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Emma de Ramón, directora del Archivo Nacional: “Los convencionales tienen que basarse en una excelente gestión documental”

Actualmente, el centro de documentación experimenta una etapa marcada por la reapertura de sus puertas y la aplicación de un protocolo sanitario que incluye consultas presenciales con inscripción previa y sanitización de registros. A ello se suma la celebración de los 10 años del Archivo de Mujeres y Géneros (AMG) así como una asesoría a la Convención Constitucional.

Abril Becerra

  Domingo 15 de agosto 2021 9:41 hrs. 
emma de ramon


Durante el confinamiento, los espacios culturales debieron enfrentar retos y el Archivo Nacional no fue la excepción. De un día para otro, sus salas de consulta se vieron vacías y el contacto con los usuarios se trasladó, principalmente, a la virtualidad. 

“Fue una experiencia bien difícil”, comenta Emma de Ramón, historiadora y directora del organismo. “Las labores administrativas siempre se pueden realizar, pero la esencia de un archivo es dar acceso a los documentos que posee y nosotros tenemos una parte muy pequeña de nuestro acervo en formato digital. Por lo tanto, era poco lo que podíamos servir a los ciudadanos, a quienes nos debemos”, dice. 

Pero hoy la realidad del centro de documentación es muy distinta. El confinamiento los obligó a crecer y con ello lograron digitalizar registros que, en otras circunstancias, habrían sido difíciles de trabajar. “Fue un proceso bien interesante”, sostiene Emma de Ramón respecto de esta experiencia.

Por estos días, el Archivo Nacional también vive la reapertura de sus puertas, proceso que considera la aplicación de un estricto protocolo sanitario. Según esta estrategia, los usuarios deben agendar sus visitas, las que podrán concretarse de lunes a viernes entre las 10:00 y 14:00 horas. 

“La reapertura no es muy distinta a lo que les pasa a todo el mundo. Hay harto temor de la gente a contagiarse. De tal manera que ha sido difícil. También está el tema de que muchos colegios todavía no han regularizado su asistencia, entonces, hay mamás con niños que tienen que mantener el teletrabajo. Esta etapa ha sido como de distribuir tareas para poder seguir”, comenta Emma de Ramón. 

archivo nacional

¿Cómo el cierre del Archivo Nacional ha afectado el desarrollo de las investigaciones? 

No hemos hecho evaluaciones, pero apenas abrimos la agenda se completó. En un día ya tenemos dos o tres semanas tomadas y eso es muy decidor. Incluso, algunos investigadores nos pidieron, por favor, que si los podíamos atender, porque ya se les acaban todos los plazos y tenían que sí o sí revisar algunos documentos. Algunos de ellos han logrado sortear la situación, modificando un poco sus proyectos de tal manera de no consultar tanto, pero hay algunos que tienen que consultar los documentos. Entonces, lo que hemos hecho es enviar los documentos por una plataforma especial. 

¿Cuánto bajaron las consultas? 

Habitualmente teníamos nuestras salas llenas desde las 9:00 de la mañana hasta las 5-6 de la tarde. Ahora, estamos tres días a la semana, porque hay varias personas que no van al Archivo. Además, hemos tenido que someter los documentos a cuarentena y a diferentes tratamientos por si alguien estuviese enfermo y los ha tocado. Entonces, tenemos que darnos tiempo para hacer todos esos procesos. Hay harta preocupación en ese sentido, pero de verdad que no podemos hacer más. Estamos tratando de hacer lo más posible, usando estos sistemas de digitalización para poder enviar cosas. Pero eso es cuando los investigadores saben exactamente qué están buscando y dónde está. Muchos de ellos se iban a instalar días enteros a buscar lo que necesitaban y eso hoy es bien difícil de hacer. Estamos con el 60 por ciento del personal asistiendo presencialmente y eso nos limita mucho para nuestra actividad. 

El Archivo de Mujeres y Géneros 

En esta etapa de reapertura, el Archivo Nacional también comenzó la celebración de los diez años del Archivo de Mujeres y Géneros (AMG), colección que inició con una transferencia de la Fundación Isis Internacional, centro de documentación fundado en los años 70 que recopiló una serie de registros sobre los movimientos de mujeres en América Latina y el Caribe.

Para conmemorar el aniversario, el centro de documentación inició un seminario virtual que concluye el próximo 18 de agosto con dos mesas de conversación en las que se abordarán temas como los archivos en clave de géneros y derechos humanos y el rol de la gestión documental en los sitios de memoria. Esta actividad se emitirá a través del canal YouTube del Archivo Nacional.

Según comenta la historiadora Emma de Ramón, en estos diez años el AMG ha crecido de forma considerable. En su acervo ya no sólo descansan los registros de la Fundación ISIS, sino que también fondos vinculados a Elena Caffarena, María Griselda Hinojosa, Olga Poblete y el Movimiento Pro Emancipación de la Mujer Chilena (MEMCH), entre otros. 

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“Muchas instituciones feministas de los años 80 comenzaron a cerrar y por muchas razones. Tal vez la más importante era la falta de financiamiento, que es una crisis que empezó en los años 2000 y que fue cada vez más intensa, pero también las fundadoras ya estaban como en edad de jubilar y, justamente, nosotros empezamos a interesarnos y recibimos una gran cantidad de documentación de instituciones de mujeres”, dice la historiadora respecto del origen de este archivo. 

