Diario y Radio Universidad Chile

Escritorio MENÚ

Vacunas contra la Covid-19: la nueva batalla diplomática mundial

Después de la diplomacia de las mascarillas al principio de la pandemia, el suministro de vacunas está ahora en el centro de una batalla diplomática de influencia en la que cada país productor de vacunas se posiciona según sus propios intereses.

RFI

  Lunes 19 de abril 2021 11:34 hrs. 
vacunas


Basta con mirar la distribución de las diferentes vacunas en el mundo para entenderlo. Detrás del suministro de vacunas, las dinámicas geopolíticas nunca están lejos. No es de extrañar que quienes tienen las cartas en la mano sean los países que desarrollan, producen y financian estas valiosas vacunas: Estados Unidos, China, Rusia, India, Reino Unido y, en menor medida, la Unión Europea.

Ya en el verano de 2020, y sin esperar a la aprobación de la Organización Mundial de la Salud (OMS), China y Rusia fueron los primeros países en desarrollar sus propios sueros. Sin embargo, los dos países no asumieron un liderazgo estratégico en la vacunación de sus poblaciones. Según los datos del sitio web Our World In Data, sólo el 6% de la población rusa había recibido una dosis de la vacuna hasta el 11 de abril de 2021, es decir, unos 9 millones de personas.

China y Rusia despliegan sus ambiciones internacionales

Rusia está consolidando actualmente sus relaciones con sus aliados históricos, así como con África del Norte“, subraya Anne Sénéquier, investigadora del Instituto de Relaciones Internacionales y Estratégicas (IRIS) y codirectora del Observatorio Mundial de la Salud, para quien Moscú busca “su gran regreso a la escena internacional”.

Gracias a la buena reputación del Sputnik V, Rusia está multiplicando los acuerdos de entrega y cuenta, en el futuro, con la producción deslocalizada de una parte de las dosis destinadas a la exportación. Aparte de Hungría (que ya administra la vacuna rusa), el Kremlin se permite ahora entablar conversaciones con varios otros países de la Unión Europea, entre ellos Alemania.

Si bien hasta el momento Moscú ha exportado sólo pequeñas cantidades de su vacuna, no es el caso de China. Aparte de las donaciones y los contratos firmados con países amigos, como Camboya, Pekín cuenta con su “diplomacia de la vacuna” para forjar nuevos vínculos.

Da prioridad al fortalecimiento de la cooperación con los países que participan en el titánico proyecto de la Nueva Ruta de la Seda, un conjunto de enlaces marítimos, terrestres y ferroviarios que Xi Jinping convirtió en su prioridad. Además, en los últimos meses, China ha acelerado sus envíos a África y América Latina, dos continentes que tienen muchos recursos naturales, minerales y agrícolas.

“China se está estableciendo en particular en América Latina, donde no tenía mucha influencia. La soja brasileña interesa especialmente a los chinos”, señala la investigadora Anne Sénéquier. Y no es casualidad que Chile y Brasil firmaran ya el año pasado acuerdos permitiendo a los científicos chinos realizar pruebas clínicas avanzadas de sus vacunas in situ.

En algunos casos, esta diplomacia de las vacunas toma un giro mucho más directo. En las últimas semanas, Taiwán ha acusado a China de esgrimir el “arma de la vacuna” contra países que reconocen su soberanía, como Paraguay.

El dispositivo Covax, un fracaso achacado a los países occidentales

No importa si algunas donaciones de vacunas adoptan la forma de trucos de comunicación hábilmente orquestados por el régimen chino, como en Mozambique, donde se ofrecieron 200.000 dosis de Sinopharm el pasado febrero. Sobre el terreno, especialmente en África, las vacunas chinas son muy esperadas, ya que el sistema Covax (del que también forma parte China) lucha por cumplir sus objetivos.

Bajo los auspicios de la OMS y financiado por gobiernos, empresas privadas y fundaciones, Covax había entregado 38 millones de dosis a finales de marzo, de los 100 millones previstos inicialmente. A mediados de abril, el programa internacional lanzó una campaña para recaudar 2.000 millones de dólares adicionales para reservar dosis de vacunas.

En el continente africano crece el resentimiento contra los países occidentales, a los que se acusa de favorecer su “nacionalismo vacunal”. Este resentimiento se ve alimentado por la aceleración de las campañas de vacunación en los países más ricos, pero también por la principal vacuna suministrada por el programa Covax: el suero desarrollado por Oxford-Astrazeneca, que es mucho menos eficaz en la variante sudafricana y cuyos efectos secundarios son fuente de desconfianza.

