lo que ha sido la política nacional en el último tiempo: corrupción y descrédito que, en resumen, se pueden concentrar en una oración: pese a lo vivido, a los implicados no les importa lo que piense la ciudadanía.

Las primarias son el mejor ejemplo de la afirmación. Cuando explotaron los escándalos de corrupción, las clases gobernantes se apuraron por conformar una comisión que planteara estrategias para limpiar la imagen. Así, en el categórico diagnóstico emitido por el grupo liderado por Eduardo Engel se concluyó que la designación “a dedo” de los candidatos era un muy mal ejercicio, por lo tanto, las primarias legales serían el mejor antídoto para erradicar esta práctica antidemocrática.

Todos convinieron en el diagnóstico. Desde todos los sectores políticos reafirmaron su compromiso con los electores y prometieron que, de ahora en más, sería la ciudadanía la que definiría el nombre que se llevaría a la papeleta presidencial de cada bloque: nunca más los partidos tomarían esa definición a puertas cerradas.

Ni siquiera una elección alcanzó a durar esa promesa.

A exactos dos meses de la fecha legal para la elección primaria, el panorama es desolador: en la Nueva Mayoría, la Democracia Cristiana optó por el camino propio, desechando la competición interna; Chile Vamos cumplirá con la justa, pero casi por obligación (porque Sebastián Piñera hizo todo lo posible para saltarse el trámite); y el Frente Amplio recorre desesperadamente las calles para recolectar las firmas y poder cumplir con el requisito legal de la inscripción de su más valorada candidata: la periodista Beatriz Sánchez.

Lamentablemente las “no primarias” no son el único ejemplo de la forma en la que los gobernantes ignoran a sus electores, al pueblo. La conmemoración del Día del Trabajador es otra muestra de la realidad nacional: La CUT, organización llamada a reunir la fuerza laboral del país, no tiene ninguna validez para sus representados.

Las viciadas elecciones de directiva no son el único problema. A este deplorable hecho se suma la ausencia de la Central en las discusiones claves para el mundo del trabajo: Reforma Laboral, sueldo mínimo y políticas de empleo son claros resultados de un mundo laboral sin poder ni protección, solos contra las definiciones del mercado. 

El diagnóstico de los expertos es que la CUT está absolutamente cooptada por los partidos a los que pertenecen sus directivas, volviéndolas serviles a los deseos de las mismas cúpulas gobernantes, anulando así toda verdadera representación sindical.

Un tercer ejemplo de la desatención política con los verdaderos problemas de la gente es que a siete meses de las elecciones presidenciales, las agendas de los candidatos no están marcadas por las reuniones con los trabajadores. Tampoco con los estudiantes o el movimiento No+AFP, tres de las expresiones más concretas del Chile real. En contraposición, hemos visto como Sebastián Piñera, Carolina Goic y Alejandro Guillier, se pasean sin problema por cumbres empresariales, los verdaderos gobernantes del país.

Ejemplos que bastan para confirmar que a ellos nada les importa, o mejor dicho: solo les importa perpetuarse a sí mismos, bloqueando todo intento de sacarlos del poder.

En la Nueva Mayoría hubo quienes se escandalizaron porque la DC llevará su propio candidato. Los condenaron por romper una tradición de 27 años, en los que el bloque de centro izquierda aparecía en la papeleta final con un único nombre de “unidad”. Algo irrelevante para un pueblo que desde 1973 es completamente ignorado por sus gobernantes.