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Año XI, 15 de diciembre de 2019

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Información, educación y políticas públicas: las claves para aumentar la donación de órganos

La muerte de dos niños en la última semana esperando un trasplante de hígado reactivó el debate sobre el por qué los chilenos se niegan a ser donantes. El desconocimiento del tema y la ausencia de mejores protocolos de salud serían factores importantes a la hora de mejorar la disposición ciudadana a decir sí a la donación.

Andrea Bustos C.

  Miércoles 2 de enero 2019 19:13 hrs. 
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Según cifras del programa Yo dono vida del Ministerio de Salud, en Chile hay 2.672 personas en lista de espera por un trasplante. 1800 esperan un riñón, 706 córneas, 93 hígados, 23 páncreas, 29  esperan un pulmón y 21 un corazón. Sin embargo, en Chile las cifras de donadores no se condicen con la demanda médica.

En 2018 solo 119 personas fueron donadoras, entregando la posibilidad de concretar 342 trasplantes y, aunque la cifra estuvo dentro de lo esperado, fue inferior a la 2017 cuando hubo 457 cirugías.

En esta larga lista se encontraban Joaquín Adasme y Benjamín Velásquez, niños de 9 y 10 años que murieron esperando un hígado. Su muerte, tal como ha ocurrido en casos anteriores, generó debate y puso en cuestionamiento qué hace falta en Chile para que las personas se comprometan con la donación.

Si bien la ley establece que todos son donantes en el país, la última decisión es tomada por los familiares, quienes pueden oponerse.

Además, entre 2010 y 2013 alrededor de 3 millones y medio de personas se declararon no donantes al obtener su carnet o licencia de conducir, sumándose luego, entre 2013 y 2018, 13 mil chilenos más que hicieron los mismo en una Notaría.

Ana María Arriagada, ex presidenta de la Corporación Nacional de Trasplante, señaló que los diferentes gobiernos no han elaborado una verdadera política pública: “La ley original planteaba que tenía que haber una política de trasplante y no hay una política sanitaria en términos de trasplante. Nunca se ha organizado desde el ministerio una verdadera política robusta, lo que hay es una Coordinadora Nacional de Trasplante que tiene poco poder, en la práctica no tiene un gran poder de gestión, no tiene el recurso humano que necesita, le ha costado implementar una política sanitaria al respecto”.

Además, dijo que las administraciones no han podido seguir una misma línea en torno al tema, por ejemplo en lo que refiere a las exigencias para directores de clínicas y hospitales sobre este tema.

En esa línea, Arriagada afirmó que es importante crear una “verdadera política de salud respecto del tema y que sea permanente, que no dependa de la importancia que un gobierno u otro le dé, también es importante hablarle al legislador que está modificando proyectos de ley”.

La también Consejera Regional del Colegio Médico indicó que es importante que se comiencen a cambiar diferentes aspectos, como el Registro Nacional de No Donantes, y que para que de verdad se puedan mejorar las tasas de donación es clave avanzar en la educación.

“Yo creo que hay un tema sanitario y un tema sanitario que, además, tiene que salir de lo sanitario para cambiar la cultura, no hay ninguna posibilidad de que el Ministerio de Salud cambie una cultura si no es de la mano con el Ministerio de Educación y con el Ministerio de Cultura, y en eso también estamos al debe”.

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Ana María Arriagada explicó que es importante poder enseñar desde la educación básica qué significa la donación, que cualquiera puede necesitar un órgano y que estos no son exclusivos para un segmento determinado de la población, ya que muchas veces se piensa que quienes tienen más recursos pueden obtener más rápido un trasplante. La ex presidenta de la Corporación Nacional de Trasplante aclaró que el 75 por ciento de los receptores pertenecen a Fonasa.

Por su parte, Álvaro Becerra, presidente de la Fundación Cambiemos la Historia, que trabaja en informar sobre la donación y sobre las historias de quienes necesitan un trasplante, comentó que una forma de mejorar las cifras es precisamente mostrando que esta situación le puede ocurrir a cualquier persona.

Además, dijo que se debe fortalecer el rol de los funcionarios de salud dentro de los centros médicos a la hora de evaluar si existen donantes: “Políticas públicas yo diría que son muy escasas con respecto a la donación de órganos, debería ser un tema que dentro de los hospitales, dentro de las clínicas, involucrara a más personas, no solamente a los equipos de procuramiento, es decir, que cuando exista la posibilidad de un potencial donante el compromiso sea de todo el personal del hospital, no solo del equipo de procuramiento”.

Si bien hoy la voluntad de una persona no es garantía total de la donación, pues es la familia quien tiene la ultima decisión, Álvaro Becerra comentó que si se trabaja en políticas de educación ciudadana que instalen este tema en la conversación diaria de los chilenos, será más fácil que cuando un familiar se enfrente a la donación acceda a decir que sí.

Un sistema de salud injusto

Por otra parte, Ana María Arriagada mencionó también como una de las principales causas de la no donación la inseguridad que los chilenos tienen con el sistema de salud nacional, pues la ineficiencia de éste les hace dudar de la realidad de los trasplantes.

“Aquí falta transparencia en términos de mostrar los datos, mostrarles que el 75 por ciento de los pacientes trasplantados son Fonasa para mejorar toda la inequidad de nuestro sistema de salud público”.

En ese sentido, se refirió a España, que es el país líder en donación de órganos a nivel mundial, con más de 2 mil donadores por año y cerca de 4500 cirugias. Su política indica que todos los ciudadanos españoles son donantes, y aunque las familias son consultadas, a diferencia de Chile, generalmente sí se accede a ser donador. Cerca del 24 por ciento de quienes entregan sus órganos son pacientes captados en las atenciones de urgencias, donde profesionales de la salud y coordinadores de trasplantes trabajan constantemente en la detección de posibles donantes y en conversaciones con los círculos más cercanos a ellos.

Para Ana María Arriagada la voluntad de estas naciones es distintas por la apreciación cultural que se tiene del acto de la donación y, además, a la creencia en las instituciones públicas: “La cultura de la gente,  del ciudadano de pie español, es de un sistema de salud bastante más justo que el nuestro, no es como nuestro sistema segregado”.

La Consejera Regional del Colegio Médico mencionó también a Uruguay, donde las familias no son consultadas y solo se les informa la voluntad del fallecido. En ese caso su respuesta fue la misma: un sistema de salud que funciona bien genera la confianza para donar y dar vida.