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Carmela, Clarisa y Aydée: la desconocida historia de tres músicas chilenas 

La "Colección Vega" contiene más de 30 textos que fueron hallados entre las estanterías de la Biblioteca Nacional. A través de su estudio, dos investigadoras intentan descifrar quiénes fueron y cómo vivieron sus antiguas dueñas en el Copiapó de fines del siglo XIX y comienzos del XX. El próximo miércoles 9 de octubre se tocarán algunas de sus obras. 

Rodrigo Alarcón L.

  Domingo 29 de septiembre 2019 10:14 hrs. 
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María del Carmen, María Clarisa y Aydée Vega vivieron en Copiapó entre las últimas décadas del siglo XIX y comienzos del XX. Las dos últimas eran hijas de un ingeniero que trabajaba en las minas de la región, pero de distinta madre. La primera pudo ser una hermana mucho mayor, pero también una tía. No se sabe con exactitud. 

Lo que sí es cierto es que todas hacían música, especialmente “Carmela” y Clarisa. Además de interpretar diferentes instrumentos, tocar en salones, conciertos y actividades a beneficio, compusieron algunas piezas típicas de la época. 

¿Quiénes eran y qué hacían las -presuntamente- hermanas Vega? Es la pregunta que ha guiado la investigación que las musicólogas Fernanda Vera y Laura Jordán han desarrollado durante todo este año, con la colaboración de la ayudante Dania Sánchez y el apoyo del Archivo de Música de la Biblioteca Nacional (BN).

Justamente, en ese lugar encontraron 34 empastes, álbumes y partituras que pertenecieron a las tres mujeres y que hasta ahora habían permanecido guardados en la biblioteca, sin mayores datos sobre su origen. El año pasado postularon a un Fondo de la Música y obtuvieron recursos para hacer un catastro y comenzar a desentrañar la historia de sus antiguas propietarias. 

“Debe ser la colección más grande conservada unitariamente. Seguramente, en muchas casas debe haber álbumes como éstos, pero tener una colección de 34 es realmente desmesurado en relación a lo habitual, que son un par de álbumes o muchas partituras sueltas. En ese sentido, es excepcional”, valora Laura Jordán, académica de la Universidad Católica de Valparaíso y la UC de Santiago.

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La “Colección Vega” contiene archivos variados. Hay partituras para piano, para canto y piano e incluso para instrumentos como la guitarra o mandolina. También hay manuales para aprender teoría, copias manuscritas que probablemente se usaron en la enseñanza y hasta dibujos.

Escudriñando en esos papeles, ambas estudiosas pretenden reconstruir una historia que por ahora es difusa. “Lo que sabemos es que eran burguesas, que pertenecían a un mismo grupo familiar y a un mismo círculo musical”, dice Fernanda Vera.

Profesora en la Universidad de Chile y la Metropolitana de Ciencias de la Educación (UMCE), Vera explica que “a través de estos álbumes y la práctica musical, las mujeres se insertaban en el espacio sociocultural de la época, porque era una manera aceptada de ser mujer: tocar música en el contexto del salón. No eran artistas públicas, aunque también tocaban en actividades a beneficio que eran en teatros”.

¿Cómo se puede descifrar la historia de las tres? Buscando pistas hasta en los más mínimos detalles de esos viejos papeles: “Más que el contenido textual de las partituras, nos interesa ver sus marcas de uso”, dice Laura Jordán. “Rayas, anotaciones, timbres, dedicatorias, firmas. Incluso hay partes de las partituras que quedan amarillentas por la grasa de los dedos y eso da una noción de cuánto se usaron, por ejemplo”.

En paralelo, han revisado prensa de la época para cruzar datos con la información que extraen de los archivos. Así, dicen, pueden echar luz sobre dos temas que tradicionalmente han sido descuidados en los estudios sobre música chilena: la actividad fuera de Santiago y el rol de las mujeres. 

“Se asume que las otras escenas son periféricas, pero en Copiapó vivió Isidora Zegers, por ejemplo, gestora y cantante muy importante para la historia de la música chilena. Su presencia nos hace pensar que ahí llegaron tecnologías, repertorios y prácticas musicales directamente desde Europa. Aún son preguntas de investigación, pero la idea de que todo tiene que pasar por Santiago se puede poner en duda así”, argumenta Laura Jordán. 

Su compañera añade que “hay montones de compositoras mujeres de las que no hay una palabra en la historiografía chilena. Hay unas cien compositoras que editaron y vendieron su música, ¿por qué no se consideran? ¿Porque hace no sé cuántos años dijeron que era malo?”.

“Lo que hemos visto es que la música no es mala, sino que forma parte de esa época y hay algunas que son muy virtuosas. Hay un montón de mujeres, incluyendo a estas Vega, que nunca han salido y hay que reivindicar su historia, mirarla con ojos de ahora”, añade.

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Por eso, el proyecto ha comprendido no solo ponencias en Chile y el extranjero, sino que el próximo 9 de octubre tendrá también un concierto en el mismo Archivo de Música de la BN. Ahí, las pianistas Kenya Godoy y Elizabeth Mendieta, acompañadas por la cantante Nancy Gómez, interpretarán algunas de las piezas que forman parte de la colección. “Nos importa que los repertorios vuelvan a circular, que la música sea tocada y no se quede en un artículo académico”, advierte Fernanda Vera.

Las Vega, en vivo

“Los álbumes musicales de Carmela y Clarisa Vega”. Así se llama la actividad que se realizará a las 19 horas del próximo miércoles 9 de octubre en la Sala América de la Biblioteca Nacional. La entrada es gratuita. Más información acá.

Fotos: gentileza Fernanda Vera y Laura Jordán.
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