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Año XVI, 14 de abril de 2024


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Claudio Alvarado: “No hay cambio de gabinete que vaya a resolver por sí solo todos los problemas que tiene el Gobierno”

Fuera del posible rebaraje, el titular del IES analizó el desafío que tiene Chile Vamos de compatibilizar una oposición colaborativa en lo que respecta a las principales demandas de la ciudadanía, con una postura firme respecto al Ejecutivo.

Maria Luisa Cisternas

  Domingo 26 de febrero 2023 9:50 hrs. 
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En conversación con Radio y Diario Universidad de Chile, el director ejecutivo del Instituto de Estudios de la Sociedad, Claudio Alvarado, comentó el momento actual de Chile Vamos y el desafío que se le presenta a la hora de desmarcarse de Republicanos, entre otras colectividades que están en la vereda de la oposición. Asimismo, el profesor de derecho de la Universidad Católica, consideró necesario aplicar dentro de lo pronto un reajuste ministerial acompañado de un rediseño de la hoja de ruta del Gobierno. “Las principales desorientaciones, dudas o baches parecieran venir desde el corazón del poder, desde La Moneda misma y por tanto del propio Presidente”, advirtió.

Si bien calificó como tentadora la idea de aplazar el cambio de gabinete para posterior a los comicios de mayo, consideró que el Ejecutivo no está en posición de “darse ese lujo” e incluso, vio factible la posibilidad de que el rebaraje lleve a apuntalar el resultado de los grupos afines al Gobierno en el proceso eleccionario.

Ha llamado la atención el hecho de que, desde el retorno a la democracia, no se veía a dos derechas disputando el mismo electorado ¿Cómo ve la pugna entre ambas fuerzas?

Yo agregaría dos notas de contexto para abordar la pregunta. La primera es que si bien es cierto que en términos generales se trata de un cuadro novedoso, también es verdad que este escenario ya había sido adelantado por las últimas elecciones presidenciales y en particular, por la más reciente, por la que terminó llevando a Gabriel Boric al poder. Ahí nosotros ya observamos que tuvimos una candidatura de Chile Vamos que no resultó demasiado exitosa y que fue encabezada por Sebastián Sichel que había ganado la primaria presidencial de este conglomerado y por otro lado, por una candidatura de José Antonio Kast como líder del Partido Republicano, entonces, lo que estamos viendo ahora es la proyección de este cuadro que ya se presentó con cierta claridad para la campaña presidencial y que se acrecentó con las diferencias que existieron entre Chile Vamos y el Partido Republicano luego del triunfo del Rechazo en orden a cómo abordar la cuestión constitucional.

La otra nota de contexto que agregaría en segundo lugar es que la oposición al gobierno actual está fragmentada no solo en Chile Vamos y Republicanos, sino que también hay otros actores relevantes que hoy día no están tan presentes en algunos casos pero que me parece que también hay que considerar. Nosotros frente al gobierno de Gabriel Boric distinguimos a Chile Vamos, al Partido Republicano, en tercer lugar al Partido de la Gente y en cuarto término, agregaría a los grupos ligados a la centroizquierda que estuvieron por el Rechazo o que en cualquier caso, son críticos al gobierno actual. Creo que eso también dará que hablar de cara al futuro ciclo electoral, al debate político y a las discusiones que vengan en el Parlamento.

Ahora, me parece que Chile Vamos y Republicanos tienen una diferencia reciente que los tiene probablemente en este lugar y que dice relación con cómo interpretar el triunfo del Rechazo y cómo seguir adelante o no con el proceso constituyente. Yo creo que ese es el antecedente próximo de esta división, pero obviamente no es lo único, yo agregaría notas distintivas frente a este cuadro, o características, o ejes divisorios. En primer lugar, una diferente lectura o modo de aproximarse a la historia reciente de Chile: en el Partido Republicano ha existido hasta ahora y también se dio en la campaña presidencial, una cierta nostalgia o en cualquier caso, benevolencia en orden a lo que fue el régimen de Pinochet, lo que tiene que ver con el periodo de la dictadura. O sea, hay una diferencia sobre cómo se aproximan a eso los Republicanos y Chile Vamos.

Me parece que en Chile Vamos, de la mano de la evolución que ha tenido la centroderecha en las últimas décadas al respecto, hay mayor conciencia de que no se trata simplemente de llegar y aproximarse con ojos benevolentes a un período en el cual existieron males objetivos, partiendo por la violación a los derechos humanos. Yo creo que ahí, en cómo aproximarse a esa historia, hay un eje divisor adicional al constitucional y esos son temas relevantes considerando que se van a discutir en este año, se recuerdan los 50 años del golpe de Estado, la historia reciente va a volver a ser noticia.

