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Daniela Catrileo: “La escritura se presenta como un oficio mucho más accesible para quienes no nacimos en lugares privilegiados”

La escritora y filósofa mapuche conversó con Radio y Diario Universidad de Chile sobre Llekümün, pieza realizada en formato audiovisual que fue reconocida, recientemente, en el marco del AX: Encuentro de las Culturas Indígenas y Afrodescendiente 2020. La autora también reflexionó sobre la revuelta social y sobre los desafíos que se instalan con el proceso constituyente.

Abril Becerra

  Martes 12 de enero 2021 19:46 hrs. 
Daniela Catrileo (Santiago de Chile, 1987). Licenciada en educación y profesora de filosofía. Es integrante del Colectivo Mapuche Feminista [Rangiñtulewfü]. Becaria de la Fundación Neruda, ha obtenido la beca de creación Literaria que otorga el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes. Es autora de los libros de poesía «Río Herido» (Los libros del perro negro, 2013 y Edicola Ediciones, 2016), «Invertebrada» (Luma Foundation, Zurich 2017) y el libro colectivo «Niñas con palillos» (Balmaceda Arte joven ediciones). Y las plaquettes «Cada Vigilia» (2007) y «El territorio del viaje» (Archipiélago Ediciones, 2017). Actualmente prepara su próximo libro «Guerra Florida» (Del Aire Ediciones). Santiago de Chile. 25-08-2018 (©Alvaro de la Fuente/Dialogo)


Daniela Catrileo dice sentirse una privilegiada. Desde el otro lado de la pantalla, comenta que en su familia nunca se silenció la herencia mapuche que como clan cargaban en sus venas. Por el contrario, este siempre fue un tema de conversación que la llevó incluso, a rastrear sus raíces en los títulos de merced. Estos registros le permitieron constatar que su familia, al igual que muchas otras, fue afectada por la expropiación territorial y que, pese al paso del tiempo, en su historia aún puede reconocerse la violencia que el Estado chileno ejerció en contra del pueblo mapuche. 

“Cuando uno lee los títulos de merced, pareciera que se trata de un tema súper lejano, pero es un tema muy reciente. Nuestros bisabuelos fueron parte de aquello y, por lo tanto, también está la herencia de aquella herida”, dice la poeta y filósofa mapuche, cuya obra audiovisual Llekümün, fue distinguida, recientemente, con el primer lugar del AX: Encuentro de las Culturas Indígenas y Afrodescendiente que organiza el Ministerio de las Culturas. 

Para Catrileo, Llekümün fue un trabajo que le permitió continuar indagando en la memoria familiar. En ese sentido, la escritora, quien durante 2020 fue celebrada en los Premios Literarios por su obra Piñen, reconoce su inclinación respecto de los ejercicios de memoria y los cruces interdisciplinarios.

¿Cuándo surge tu interés por la literatura? 

Surge desde muy pequeña y a partir de esos gestos de los diarios de vida, en talleres de literatura en el colegio. Siento que el elegir la escritura está relacionado con la precariedad. Tiene que ver con que la escritura es algo que está a la mano, que es fácil. Sólo necesitas un lápiz y un cuaderno. Muchos nos iniciamos por ahí en una forma de indagación creativa, de exploración, de conocer el mundo. La escritura se presenta como un oficio mucho más accesible para quienes no nacimos en lugares privilegiados. 

¿Qué lugar ocupaba en tu familia la literatura? 

Es una pregunta que me hago constantemente. He intentado rastrear también esos espacios. Pero, por ejemplo, mi mamá me regaló una máquina de escribir cuando era chica. Esto también es una señal que me abre un mundo. Además, en la casa de mi abuela estaba toda la típica colección de libros de literatura universal. Esas colecciones que salían en los suplementos de los periódicos y, constantemente, las hermanas de mi papá me regalaban libros. Y mi mamá siempre estaba escribiendo cartas. Entonces, no era que la escritura no existiera. Estaba en esos gestos analógicos. Antes la escritura estaba más presente en ese sentido. 

