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Merkel hace un nuevo gesto humanitario hacia los migrantes antes de dejar su cargo

Más cautelosa que en 2015, Angela Merkel vuelve a enarbolar las razones humanitarias para resolver la actual crisis migratoria en la Unión Europea (UE). La canciller alemana despide su cargo emulando un papel que jugó en solitario hace seis años y le costó la arremetida de la ultraderecha.

RFI

  Domingo 21 de noviembre 2021 17:01 hrs. 
MigrantesAlemania


“Resulta desgarrador ver que un niño muere en medio del frío y a las puertas de la Unión Europea” lamenta el presidente del Parlamento Europeo, David Sassoli, pidiendo que cese esa “inhumanidad”.

Se refiere Sassoli a uno de los 11 inmigrantes que, de acuerdo a cifras oficiales, han muerto en la frontera entre Bielorrusia y Polonia. Son miles, incluidos mujeres y niños, que desde hace unas semanas se encuentran atrapados en ea zona fronteriza, bajo 0° de temperatura, sin abrigo, agua, ni alimento, rodeados de afiladas alambradas y más de 15.000 soldados. Y que cuando atraviesan al lado polaco son gaseados, golpeados, sometidos a vejaciones e irremediablemente, devueltos a territorio bielorruso.

Pero los dirigentes europeos se contentan con acusar al presidente bielorruso, Alexánder Lukashenko, de atraer a estos miles de migrantes -muchos de ellos, kurdos iraquíes- hasta la frontera en represalia por las sanciones impuestas contra la exrepública soviética. Solo Angela Merkel, la canciller alemana, ha intervenido para acabar con “esa falta de humanidad”.

Luego de dos conversaciones telefónicas entre Merkel y Lukachhenko en esta semana, una el domingo 14 de noviembre y otra tres dias más tarde, Bielorrusia aseguró el jueves que todavía hay 7.000 migrantes en su territorio y propuso repatriar a 5.000 de ellos a sus países. Los primeros 431 aterrizaron la noche del jueves en Erbil, capital del Kurdistán iraquí. Según anunció el gobierno de Minsk, Merkel va a negociar con la Unión Europea la creación der un “corredor humanitario” para llevar otros 2.000 a Alemania.

“La noche que cambió Alemania”

Frente a este nuevo capitulo de la crisis migratoria, Merkel se muestra más cautelosa que el 4 de septiembre de 2015 cuando, por razones de humanidad, abrió las puertas de su país a los inmigrantes.

Un día antes, el mundo entero había visto la foto del pequeño Aylan, migrante de solo tres años de edad, muerto en una playa turca. Y, en una versión anticipada de las imágenes en la frontera polaco bielorrusa, aparecían entonces decenas de miles de emigrantes atascados en la estación de trenes de Budapest e interminables filas llegando a pie desde Hungría a terrotorio austriaco.

En la mañana de ese cuatro de septiembre, en un discurso público pronunciado en Colonia, la canciller Angela Merkel afirmó que “todo individuo que huya de su país porque está perseguido o corre peligro, tiene el derecho de solicitar el asilo, así está consagrado en nuestra Ley Fundamental, gústenos o no”. Horas más tarde, tras diversas consultas políticas, tomó la decisión de abrir las fronteras.  Esa noche, las derechas alemanas y europeas empezaron a cavar la tumba política de la canciller Merkel.

“Noche histórica” escribió el historiador y escritor alemán autor de “Die Kanzlerin und ihre Zeit” (“La canciller y su tiempo”).  “La noche en la que Alemania perdió el control” titularía meses después el prestigioso semanario conservador Die Zeitque, no obstante, había apoyado la decisión de Merkel de recibir a los inmigrantes.

“Esa noche cambió a Alemania” resume Robin Alexander en su best seller “Die Getriebenene” (“Arrastrada por los acontecimientos”). Para el periodista alemán, especializado en la gestión de la canciller y su política migratoria, el 4 de septiembre de 2015 Angela Merkel optó por una decisión de una trascendencia comparable a la de Konrad Adenauer cuando eligió la alianza con Occidente o de Helmut Kohl con la reunificación.

El ascenso del partido anti-islam

En su muy bien documentado relato, Alexander escribe que dicha “apertura de fronteras va a cambiar el equilibrio social y étnico de la población alemana, revolucionar el paisaje político, alistar al país en Europa y complicar las elaciones con los vecinos”, en especial referencia a Hungría y al ascenso de la extrema derecha alemana.

Así ocurrió. Un año después, la AfD, partido abiertamente xenófobo, abanderado de la “identidad alemana” frente a la “amenaza” del islam, el cierre de fronteras y la expulsión de todo demandante de asilo cuya petición sea rechazada, empezó a instalarse en todos los parlamentos regionales y en 2017 entró al Bundestag, el parlamento alemán.

“Las fronteras deben ser protegidas a cualquier precio. Un Estado que no protege sus fronteras no es un Estado” respondió, por su parte, el primer ministro húngaro, el conservadoVictor Orban para quien el gesto de Merkel iba a estimular a los inmigrantes a venir aún más a Europa.  Días antes de su decisión histórica, la canciller alemana había criticado a Orban, sin mencionar su nombre, al lamentar que “aquellos a quienes les abrimos nuestras fronteras, hace veinticinco años, hoy tratan con tanta dureza a personas que tuvieron que huir de su país y necesitan ayuda”.  

Una decisión “puramente humanitaria”

En realidad, las fronteras de Alemania estaban abiertas en 2015 en virtud del acuerdo Schengen. Expertos en derecho europeo aclaran que la decisión de Alemania correspondió más a un acto de soberanía al encargarse de contingentes de solicitantes de asilo de los que, a priori, el país no era responsable de conformidad con lo estipulado en los acuerdos de Dublín.

Una decisión “puramente humanitaria” dijo Angela Merkel desde la mañana siguiente de tomarla. No obstante, una semana después, su mismo ministro del interior Horst Seehofer, a quien ella no pudo contactar la famosa noche del 4 de septiembre, cuestionó la decisión públicamente: “Fue un error que nos va ocupar por mucho tiempo. Ahora saltó el corcho y yo no veo cómo se puede volver a tapar la botella”.

Un año después, los índices de popularidad de la canciller Merkel habían caído en un 45%. Su nombre en la cancillería era cuestionado. Pese a todo, Angela Merkel empezó a renacer políticamente y dos años después de su decisión, tan histórica como lapidaria, un 63% de alemanes consideraba que estaba haciendo un buen trabajo.

Seis años más tarde, Merkel vuelve a jugar en solitario un papel “humanitario” en la actual crisis migratoria.  Pero, esta vez, los enemigos de la acogida de Europa a inmigrantes que huyen de la guerra, el hambre y la muerte no tendrán tiempo de sepultar a la canciller pues, tras de 16 años de mandato, Angela Merkel se retira del poder antes de finalizar el 2021.