También deberíamos ver una diferente manera de aproximarse, supongo, frente a lo que implica ser oposición. O sea, está la constitucional, está la aproximación histórica y en tercer lugar, pondría como un factor a tener a la vista el hecho de que en el Partido Republicano parece existir una manera de aproximarse al gobierno de Gabriel Boric más dura, una lógica de negar ese liderazgo y en Chile Vamos, supongo que es lo que se va a intentar hacer para ser consistentes con el discurso que se ha articulado, combinará el ser una oposición firme con buscar puntos de encuentro que son relevantes para el país. Al menos es lo que ha dado entender Chile Vamos y me parece que hay ahí otro foco de distinción con el Partido Republicano.

Se manifestó la tensión interna de Chile Vamos en el momento en que figuras de la UDI y RN quisieron ir con Republicanos en un mismo pacto electoral mientras que la presidenta de Evópoli se inclinaba por una articulación con la centroizquierda ¿Qué análisis se desprende de esta relación entre las “almas” de la coalición?

Me parece que los partidos de Chile Vamos están intentando articular una ecuación que no es fácil que es, como decíamos antes, ofrecer una oposición que sea firme, que sea clara, que marque las diferencias que existen con el Presidente Boric, pero que al mismo tiempo se distinga del tono y del estilo del Partido Republicano. Yo creo que esas diferencias, o esas dificultades, o esas distintas almas responden a diferentes lecturas o dudas derechamente en orden a cómo articular esa ecuación. O sea, qué implica al mismo tiempo ser firme con el gobierno del Presidente Boric y distinguirse del Partido Republicano.

Yo creo que esa es la clave de lectura que puede explicar estas distintas almas, énfasis o sensibilidades que van apareciendo, pero dicho eso, a mí me parece que en Chile Vamos hasta ahora existe una cierta unidad en los momentos  decisivos y ahí creo nuevamente que se vio muy claro en la decisión de cómo continuar adelante el proceso constituyente. La gran duda es, una vez pasado ese hito, cómo se va a proyectar este sello distintivo hacia adelante, porque hasta ahora uno podría decir, ‘mira Chile Vamos fue una oposición firme, dura, pero al mismo tiempo nunca dejó de cumplir sus promesas’. Bueno, zanjada la cuestión constitucional, en el sentido de que hay un acuerdo, un proceso trazado, cómo se va a encarnar esta lógica de ser oposición firme pero distinta a los Republicanos. Yo creo que esa es la pregunta para el año que sigue y es probablemente el desafío de Chile Vamos.

Y una tregua con el Gobierno, en términos de lo que se vio en la reunión que sostuvo el Ejecutivo con ex ministros de Piñera a propósito de los incendios ¿Sería la estrategia adecuada para aislar a Republicanos?

Yo diría dos cosas al respecto. Lo primero es que me parece que todos los grupos de oposición, no solo Chile Vamos, están llamados a buscar puntos de encuentro con el Gobierno en aquellos temas que resultan más relevantes para la ciudadanía. Los chilenos tenemos varios indicios de que nuestra sociedad hace rato anhela acuerdos transversales que sean capaces de brindar y ofrecer soluciones eficaces a los problemas más angustiantes de los ciudadanos en materia de orden público, economía, las principales prioridades de las personas. Yo creo que eso es un desafío permanente de los distintos grupos de oposición y entre ellos por supuesto de Chile Vamos, pero también creo que a la hora de intentar buscar esos puntos de encuentro, va a surgir esta duda que antes comentábamos, cómo serán capaces de distinguirse del Partido Republicano, de generar esos puntos de encuentro, pero al mismo tiempo de seguir siendo una oposición firme y clara respecto al Gobierno en aquellos temas que hay diferencia sustanciales o en los que da la impresión de que el Gobierno se aleja de la sensibilidad ciudadana. Yo creo que esos puntos de encuentro se habrían generado con mayor facilidad y habríamos tenido un inicio de año muy distinto si es que el Gobierno no hubiera cerrado el año anterior con la polémica en torno a los indultos. Habríamos tenido una mesa de seguridad instalada con ciertos acuerdos en marcha, en fin, preparar un mejor camino de cara a las discusiones que se vienen en materia tributaria, previsional, etcétera.

