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La inocencia de los libros

Columna de opinión por Vivian Lavín A.
Domingo 27 de diciembre 2015 20:00 hrs.


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A comienzos de este año, se declaró la gratuidad de los museos públicos de nuestro país. La medida significó un aumento de público que sobrepasó las expectativas iniciales de las autoridades, quienes pensaron que dado el bajo importe que implicaba la entrada, menos de mil pesos en su mayoría, la gratuidad no sería un agente tan determinante en el  cambio de comportamiento. Sin embargo, y menos mal, se equivocaron y por mucho.

Es decir, aunque el pago fuera módico significaba una importante barrera de ingreso para muchas audiencias que no estaban identificadas por los museos del Estado. Lamentable que esos Museos hoy estén cerrados, en momentos en que los estudiantes están de vacaciones y son una de las grandes posibilidades de entretención.

La gratuidad a un tipo de oferta cultural tan específica, como es el ingreso a los museos pertenecientes a la DIBAM, ha sido una medida que sirve como argumento para muchos otros casos en los que el Estado debiera hacer mucho más que un gesto. Uno de ellos, y acaso uno de los más decisivos, es un IVA diferenciado para los libros de nuestro país.

Este concepto y no la exención total del Impuesto al Valor Agregado o IVA es a lo que los gremios de libreros y editores han apostado sin éxito, hasta hoy. Así le han explicado a cada nuevo ministro de Cultura para que a su vez incida en su colega de Hacienda respecto de la conveniencia de darle al libro un estatus diferente del resto de los productos que están a la venta en el mercado.

Es una manera de señalar que no se puede aspirar a una sociedad que valore al objeto libro si es que el Estado no le asigna un lugar preferente. Argumento que se ve reforzado cuando es exactamente lo que ha hecho con las entradas a los estadios para asistir a un partido de fútbol o para asistir a un recital de música, donde los asistentes no pagan IVA.

No se está pidiendo las gratuidad de los libros de este país, sino que gocen de un régimen tributario preferencial que les permita estar al alcance de muchos más bolsillos. Que nuestros libros no sean los más onerosos del continente cuando no poseemos los mejores sueldos para costearlos.

Pero en Chile, seguir aspirando a una medida como ésta pareciera ser una especial forma de inocencia. Ese tipo de candidez que brinda la lectura cuando nos permite vivir otras vidas y viajar a otros mundos. Experiencias que nos refuerzan en nuestra humanidad, nuestra naturaleza.

Hay días en los que uno se despierta con la convicción de que se puede lograr. Que nuestras autoridades han amanecido con la misma sensibilidad, de modo que no debiera ser complicado explicar el porqué de la conveniencia de darle al libro en Chile el lugar que merece, menos si se ha implementado un Plan de la Lectura y el Libro que está funcionando en todo Chile con resultados que ya están a la vista.

Siendo uno de los programas más exitosos en estos casi dos años de gobierno y que no deja de ser señalado en los discursos gubernamentales como ejemplar. Un Plan que viene de una Política, lo que quiere decir que está en las bases programáticas.

Entonces, en días como hoy, resultaría perfectamente posible que el ministro de Cultura anuncie como una de las medidas más importantes de este 2016 el otorgamiento de un IVA diferenciado a los libros en Chile que terminaría con ese 19 por ciento que tanto los encarece.

Y lo diría tan satisfecho, que esa decisión gubernamental obligaría a los gremios editoriales a asumir una posición generosa y colaborativa, de modo que trabajarían todos unidos en una enorme campaña a favor del libro y la lectura. Incluso se lograría la gratuidad en el acceso a todas las ferias del Libro en Chile como una forma de celebrar la decisión.

Todo esto podría suceder en un día como hoy: en el Día de los Santos Inocentes.

El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor y no refleja necesariamente la posición de Diario y Radio Universidad de Chile.