“Finalmente, también hemos incrementado esa documentación con algo que de pronto no es muy heterodoxo en las prácticas archivísticas, que en general son más pasivas y que esperan que las instituciones produzcan documentación para recibirla. Nosotros, en cambio, salimos cámara en mano a grabar muchas experiencias de mujeres, por cuanto teníamos claro que las mujeres no somos muy dadas a dejar nuestras memorias”, explica. 

De esa manera, el Archivo Nacional ha generado una colección con testimonios de mujeres, cuya historia ha quedado, muchas veces, al margen del relato oficial, entre ellas, artesanas, dirigentes sociales de base, dueñas de casa y cultoras indígenas. Este proyecto ha quedado plasmada en cápsulas difundidas por las redes sociales del espacio de documentación, visibilizando experiencias y memorias que han sido marginadas del espacio público. 

“En muchos casos hacíamos entrevistas realmente en profundidad. Algunas duran hasta seis horas, porque son como síntesis de vidas de mujeres que para nosotros son muy importantes. Tratamos de privilegiar a mujeres que no van a escribir sus memorias, por sobre otras que sí porque son escritoras o intelectuales”, añade.

 El Archivo de Mujeres y Géneros ¿Qué tipo de luces arroja sobre las actuales luchas feministas? 

Hicimos un pequeño piloto cuando vinieron las tomas feministas del 2018, entrevistando a las chicas que estaban en toma en Santiago. Recogimos sus motivaciones con cámara en mano, porque tampoco ellas iban a escribir nada y era importante dejar, al calor de la toma, registros fotográficos y de video. Como somos un archivo no vamos recogiendo documentos sueltos, trabajamos sobre series documentales. Entonces, si hoy existieran instituciones que están produciendo documentación sobre las luchas actuales, por ejemplo, el aborto, el acoso callejero, estamos absolutamente dispuestos a recibir su documentación y preservarla para el futuro y, si ellos, ellas y elles tienen interés en acceder, ahí está. Pueden usarla todas las veces que quieran. Lo que sí es que tienen que compartirlo con otros que, eventualmente, puedan querer investigar. 

¿De dónde nace esta inquietud de salir a la calle a generar registros? 

Esa idea surgió cuando recién lo estábamos fundado a raíz de las experiencias de las mujeres mapuche. Una compañera nos llamó la atención respecto de que en nuestro archivo recogíamos la historia de las mujeres marginadas, pero eran las mujeres marginadas de Santiago, aquellas que habían estudiado y que habían tenido acceso a un montón de privilegios, pero no estábamos recogiendo la historia de la mujer campesina, obrera, activista social, ni menos indígena. Entonces, cuando empezamos a recoger los testimonios, empezamos por ellas, entrevistamos tanto a mujeres del sur como del  norte, siempre campesinas y privilegiando orígenes indígenas para escuchar sus vidas, entendiendo que hay toda una valoración social que dice que es más épico pelear una batalla que estar cocinando porotos. Nosotros estamos reivindicando esa experiencia cotidiana de la vida dentro del hogar y en el trabajo, esa vida un poco anónima para poder historiarla, para poder ver qué es lo que pasa con nosotras, cómo somos, cómo estamos insertas en nuestra historia. Eso ha sido muy interesante, porque hay muchas historiadoras e historiadores que han recogido nuestros documentos. 

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Convención Constitucional y nuevos registros  

Durante las últimas semanas, la historiadora Emma de Ramón también se reunió con los y las integrantes de la Convención Constitucional para asesorarlos respecto del proceso de documentación que deberá efectuar el organismo. Según indica, esta labor es fundamental para los convencionales. Primero, porque podría facilitar su labor y, segundo, porque un proceso de estas características debe ser documentado correctamente para la posteridad.   

“A diferencia de todas las otras Constituciones que hemos tenido en Chile, que se han hecho a puertas cerradas, esta es una Constitución participativa que recibe mucha información y que tiene mucha comunicación con la ciudadanía que le dice de todo”, alerta. 

“Además, los constituyentes quieren que lo que ellos discutan puedan ser conocido por la ciudadanía y que la gente opine sobre eso. Entonces, los convencionales tienen que basarse en una excelente gestión documental”, dice.

Según indica, en esa tarea los archiveros y gestores documentales tienen mucho que aportar, ya que hoy existen prácticas instaladas respecto de ese proceso: “Hoy en Chile están las condiciones técnicas para hacerlo. En el Archivo Nacional, particularmente. Como buenos funcionarios públicos lo que hemos hecho es poner a disposición de nuestros constituyentes esa capacidad”, añade. 

Pero esta es sólo una de las tantas tareas que hoy realiza el Archivo Nacional. Una labor importante, pero que corre a la par de una nueva convocatoria que busca rescatar el patrimonio documental de distintas épocas del país. El llamado estará abierto hasta el 31 de agosto y busca recolectar registros vinculados a las mujeres, géneros, comunidades indígenas y movimientos sociales y políticos de la primera mitad del siglo XX. Esto, con el objetivo de continuar ampliando las miradas en torno a nuestra historia y sus interpretaciones.