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Comentario de cine:

“Dios mío, ¿Pero qué te hemos hecho?”: Francia Remix

Más de 12 millones de espectadores en Francia hicieron de este filme la cinta más taquillera del cine galo en 2014, y se puede entender el interés de los franceses en encontrarse con este retrato ligero de la nueva Francia en donde lo menos corriente es la “pura cepa”.

Antonella Estévez

  Domingo 26 de abril 2015 12:17 hrs. 
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Los Verneuil son una pareja burguesa católica de provincia. Tienen cuatro hijas adultas y cada una de ellas ha ido escogiendo pareja fuera del círculo convencional de sus padres. Así al inicio de la película los Vernuil tienen entre su familia política a un judío, a un musulmán y a un chino. La hija menor es la esperanza de los padres de tener por fin un yerno “como Dios manda”, pero ella tiene otros planes. Esa es la premisa de esta cinta francesa que llega a salas nacionales luego de ser el mayor éxito en taquilla de su país desde “Intocables” del 2011, y que ha tenido críticas dispares.

La película es al mismo tiempo previsible y encantadora. La historia no sorprende, pero se deja ver con una sonrisa en la cara –y si uno está de ánimo- con más de alguna carcajada. Es un tipo de humor bien intencionado, familiar y muy al estilo del clásico francés Luis de Funès. Hay muchos chistes sobre el racismo y los prejuicios, pero no desde un humor corrosivo, sino desde el espacio de la corrección política lo que funciona a cierto nivel, pero le quita potencia y agudeza crítica al tema que es hoy uno de los mayores desafíos de las naciones globalizadas.

Difícil no acordarse de la memorable “Adivina quién viene a cenar” (1967) en donde los estupendos Katherine Hepburn y Spencer Tracy interpretan a los padres de una entusiasta joven a punto de casarse con un doctor afroamericano (Sidney Poitier). Ante el anuncio, el discurso progresista de los padres se pone a prueba ante el temor de las dificultades que suponen tendrá la pareja en una sociedad que no está preparada para los matrimonios mixtos. Aunque hay semejanzas, el tono de ambos filmes es absolutamente distinto. La sociedad de los sesenta quedó atrás, ante el desafío de hoy que son los prejuicios que aún permanecen aunque vivamos unos junto a otros. Eso es lo que intenta abordar, muy superficialmente, “Dios mío, ¿Pero qué te hemos hecho?” y desde sus limitaciones diríamos que lo logra.

Entrar en la realidad de la Francia mestiza contemporánea es tema complicado, y esta película lo hace con cierta inocencia sin complejos que la hace muy fácil de ver, pero que puede frustrar al espectador que busque una mirada más crítica, ya que el filme ni siquiera tiene en sus objetivos adentrarse en las profundidades del problema. Lo que hay aquí es un retrato luminoso y esperanzador en donde los problemas se resuelven con una disculpa y una buena comida. Pedirle más a esta comedia para todo espectador es pedirle mucho.