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Año XV, 9 de febrero de 2023

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Politólogo estadounidense: “Sería raro que la Nueva Mayoría sobreviva a largo plazo”

El politólogo Kenneth Roberts presentó su último libro “Cambiando el rumbo en América Latina: Sistema de Partidos en la Era Neoliberal” esta última semana en Santiago. En entrevista con Radio Universidad de Chile abordó los efectos que el neoliberalismo ha tenido sobre la escena política nacional y su proyección en un contexto de desconfianza ciudadana en las instituciones.

Adélie Pojzman-Pontay

  Martes 5 de abril 2016 11:13 hrs. 
Kenneth Roberts

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El nuevo libro del profesor Kenneth Roberts, profesor de ciencias políticas y estudios latinoamericanos de la Universidad de Cornell, se enfoca sobre los efectos políticos de la implementación del neoliberalismo en toda la región, reflejando sobre las diferentes trayectorias políticas que esa transición económica implicó. Roberts plantea que existe una paradoja propia al sistema democrático que se desarrolló en América Latina en los últimos 30 años. Por una parte, una gran estabilidad, con pocos golpes de Estado, y con la institucionalización de la competición electoral, donde los partidos políticos se volvieron en los intermediarios entre la sociedad y el Estado. Por otra parte, ahora existe una gran crisis de confianza entre la población y esos mismos partidos.

El libro, presentado en el Universidad Diego Portales, explora esta contradicción y sus consecuencias al nivel regional, y en particular le preguntamos sobre su análisis con respecto de la situación chilena.

¿Se puede atribuir al sistema neoliberal el creciente desinterés por la política en gran parte de la población chilena y latinoamericana?

Creo que sí eso podría ser verdad. Creo que también hay muchas cosas que convergen para que la gente pierda su interés en la política. Hay fuerzas culturales y sociales que también están trabajando. No pienso que solo es el neoliberalismo, pero sí pienso que hay una cierta lógica que está diseñada para sacar asuntos sociales de la esfera política, y para relocalizarlos en la esfera del mercado. Entonces sí existe una lógica para despolitizar el trabajo, la salud y la educación, para que se trasladen al sector privado o al Mercado. Pero también creo que hay una gran contradicción porque esa dinámica sí puede funcionar para algunos grupos, o para un tiempo, pero también puede tener efectos muy distintos u opuestos. A veces, el neoliberalismo va politizar algunos asuntos, como la educación en Chile, porque ahora la gente se moviliza en contra de la desigualdad y de las inseguridades que nacen cuando temas sociales se ven relegados al mercado. Entonces, pienso que el neoliberalismo puede tener efectos muy contradictorios, y si puede contribuir por un tiempo a una despolitización, también puede activar la población. Entonces esas cosas varían.

¿Cree que la despolitización de esos asuntos sociales era un esfuerzo consciente por parte de los que implementaron el neoliberalismo?

Creo que hay que analizar lo que pasó en Chile, después de la experiencia de Allende y la extrema polarización ideológica de esa época, cuando había una gran movilización popular en los años 60 y 70. Obviamente, el régimen de Pinochet fue diseñado para desactivar la sociedad, para desmovilizarla, y para sacar muchos asuntos del marco político. Entonces, el poder militar tomaba las decisiones tecnócratas, existía un régimen

autoritario que no proveyó canales de participación para la población. La lógica bajo Pinochet era justamente despolitizar a la sociedad y de estimular la gente a retirarse en su esfera de actividades privadas. Vas al trabajo, a la escuela, te dedicas a tu familia, tus asuntos privados, y te quedas fuera de la política. Este tipo de despolitización fue profundamente incrustado en la Dictadura. Lo que pasó durante la transición hasta la democracia es que esta lógica continuó porque los partidos de la Concertación, que eran opositores a la Dictadura y originalmente al modelo neoliberal, necesitaron la comunidad comercial para mantener una estabilidad económica durante la transición política y en ese momento los grupos de izquierda al interior de la Concertación dejó sus ambiciones reformistas. Finalmente, lo que quedó fue una transición democrática que continuó la lógica tecnócrata para responder a los problemas sociales. Creo que existió un esfuerzo para que esos asuntos no se politizaran, y Chile se quedó con una movilización social muy baja. Ahora esta matriz está cambiando, la sociedad se ha movilizado de nuevo y esos están de nuevo en la agenda política.

¿Existen, a su juicio, elementos particulares y propios de la realidad política chilena en relación con el sistema neoliberal, que no estén presentes en el resto de América Latina? ¿Cuáles serían ellos?

