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Críticas al poder y perdón a los indígenas marca visita del Papa a México

El perdón a los indígenas ha sido uno de los puntos altos en la visita del Sumo Pontífice a tierras aztecas; también la forma en que encaró a las máximas autoridades, exigiéndoles un mayor compromiso con su pueblo. Desde México esperan que en las horas que quedan de viaje, Francisco aborde la desaparición de los 43 detenidos en Ayotzinapa, así como la violencia contra la mujer, pese a no ser mencionada en Ecatapec, lugar que más vidas cobra a manos del femicidio.

Paula Campos

  Martes 16 de febrero 2016 11:36 hrs. 
(141212) -- ROMA, diciembre 12, 2014 (Xinhua) -- El papa Francisco (c), participa durante la celebración eucarística del Día de la Virgen de Guadalupe, en la Basílica de San Pedro, en la Ciudad del Vaticano, en Roma, Italia, el 12 de diciemmbre de 2014. El papa Francisco celebró una Misa Criolla en el Vaticano en honor a la Virgen de Guadalupe, considerada patrona de América Latina. (Xinhua/ANSA/ZUMAPRESS) (jg) (fnc) ***DERECHOS DE USO UNICAMENTE PARA ASIA, AUSTRALIA, MEDIO ORIENTE Y NORTEAMERICA***

¿Qué es paz?, paz no es la ausencia de conflicto…

Con esta frase, miles de mexicanos recibieron a Francisco, el máximo líder del catolicismo en el mundo. El Papa argentino arribó al país azteca el pasado 12 de febrero, en visita que se extiende hasta este miércoles 17.

En su agenda, cargada de actividades, se registran reuniones protocolares, pero también en las que acompañará a un pueblo ampliamente creyente, fuertemente mariano, pero golpeado por la violencia, el narcotráfico y el dolor.

¿Qué es paz? “No es algo estático sino que se construye en cada momento, por medio del compromiso con aquellos valores que ponen en su centro a la persona y su plena realización”, decía en su encíclica Pacen in Terris, Juan XXIII. Francisco agrega que para conseguirla, “se necesita valor, mucho más que para hacer la guerra. Se necesita valor para decir sí al encuentro y no al enfrentamiento; sí al diálogo y no a la violencia; sí a la negociación y no a la hostilidad; sí al respeto de los pactos y no a las provocaciones; sí a la sinceridad y no a la doblez”.

Pidiendo paz, llegó a un país “con un pedacito de guerra”, y en su habitual estilo crítico, se paró frente al presidente Enrique Peña Nieto para enrostrarle los peligros que causan los privilegios y los beneficios para unos pocos: “Tarde o temprano la vida en sociedad se vuelve terreno fértil para la corrupción, el narcotráfico, la exclusión, la violencia e incluso el tráfico de personas, el secuestro y la muerte”.

Con los obispos no fue más suave, al clérigo le encargó la mirada del amor, de la ternura, llamándolos a seguir el camino de Dios y de la Virgen de Guadalupe, la virgen morenita: “Sean por lo tanto Obispos de mirada limpia, de alma trasparente, de rostro luminoso. No tengan miedo a la transparencia. La Iglesia no necesita de la oscuridad para trabajar. Vigilen para que sus miradas no se cubran de las penumbras de la niebla de la mundanidad; no se dejen corromper por el materialismo trivial ni por las ilusiones seductoras de los acuerdos debajo de la mesa; no pongan su confianza en los «carros y caballos» de los faraones actuales, porque nuestra fuerza es la «columna de fuego» que rompe dividiendo en dos las marejadas del mar, sin hacer grande rumor”. Saliéndose de libreto, los encaró y desafió a dejar de lado las divisiones que tanto daño le han hecho al clero mexicano: “¡Si tienen que pelearse, peléense como hombres, a la cara!”.

