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Año XI, 19 de octubre de 2019

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La impotencia europea frente a Rusia

Mientras la Unión Europea se muestra incapaz de hablar con una sola voz, la OTAN trata de tomar la iniciativa, aunque carece de un marco legal para intervenir en el pulso entre Kiev y Moscú, pese a que dos países de la Alianza Atlántica tienen intereses particulares en la región y cuatro de ellos poseen una frontera común con Ucrania.

RFI

  Lunes 3 de marzo 2014 9:42 hrs. 
(14)UCRANIA-CRIMEA-RUSIA-MILITARES-VIGILANCIA

Existe una realidad ante todo jurídica. Los dos tratados y las prioridades definidos por la Alianza Atlántica no prevén la existencia de un conflicto armado internacional más allá de las fronteras de los países miembros. Y esto pese a que cuatro de ellos, Polonia, Eslovaquia, Hungría y Rumania, tienen fronteras con Ucrania.

Por otro lado, dos países de la Otan ostentan intereses particulares en Ucrania: Turquía, preocupada por sus “primos” tártaros de Crimea, y Grecia, concernida por los helenos de la ciudad portuaria de Mariupol. Sin embargo, Ucrania sólo está ligada a la Otan a través de acuerdos de asociación y no puede invocarlos para solicitar un rescate militar.

Este domingo, las dos reuniones del Consejo del Atlántico Norte –una de ellas interna, la siguiente con representantes ucranianos- lógicamente sólo pudo desembocar en una nueva condena por la violación de las reglas más elementales del derecho internacional. Dicha condena fue matizada por un nuevo llamado al diálogo con contactos directos con Moscú a través de la cooperación Otan-Rusia. En este contexto, la Otan no podía hacer mucho más.

Una UE sin una voz clara

Mientras la Otan tiene jurídicamente las manos atadas, la Unión Europea otra vez se muestra incapaz de hablar con una sola voz en momentos que enfrenta una crisis mayor frente a sus fronteras. Aunque varios países de la UE quieren convocar a una reunión de urgencia para jefes de Estado y algunos evocan sanciones contra Moscú, apenas se alcanzó un acuerdo para la celebración en diez días de un encuentro entre cancilleres. La intención es compartir informaciones sobre lo que ocurre en el lugar del conflicto.

La UE puede echar mano únicamente a algunos instrumentos diplomáticos para expresar su rechazo: la suspensión de los trabajos preparatorios previsto para junio en Sochi, por ejemplo, así como la cancelación de la visita de los ministros de Deporte a los Juegos Paraolímpicos de este misma ciudad, lo que sería interpretado como una iniciativa demasiado tibia.

Lo que se espera es que los jefes de la diplomacia de los 28 hagan un llamamiento al sentido común, a que Kiev no ceda y sobre todo a evitar un enfrentamiento armado, mientras espera la hipotética mediación de la Organización de Seguridad y de Cooperación en Europa (OSCE).

De esta manera, los métodos de presión de los occidentales sobre el Kremlin sólo pueden ser económicos. Pero la imbricación de los intercambios, sobre todo en materia de gas, con Rusia es tal que todo boicot o prohibición de exportar violaría las reglas de la OMC. Esto también tendría un impacto negativo para los propios intereses económicos de los europeos, que ven una vez más el riesgo político ligado a una gran dependencia energética ante un único proveedor, Rusia.