Daniela Catrileo (Santiago de Chile, 1987). Licenciada en educación y profesora de filosofía. Es integrante del Colectivo Mapuche Feminista [Rangiñtulewfü]. Becaria de la Fundación Neruda, ha obtenido la beca de creación Literaria que otorga el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes. Es autora de los libros de poesía «Río Herido» (Los libros del perro negro, 2013 y Edicola Ediciones, 2016), «Invertebrada» (Luma Foundation, Zurich 2017) y el libro colectivo «Niñas con palillos» (Balmaceda Arte joven ediciones). Y las plaquettes «Cada Vigilia» (2007) y «El territorio del viaje» (Archipiélago Ediciones, 2017). Actualmente prepara su próximo libro «Guerra Florida» (Del Aire Ediciones). Santiago de Chile. 25-08-2018 (©Alvaro de la Fuente/Dialogo)

Daniela Catrileo (Santiago de Chile, 1987). Créditos: ©Alvaro de la Fuente/Proyecto Diálogo.

¿Cómo lo mapuche estaba presente en tu cotidiano en este contexto de formación literaria?

Es una historia que se repite entre varios que somos hijes o hijas de la diáspora mapuche, que nos toca nacer en un lugar que está fuera del territorio histórico tradicional o más formal, porque sabemos que Santiago igual es un territorio indígena. Obviamente, en ese viaje se pierden cosas que muchas veces tienen que ver con el traspaso generacional de la lengua, el traspaso generacional de una forma de vida asociada a la comunidad. O sea, mi experiencia como mapuche, no es la misma experiencia que de mi papá como mapuche. Nunca se nos negó nuestra identidad, sin embargo, lo que no teníamos eran aquellas formas de vida asociadas, específicamente, a una experiencia de comunidad mapuche.

¿Cuándo decides vincular tu escritura con lo mapuche? ¿Cuándo se vuelve un ejercicio consciente? 

Creo que mucho de ello está íntimamente relacionado con el vincularse políticamente con otros compañeros, otras compañeras, hermanas y hermanos mapuche que también se dedicaron a la cultura. De alguna forma, el lugar político que ocupamos en algunos espacios de difusión, sobre los allanamientos, sobre los procesos políticos que se estaban llevando a cabo en el Wallmapu, están muy imbricados a la cultura. Desde hace mucho tiempo el pueblo mapuche ha vinculado el arte a esas formas políticas. Ir viendo todo eso me ayudó mucho a poder vincular la literatura con la experiencia propia de ser mapuche. 

¿Cómo fue el proceso que se dio en Llekümün?

Es un trabajo que parte con la insistencia de la memoria, que es el tema con que porfío, que me inspira y que tiene que ver con recoger la memoria de la mamá de mi papá, a quien no conocí. Ella murió muy joven, antes de que mi papá viajara a Santiago. Él se quedó huérfano de esta madre. Entonces, mi idea era  unir todas estas esquirlas que quedaron de ella en base a un relato y lo que quedó de esta mujer es una frazada mapuche, que es lo único que pudieron traer de la comunidad cuando llegaron a Santiago. Entonces, en el fondo, es pensar la diáspora, pensar la migración como con todos estos objetos materiales que van quedando como una huella de la memoria. 

En esta obra uno puede ver que existe un interés por trabajar con otros formatos…

Tiene que ver con la creación y la indagación. Cuando era más pequeña estas tecnologías no existían o no estaban tan a la mano. Hoy es más fácil poder pensar e imaginar de una forma en la que se puedan mixturar muchos más artefactos para la creación. En el fondo es eso: buscar que la escritura se expanda por fuera del libro. 