“No hay que emigrar para soñar”

Sus cuestionamientos al poder eran esperados por las multitudes de católicos y creyentes que en cada una de las actividades, que hasta ahora ha realizado, se acercan a participar. El pueblo mexicano también esperaba lo otro, ese discurso cercano, tercermundista, en sintonía con los excluidos, que han sido sello del pontificado de Bergoglio.

Así, primero cuestionó a los católicos en posiciones de poder, de riqueza, que se dejan sucumbir ante la vanidad, la riqueza y el orgullo; para luego entregar un mensaje de esperanza, con los brazos abiertos, como rezaba el lema de su visita a México, a todos los desposeídos de una tierra en la que todos son necesarios para la construcción de la sociedad.

“Quiero invitarlos nuevamente hoy a estar en primera línea, a primerear en todas las iniciativas que ayuden a hacer de esta bendita tierra mexicana una tierra de oportunidad. Donde no haya necesidad de emigrar para soñar; donde no haya necesidad de ser explotado para trabajar; donde no haya necesidad de hacer de la desesperación y la pobreza de muchos el oportunismo de unos pocos”.

En línea con la crítica a la explotación, al abuso de los ricos frente a los pobres, Francisco pronunció uno de sus mensajes más cargados de simbolismos. En San Cristóbal de las Casas, en el estado de Chiapas, se dio espacio para dar una señal de inclusión, en un mundo que por siglos ha despreciado la fe y cultura indígena: “Muchas veces, de modo sistemático y estructural, sus pueblos han sido incomprendidos y excluidos de la sociedad. Algunos han considerado inferiores sus valores, su cultura y sus tradiciones. Otros, mareados por el poder, el dinero y las leyes del mercado, los han despojado de sus tierras o han realizado acciones que las contaminaban. ¡Qué tristeza! Qué bien nos haría a todos hacer un examen de conciencia y aprender a decir: ¡Perdón! El mundo de hoy, despojado por la cultura del descarte, los necesita”.

El llamado llegó en dialectos. “Li smantal Kajvaltike toj lek” (la ley del Señor es perfecta del todo y reconforta el alma). “De muchas formas y maneras se ha querido silenciar y callar ese anhelo, de muchas maneras han intentado anestesiarnos el alma, de muchas formas han pretendido aletargar y adormecer la vida de nuestros niños y jóvenes con la insinuación de que nada puede cambiar o de que son sueños imposibles. Frente a estas formas, la creación también sabe levantar su voz; «esta hermana clama por el daño que le provocamos a causa del uso irresponsable y del abuso de los bienes que Dios ha puesto en ella. Hemos crecido pensando que éramos sus propietarios y dominadores, autorizados a expoliarla. La violencia que hay en el corazón humano, herido por el pecado, también se manifiesta en los síntomas de enfermedad que advertimos en el suelo, en el agua, en el aire y en los seres vivientes. Por eso, entre los pobres más abandonados y maltratados, está nuestra oprimida y devastada tierra, que “gime y sufre dolores de parto”. El desafío ambiental que vivimos, y sus raíces humanas, nos impactan a todos y nos interpelan. Ya no podemos hacernos los sordos frente a una de las mayores crisis ambientales de la historia.  En esto ustedes tienen mucho que enseñarnos”.

Ahora es el turno de la juventud. A horas de su misa en las tierras de Morelia, miles de nuevos católicos le esperan, sabiendo que, como en otras latitudes, la reflexión papal estará llena de esperanza para ellos. Así, en México esperan las últimas actividades de un Papa que retrasó viajes incluso a su propia patria, para privilegiar su arribo a un país en conflicto, al que durante su estadía solo le ha pedido paz.

Las respuestas aztecas

Los católicos de México han sentido la visita papal. Así al menos lo han expresado durante toda la estadía del Sumo Pontífice.