Luego, en un plano un poco distinto, porque me parece importante mencionarlo, Chile Vamos también tendrá que ser capaz tanto a la hora de buscar puntos de encuentro como su actuación legislativa en general, de transmitir un sello propio. O sea, la distinción con el Partido Republicano puede ir por el lado de los tonos, de los estilos, de la actitud más favorable al diálogo, de diferenciarse en torno a la historia reciente como hablábamos antes y me parece que todo eso está muy bien, pero el riesgo que podría existir en una parte de Chile Vamos, que creo que este sector tiene que sopesar debidamente, es que no se puede quedar sin público. También tiene que hacerse la pregunta de cómo se encarna lo que aspira su electorado. Ahí hay una pregunta desde el punto de vista del ideario, de identidad de parte de Chile Vamos que tiene que seguir presente y por eso el desafío que enfrenta es tan complejo.

Ahora, este jueves la derecha hizo un desaire al subsecretario Monsalve en el marco de la votación de la prórroga del estado de excepción, al impedir su ingreso al hemiciclo. Teniendo en vista eso y el hecho de que a Chile Vamos le corresponde presidir el Senado este año ¿No es de esperar una mano dura sobre el Gobierno? 

Me parece que mucho va a tener que ver con la actuación del Gobierno pero es de esperar que no sea así, como hemos hablado, la ciudadanía anhela respuestas eficaces para sus problemas, en muchos casos esas respuestas te suponen ciertos acuerdos transversales y por tanto es de esperar que tanto la actitud del Gobierno como de la oposición sean favorables a alcanzar a esos resultados, de lo contrario, la ciudadanía simplemente se va a seguir desafectando del sistema político en su conjunto. Aquí hay un sentido relevante en el cual los distintos actores políticos están todos juntos en el mismo barco y creo que es bueno que todos lo recuerden. Dicho eso, agregaría en forma adicional que quien va a asumir la presidencia del Senado hasta donde se ha dicho es el senador Coloma, que si bien pertenece a la UDI, al mismo tiempo tiene mucho oficio, mucha experiencia y es de un carácter más bien institucional. O sea, en ese sentido no creo que más allá del cambio de color político debiéramos observar una modificación tan grande en comparación con lo que está siendo la presidencia del Senado de Álvaro Elizalde, que también se caracterizó, me parece, desde su propio color político, de intentar darle un sello más bien institucional de Estado a la conducción del Senado. Supongo que el senador Coloma debiera intentar hacer algo similar.

Volviendo a la carrera hacia el Consejo Constitucional, entre Chile Vamos y Republicanos ¿Quién tiene las de ganar? Considerando que este se ha calificado como un momento populista en el que, quienes tocan la tecla  de adversario, logran imponerse y no así quienes ofrecen una estrategia programática clara al país.

Yo partiría matizando un poco la caracterización del momento actual como populista. Entiendo el por qué se dice eso, es verdad que las élites políticas se han ido desacreditando, que hay un malestar acumulado respecto de ellas, pero me parece que la calificación a ratos oscurece o simplifica demasiado el cuadro. Yo diría más bien que lo que ocurre es que la ciudadanía chilena está frustrada y esa frustración se ha ido acumulando a partir de gobiernos de distinto signo. Por distintos motivos y con distintas intensidades Michelle Bachelet no cumplió las expectativas con las cuales fue electa, Sebastián Piñera menos aún y luego la Convención Constitucional se cayó ante la ciudadanía y tuvo un fracaso monumental. O sea, la ciudadanía está muy frustrada respecto al sistema político y eso lo que favorece, al menos en principio, es que parezca que hay nuevos actores que no han accedido al poder que pueden ser favorecidos por el ánimo ciudadano sobre todo considerando el momento actual.