Daniela Catrileo (Santiago de Chile, 1987). Licenciada en educación y profesora de filosofía. Es integrante del Colectivo Mapuche Feminista [Rangiñtulewfü]. Becaria de la Fundación Neruda, ha obtenido la beca de creación Literaria que otorga el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes. Es autora de los libros de poesía «Río Herido» (Los libros del perro negro, 2013 y Edicola Ediciones, 2016), «Invertebrada» (Luma Foundation, Zurich 2017) y el libro colectivo «Niñas con palillos» (Balmaceda Arte joven ediciones). Y las plaquettes «Cada Vigilia» (2007) y «El territorio del viaje» (Archipiélago Ediciones, 2017). Actualmente prepara su próximo libro «Guerra Florida» (Del Aire Ediciones). Santiago de Chile. 25-08-2018 (©Alvaro de la Fuente/Dialogo)

Daniela Catrileo (Santiago de Chile, 1987). Créditos: ©Alvaro de la Fuente/Dialogo.

Cuando realizas Piñen, diste un salto a la narrativa. ¿Cómo fue ese proceso?

Mucha gente se sorprende cuando un poeta hace un trabajo narrativo. Me llama la atención esa sorpresa, porque la escritura lo atraviesa todo. La escritura me ha atravesado desde que soy niña, es algo que está ahí desde los diarios de vida, hasta un poema. Entonces, finalmente, es la escritura la que me va orientando. Todo el tiempo estoy escribiendo, aunque no lo he esté haciendo con un lápiz y un papel. Estoy pensando, indagando, masticando las palabras. Entonces, de alguna manera, Piñén tiene que ver con ese puente de la escritura. 

Durante el estallido social, la simbología mapuche fue revalorizada. ¿Cómo interpretas este gesto? 

Tengo dos maneras de interpretar aquello. Por una parte, tiene que ver con la falta de representación nacional. No sólo hubo símbolos mapuche, sino que iconografías populares, heroicidades que no necesariamente estaban dadas por las instituciones nacionales. Surgieron muchos poetas, escritores que la gente reconocía en un vínculo con lo popular como otras formas de representación. La revuelta también tiene eso en el sentido de desmonumentalizar las heroicidades que estaban fijadas por una élite que, finalmente, decidió levantar estos íconos que hemos visto desde la infancia. Por eso surgen este cúmulo de símbolos de otras representaciones. El pueblo chileno también tiene la necesidad de indagar sobre aquello y creo que se reconocen en el pueblo mapuche porque también han sido despojados de una identidad nacional. Por otro lado, muy pocos saben sobre lo que hay detrás de aquellos símbolos. Es importante políticamente, saber por qué están esas banderas. Ahí creo que a la chilenidad le falta mucho conocer la historia de los pueblos, saber las otras historias no hegemónicas de estos territorios.

¿Falta contenido a la hora de las resignificaciones?

Falta contenido y un vínculo político crítico con aquellos símbolos. Por un lado, está el fervor popular, que creo que es totalmente legítimo en una demanda colectiva por dignidad, por los derechos que han sido usurpados durante tantos años por el neoliberalismo, pero, por otra parte, está el vaciamiento del contenido, que no necesariamente tiene el vínculo crítico, político, con la historia de los símbolos. 

¿Cómo esto podría encursarse en un debate constituyente? 

Con un diálogo que sea real, crítico, que no sea el multiculturalismo de las políticas públicas en Chile.  Una de las cosas que puede contribuir al debate constituyente tiene que ver con cómo transformamos la educación, la forma en que estamos aprendiendo la historia de Chile. Este no es el pueblo de hace 50, 30 años, las poblaciones han cambiado, las migraciones también han transformado este territorio. Entonces, cómo relacionamos lo pueblos, las comunidades que viven en este territorio con un vínculo más íntimo, con un vínculo que sea dialógico, que no sea solamente habitar un territorio de formas separadas. Cómo generamos los puentes necesarios para contribuir en conjunto a armar algo, un porvenir político necesario para nosotros y nosotras. Un porvenir que sea digno. De alguna forma, el proceso constituyente es uno de los debates que se debe dar para imaginar un porvenir diferente para los pueblos.

Imagen principal: ©Alvaro de la Fuente/Proyecto Diálogo.
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