Chile, por supuesto, fue el país que abrió el camino para el modelo neoliberal. Chile fue el primer caso de implementación del neoliberalismo, bajo la influencia de los Chicago Boys en 1975. Prácticamente todos los países de América Latina siguieron el modelo chileno. Lo que fue diferente con Chile, y particularmente en los años 80, es que creó lo que llamó los cuatros pilares del sistema neoliberal: el mercado laboral, la salud, la educación, y la seguridad social. Esas son las cuatro áreas donde Chile implementó el neoliberalismo de manera mucho más profunda e integral. No sólo era la liberalización y la privatización de las empresas públicas, sino también de esos cuatro pilares. Y ahora, son exactamente aquellos que se repolitizan. Pensar la educación ahora como derecho de ciudadanía, y no como una mercancía, es muy distinto al modelo neoliberal.

Chile acaba de cambiar su sistema electoral de uno de carácter binominal a uno proporcional ¿Se puede hacer alguna proyección que este tipo de cambio a nivel político pueda alterar, eventualmente, el sistema económico de un país como el nuestro?

Creo que bien podría haber efectos políticos, y también podría tener consecuencias económicas. Un sistema de representación más proporcional podría dar luz a nuevos actores que podrían estar más cerca de los movimientos sociales de los últimos años. Si esos actores tuvieran más poder en el Congreso, entonces reformas más profundas podrían suceder. Pero también creo que los efectos de las reformas institucionales son impredecibles. Creo que a lo menos va a cambiar la balanza de coalición. No creo que van seguir construyéndose antes de las elecciones, y la lógica de coalición va a evolucionar.   

En Chile actualmente, gobierna una coalición de partidos de centro-izquierda -Nueva Mayoría-, y que agrupa desde la Democracia Cristiana hasta el Partido Comunista, quienes han mantenido roces y controversias en este período de gobierno. A su juicio ¿es viable la proyección de una alianza política con estos integrantes?

Bueno, fue muy difícil construir esta coalición. El corazón de Nueva Mayoría ha existido desde la Concertación, este proceso de construcción de la coalición empezó probablemente al final de los años 80. Entonces 30 años fueron necesarios para que el Partido Comunista se uniera a la coalición, y eso fue muy difícil de lograr. Construir una coalición tan abierta, y mantenerla, es muy difícil, especialmente con las presiones por ambos lados. Creo que sería muy raro si esa coalición sobrevive a largo plazo. Los incentivos electorales y políticos van a cambiar. También depende de si los comunistas se quedan, si emergen nuevas fuerzas por el lado del movimiento estudiantil. No es obvio que el Partido Comunista se quede, ni que los Demócratas Cristianos siguen alineándose con la izquierda, tal vez estarían más cómodos sobre algunos asuntos con partidos más conservadores. Existen muchos escenarios.

Hablas de nuevas voces y nuevas fuerzas que podrían emerger del movimiento estudiantil gracias a este nuevo sistema electoral. ¿Que necesitan esos nuevos actores para que pudieran ganar más poder político?

Chile ha sido muy diferente de los otros países andinos donde protestas sociales importantes en contra del modelo neoliberal se tradujeron en una protesta electoral. O sea, la protesta popular en la calle en algunos casos derrumbaron los gobiernos, pero finalmente la energía de la protesta se canalizó en la arena política – como el partido MAS en Bolivia o líderes populistas como Hugo Chávez o Rafael Correa. En Venezuela, en Bolivia y en Ecuador, la protesta social se tradujo en protesta electoral. Lo que es notable en el caso chileno es que sí hubo protestas extendidas en contra del sistema, pero la arena política sigue siendo dominada por los partidos tradicionales. Entonces, un par de líderes estudiantiles fueron electos con el Partido Comunista, otros fueron electos como independientes de izquierda. Pero no existe, en este momento en Chile, un nuevo partido político de izquierda como el MAS en Bolivia o algún tipo de candidato populista independiente quien canalice la energía del movimiento protestante. No hemos visto en Chile un partido como Podemos en España, por ejemplo. ¿Si eso se podría formar? Sí, es concebible que bien pudiera pasar. Especialmente si las reglas electorales cambian el juego y lo vuelven más proporcional. […] Pero en este momento, eso es lo que Chile realmente no ha producido desde los ciclos de protesta de los últimos años, no existe un nuevo movimiento o partido que compita en la arena política. Tal vez vendrá en el próximo ciclo electoral, pero mi impresión es que todavía queda mucho debate en cuanto a lo que quieren hacer. ¿Deberían fusionarse? ¿Cuál debe ser su rol? Para mí no es claro si esa energía se va a trasladar en el marco electoral y cambiar fundamentalmente el sistema de partidos o la naturaleza del gobierno en Chile.

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