Diario y Radio Universidad Chile

Año XV, 4 de febrero de 2023

Escritorio

Un espacio de resistencia cultural

Columna de opinión por Vivian Lavín A.
Lunes 9 de diciembre 2013 17:53 hrs.


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Paula tiene unos ojos celestes como si fueran dos pequeños trozos de un verdadero océano pacífico. Tiene una voz dulce y pausada con la que cuenta sobre sus novelas para niños y jóvenes. Es bioquímica, pero después de lo de El corralito y sin mayores perspectivas económicas decidió trabajar en lo más quería: escribir. Su primera novela trata de una pequeña niña que va narrando lo que ve a su alrededor. Especialmente, lo que no tiene. A la chiquita le falta su padre. Tiene solo tres años y no entiende porqué él se fue para no volver más. En El mar y la serpiente (Ed. Norma), la niña pregunta, una y otra vez, por ese padre que la abandonó junto a su madre. Pensaba que la había dejado “porque no era importante, porque no valía lo suficiente”. Ya convertida en una adolescente, continúa el libro, entendió que a su padre se lo habían llevado, contra su voluntad, hasta hacerlo desaparecer. La primera novela de la escritora argentina Paula Bombara es el testimonio de su propia vida, la vida de una hija de detenidos-desaparecidos.

¿Qué hace Paula Bombara en un establecimiento educacional público de Guadalajara contándole a otros niños sobre su novela El mar y la serpiente? Hace lo que siente es su deber: explicarles a las nuevas generaciones, a niñas y niñas que no entienden lo que significa que te desaparezcan a un padre. Paula está en México invitada por la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, FIL 2013. Junto a ella, cientos de escritores no se cansan de hablar sobre sus obras. Un público devoto no se cansa de agradecer y fascinarse con lo que ha montado la Universidad de Guadalajara: una verdadera fiesta de la palabra, de la libertad de pensamiento  y de expresión de la lengua castellana.

Lo más interesante está en las salas: enormes, medianas y más pequeñas, donde se reúnen editores para hablar del libro electrónico. Más allá están los fanáticos de la novela policial escuchando a la superventas Camilla Läckberg; celebrando otros a Elena Poniatowska y su Premio Cervantes o a Maitena por el de Caricatura La Catrina. Allí está la última novela del Premio Nobel Mario Vargas, a un precio de ganga para estas latitudes, mientras cientos de bibliotecarios, profesores o entusiastas lectores son los invitados al XI Encuentro de Promotores de Lectura. Otros prefieren asistir a El placer de la lectura, es decir, esos libros que marcaron  a autores como Laura Restrepo, Edmundo Paz Soldán o Marcelo Leonart. Los niños tienen su propio espacio en FIL niños y las interminables filas de estudiantes que se pasean por los pasillos asisten a las 129 actividades especialmente diseñadas para ellos…Más de dos mil periodistas de todo el mundo cubren la fascinación de 750 mil personas que saborean durante nueve días hasta la última actividad del más grande festín cultural latinoamericano. Porque la FIL desde hace mucho tiempo dejó de ser una feria de venta de libros y pasó a convertirse en lo que Carlos Monsiváis denominaba “una zona de resistencia cultural”. Un espacio cerrado donde los asistentes se sienten más libres. Una muestra de que el libro y la lectura, en el formato que sea, es un excepcional puente que nos permite cruzar como humanos y salir personas.

Muestra palmaria de que el libro puede convocar a millares y no ser ese objeto de lujo gravado con un 19 por ciento de IVA, como en Chile. Un soporte físico o electrónico que se defiende y se honra. Que está en boca de niños y niñas, de madres, jubilados y políticos…¿qué libro estarán leyendo en estos días Michelle Bachelet y Evelyn Matthei? ¿Podrían ellas jactarse, como lo hacen con nuestra injusta y antimodélica economía, de la producción editorial chilena que sufrió una disminución en 2013? ¿Podrían felicitarse por las medidas en favor de la cultura y la educación implementadas en los gobiernos que han sido parte, cuando los índices registrados solo buscan posicionarse internacionalmente sin importar la calidad de ellas?

Ambas mujeres aun no toman conciencia de la esencial relación entre la palabra y su ser femenino. Estamos hablando de la “lengua materna”, de ese idioma que crea mundo, que crea realidad, sobre todo, en la relación madre-hijo/a, cuando es ella, la mujer, la principal educadora y sostenedora familiar en Chile.

Ambas educadas en el extranjero, por obligación u opción, ignoran que la hermandad entre las naciones nace de la palabra que ilumina espacios desconocidos. No sin razón los textos de estudio de palestinos e israelíes casi se ignoran. Lo mismo que los textos chilenos respecto de la historia y cultura patria de peruanos y bolivianos…y argentinos. Porque para encontrar un libro que le hable a los niños y niñas chilenos sobre los detenidos-desaparecidos hay que ir a Guadalajara y desde allí, condolerse de la noche en que nos sumieron esas generaciones que todavía no se cansan de gobernarnos.

El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor y no refleja necesariamente la posición de Diario y Radio Universidad de Chile.