O sea, lo que uno diría es que ante esa frustración acumulada de la ciudadanía y considerando la crisis de orden público y de crisis económica, es plausible que grupos como el Partido Republicano, el Partido de la Gente tengan un escenario favorable para crecer, pero la verdad es que es todo bien enigmático. La ciudadanía ha mostrado ser muy difícil de predecir en su comportamiento electoral y también tenemos un sistema de elección que es el sistema con el cual se eligen los senadores básicamente y me parece que eso podría permitir anticipar que debiéramos tener una presencia de todos modos -pese al cuadro actual, a la frustración, a un contexto en principio propicio para grupos como el Partido de la Gente y el Partido Republicano- de la centroizquierda y de la centroderecha. Cuánto exactamente, con qué porcentajes, cómo se administran los márgenes, por supuesto que no lo sabemos, pero yo no creo que nosotros vayamos a estar en presencia, por el sistema electoral por el que se eligen los consejeros, de un Consejo sin una integración relevante de la centroizquierda y de la centroderecha y en cualquier caso, yo agregaría que además, con independencia de cuál sea el resultado de la elección, los distintos grupos políticos deberían tomar nota de la frustración ciudadana a la que hacíamos referencia y a que el proceso constituyente no surge de la nada sino que es un proceso 2.0 que de algún modo viene como respuesta al fracaso del proceso anterior y eso debería conducir a los actores políticos ofrecer un trabajo y un producto sobrio que haga sentido a las grandes mayorías, que sea acorde a la tradición constitucional porque una nueva experiencia fallida, un Consejo malogrado o que fracase, solo aumenta la frustración y eso a la larga no favorece a ningún grupo político.

Cambio de gabinete

¿Considera que es efectivamente necesario realizar un rebaraje por parte del Presidente? ¿No estaría influyendo aquí una construcción político-mediática sobre una presunta incompetencia de Apruebo Dignidad en virtud del Socialismo Democrático?

El cambio de gabinete, me parece que la mejor manera de resumir lo que está en juego o lo que eso implica es lo siguiente: es un cambio necesario, pero no suficiente ¿Por qué me parece en primer lugar necesario? Porque el Gobierno tal como lo han reconocido fuerzas del propio oficialismo o grupos afines a La Moneda, tiene muchos problemas en carteras sectoriales, o bien que no han logrado despegar, o que son muy poco conocidas por la ciudadanía, o que han tenido errores y problemas permanentemente, o sea, son varias las carteras en las cuales hay problemas. No es normal que en un gobierno la Cancillería sea noticia toda la semana, en Educación se han denunciado distintas dificultades, en fin, son varias carteras en las cuales me parece que un cambio de gabinete ayudaría a que el Gobierno tenga un mejor inicio de año. Pero dicho eso, o sea, partiendo de la base de que es un cambio necesario o al menos conveniente, yo agregaría que no basta por sí solo porque las principales desorientaciones, dudas o baches parecieran venir desde el corazón del poder, desde La Moneda misma y por tanto del propio Presidente, entonces a mí me parece que para que un cambio de gabinete pueda aportar realmente, lo que es fundamental es que, antes que ese cambio de gabinete y de algún modo orientando su diseño, lo que tiene que existir acá es una hoja de ruta clara del Gobierno. ¿Cuáles van a ser sus prioridades? ¿Cuáles van a ser aquellos puntos que se van a intentar mostrar como preferentes ante la ciudadanía? No volver a caer en errores como los indultos, o sea, el cambio de gabinete va a ayudar en la medida en que, antes que ese cambio, tengamos ese diseño claro. No hay cambio de gabinete que vaya a resolver por sí solo todos los problemas que tiene el Gobierno actual.

¿Sería recomendable hacer el rebaraje posterior a los comicios de mayo? Así se tendrían los resultados en mano para efectos de dirimir un re-equilibrio de fuerzas entre Socialismo Democrático y Apruebo Dignidad.

Puede ser tentador pensarlo así porque ya no se hizo a fines de año o a comienzos de enero. Los comicios están relativamente prontos, pero también es cierto que de este cambio de gabinete se lleva hablando bastante tiempo. Los problemas no han disminuido, no fue un verano tranquilo para el Gobierno -insisto, no es normal que la Cancillería tengamos problemas prácticamente todas las semanas- y se sigue estirando ese elástico. Entonces, uno también podría hacer la pregunta inversa ¿No le convendrá al Gobierno comenzar el año laboral del mejor modo posible, con un gabinete que se vea robustecido en sus equipos, que tiene una composición más sólida? ¿No podría eso mismo incluso apuntalar el resultado de los grupos afines al Gobierno? Yo tengo la impresión de que, dados los problemas que si uno mira los últimos tres o cuatro meses que ha tenido La Moneda, da la impresión de que le conviene hacerlo cuanto antes y que seguir postergando solo va a agravar sus dificultades, pero claro, es cierto que en la medida que se postergue ese cambio va a ser tentador aplazarlo y va a llegar un minuto en que si no se concreta, la solución va a ser decir ‘esperemos los resultados y luego lo hacemos’, pero yo no sé si La Moneda esté en condiciones de darse ese lujo la verdad.

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