Recientemente, el director de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, lanzó una advertencia a los principales países productores de vacunas: “Algunos países y empresas están planeando pasar por alto a Covax para hacer sus propias donaciones por razones políticas o comerciales”. Acuerdos bilaterales fustigados por el jefe de la OMS, que denunció “un riesgo de avivar las llamas de la desigualdad en materia de vacunas”.

¿Pronto un enfoque nacional para algunos países?

Sin embargo, en la práctica, las ambiciones diplomáticas de algunos países podrían tropezar pronto con problemas logísticos. Como India, que produce grandes cantidades de la vacuna desarrollada por Oxford-AstraZeneca a través de la transferencia de tecnología: “Gracias al Instituto del Suero de India [quinto productor mundial de vacunas], India ha trabajado para aumentar su influencia regional. Pero hoy está obligada a poner fin a esta política”, explica la investigadora del IRIS Anne Sénéquier.

El país, golpeado estos días por una segunda ola de contaminaciones muy violentas, quiere concentrarse en su campaña nacional de vacunación. Y China podría seguir pronto su ejemplo, como explica el corresponsal permanente de RFI en el país, Stéphane Lagarde: “A mediados de marzo de este año, sólo 65 millones de chinos habían sido vacunados de los 1.400 millones de personas. A finales de junio, el objetivo es llegar al 40% de la población y a finales de diciembre al 80%. Existe un verdadero debate sobre la capacidad de producir vacunas en tales cantidades”.

China, ahora aislada del mundo por las drásticas restricciones en sus fronteras, está pensando en lo que viene. En el punto de mira del régimen chino están los Juegos Olímpicos de Invierno que se celebrarán en Pekín del 4 al 20 de febrero de 2022. Sin mencionar el problema que ya se vislumbra en muchos países, el de las vacunas de refuerzo una vez pasado el periodo de inmunidad.

Después de “America First”, Estados Unidos se posiciona

Mientras Rusia, India y China han multiplicado los contratos, las colaboraciones y las donaciones de vacunas, a veces en detrimento de sus propias campañas nacionales, el Estados Unidos de Donald Trump, y más tarde, de Joe Biden, se mantuvo fiel al lema trumpista: “America First” (primero América).

El símbolo de este nacionalismo vacunal es la activación el año pasado por parte de Donald Trump del “Defense Production Act”, una legislación excepcional que permite al país no exportar recursos sanitarios considerados “esenciales para la defensa nacional”. A pesar de las numerosas críticas, Estados Unidos se negó a exportar las dosis de la vacuna Oxford-AstraZeneca producidas en su territorio.

Hoy, cuando casi el 40% de los estadounidenses ha recibido una primera dosis de la vacuna, la diplomacia estadounidense multiplica los “gestos de apertura” hacia el extranjero. El jefe de la diplomacia, Antony Blinken, declaró que Estados Unidos se convertiría pronto en “el líder del acceso mundial a las vacunas”. Recordó la promesa de invertir 2.000 millones de euros más en el sistema Covax el próximo año.

La Casa Blanca también confirmó que Estados Unidos entregará 4 millones de dosis de AstraZeneca a sus aliados mexicanos y canadienses. Una vacuna que no está autorizada en Estados Unidos.

¿La crisis de Covid-19 revela el equilibrio de poder del mañana?

Frente al nacionalismo vacunal estadounidense, Europa se esfuerza por hacer oír su voz. “La primavera pasada oímos mucho que las vacunas serían un bien común de la humanidad. Europa en particular lo dijo. Pero luego las grandes potencias empezaron a reservar vacunas y Europa les siguió”, dice Anne Sénéquier, que señala que una vez más el mundo se queda con una “dinámica divisoria Norte-Sur”.

Para la investigadora, “lo que está ocurriendo en torno a esta diplomacia de las vacunas es lo que más probablemente configure la escena diplomática de los próximos diez años“. Con el telón de fondo de una pérdida de legitimidad cada vez mayor por parte de las potencias occidentales. Una desconfianza ligada a la incapacidad de ponerse de acuerdo sobre las decisiones que permitirían al mundo obtener vacunas. Entre estas decisiones, el levantamiento de las patentes de estas vacunas. En cambio, la gestión de esta crisis sin precedentes “se deja en manos de los Estados y de los grandes grupos farmacéuticos”.

“Europa podría haber tomado una posición más fuerte en este tema porque hay otras cuestiones que podrían complicarse, como el tema del clima. ¿Qué les diremos a los países en desarrollo que recordarán esta crisis? ”

Según Anne Sénéquier, la pandemia plantea también, de manera urgente, la cuestión de la legitimidad y la reforma de las organizaciones internacionales, la ONU en particular. “No somos capaces de pensar a nivel global. Covid-19 es la primera gran pandemia del siglo XXI, pero el futuro nos traerá otras, y tendremos que aprender de este acontecimiento”.