Sin embargo, no todas las percepciones son positivas. Las principales críticas que han marcado el viaje, tienen que ver con los costos, y los temas a los que el líder de los católicos no se ha querido referir. ¿Quién paga su estadía y actividades en el país?, ha sido una pregunta tan recurrente que el gobierno ha debido dar explicaciones. Los gastos del recorrido del pontífice por cinco Estados del país han sido cubiertos por diversos sectores entre los que están empresarios, la Iglesia católica y el Gobierno. “Nada es para el Papa, los gastos que se hacen son para el servicio de la gente”, agregó Eugenio Lira, secretario de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) en la televisión mexicana.

Entre los temas ausentes, se encuentra la violencia de género. Previo a su homilía en Ecatapec, los fieles esperaban que se hiciera mención a la gran cantidad de mujeres muertas en manos de sus parejas, por lo que reaccionaron con extrañeza ante la omisión: “Venimos para que se acabe tanta homofobia, los feminicidios y las violaciones de niños, que sabemos que hay gente que son pederastas y que a ellos no los juzgan como a nosotras”, dijo Janis Alexandri Vargas, un travesti de 31 años que acudió a la misa junto a otras dos personas con la bandera de la diversidad sexual. Situación que, incluso, sorprendió a las autoridades locales y prensa nacional e internacional, pues esta localidad cercana a Ciudad de México es el lugar con mayor número de femicidios del país.

También se ha sancionado el silencio de Francisco sobre la pederastía de algunos sacerdotes aztecas. El periodista de Univisión Jorge Ramos explicó que “en México es muy difícil que un sacerdote que ha violado niños, termine en la cárcel, porque la política de la Iglesia y el Vaticano sigue siendo protegerlos y no entregar información a las policías. Uno de los grandes vacíos de esta cobertura, es que el Papa –hasta el momento- no ha querido referirse al tema. Hay que recordar que aquí en México se dio el caso de Marcial Maciel, el fundador de los Legionarios de Cristo, amparado por la Iglesia”.

Además cuestionan que tampoco se haya pronunciado sobre los 43 jóvenes desaparecidos en Ayotzinapa, Iguala, en septiembre 2014. “El Papa podría resurgir este tema, pero no lo ha hecho”.

A través de redes sociales mexicanos han organizado una campaña de protesta: “Si toda esa gente que fue a ver al Papa, se uniera para luchar por sus derechos, México sería otro”, es uno de los carteles que dejan ver a modo de manifestación en contra de la situación de violencia que azota a varios estados del país.

Pero mayoritariamente se muestran voces de apoyo a la visita y el contenido elegido. Por ejemplo, desde la Académica de Líderes Católicos, José Antonio Rosas, dijo en entrevista con CNN que la llegada de Francisco “ha tocado los corazones de los mexicanos, también de todos los latinoamericanos”.

El director ejecutivo de la entidad chilena alabó el perdón pedido a los indígenas, también el llamado de atención que le hizo al clero y al poder: “El Papa recibió la Biblia y autorizó la misa en dialectos. Así nos dice que la fe no es monocromática, que pueden haber muchas expresiones, que todas aportas y que nadie debe sentirse excluido. En Chiapas, donde hay menos católicos, pudimos ver las multitudes que salieron a verlo. Él se dirigió al pueblo de Guadalupe, dialogó con matrimonios, con divorciados, con madres solteras, fue bellísima la experiencia”.

La esperanza está puesta ahora en la reacción que líderes políticos y católicos influyentes puedan tener después de la visita. En cómo México pueda aprender a caminar en otra dirección, después de años en los que el narcotráfico, los secuestros y la violencia han sido parte del día a día de un pueblo que ruge por un futuro mejor. Por ello Rosas agregó que: “Él no ha escondido los problemas. Ha dicho que hay un pedacito de guerra en México. La implicación política va a ser la respuesta que de los católicos del mundo público al mensaje entregado por el Papa. Los políticos estuvieron presentes, esperemos que lo hayan escuchado. Esperamos que sus palabras calen profundamente en ellos”.