Señor director:
Quienes nos sentimos de izquierda- y yo no incluyo en esta categorìa ni a los que fueron ayer Concertaciòn y que hoy son  NM –  hemos caido a menudo en la ingenuidad de pensar que nuestros adversarios irreconciliables, es decir la oligarquÃa  y sus aliados del Pentà gono y del Departamento de Estado, piensan y actùan siguiendo el dìa a dìa y solo tienen una visiòn de corta distancia. Este error garrafal ha hecho que muchas veces hayamos pensado que nuestras victorias del momento son definitivas y que los dichos enemigos està n por fin fuera de juego.
Asì, si en 1964 la derecha se habìa servido de Frei Montalva como de un dique contra el avance del movimiento popular( PS y PC por lo esencial), en 1970 esa misma derecha comprobò que el dique se habìa roto pues no solamente la izquierda habìa conservado sus posiciones electorales sino que la Democracia Cristiana se habìa izquierdizado hasta el punto de que el programa de Radomiro Tomic diferìa muy poco del defendido por la Unidad Popular.
Fue por esta razòn que la derecha no podìa considerar ni siquiera por un instante de apoyar a Tomic, como lo habìa hecho precedentemente por su correligionario Frei, y fue por esta razòn asimismo que su estrategia insurreccional y golpista comenzò a elaborarse muy temprano , de tal manera que lo que conocimos enseguida no fue màs que el desarrollo del guiòn de una pelìcula tempranamente establecido.
Lo señalado precedentemente no es ninguna novedad para muchos de nosotros y ello solo puede ser considerado como una ilustraciòn màs del peso que tienen los servicios de inteligencia y los estados mayores polìticos , sobre todo norteamericanos, que actùan en la sombra de cada una de las grandes decisiones que conciernen la vida de nuestros pueblos.
En efecto, es muy posible que los contornos que tomò la situaciòn polìtica chilena en los años 70 hayan sido determinados en el marco de una estrategia establecida  mucho antes , es decir en los años 50, cuando a pesar de la persecuciòn comunista de Gonzà lez Videla , el crecimiento electoral de la izquierda habìa sido tan considerable que solo con la candidatura de diversiòn del cura de Catapilco se pudo impedir la elecciòn de Allende en el 58.
Este crecimiento que continuò hasta el 64 y que luego se mantuvo en el mismo nivel hasta el 70, se habìa transformado pues en la espada de Damocles para los intereses derechistas y  la oligarquìa no cesò de preparar la amputaciòn de la mano que tenìa esa espada, en otros palabras la destrucciòn del movimiento popular.
Asì, una candidatura derechista autònoma como la de Alessandri tuvo todas las apariencias de una de esas provocaciones que la CIA practica con tanto placer en el mundo entero. Las chances de ganar eran muy limitadas para el candidato de la reacciòn, pero la posibilidad de una victoria de Allende abrìa las puertas a un escenario que permitirìa arreglarles las cuentas violentamente y de una vez por todas al movimiento popular.
Por ùltimo, apostemos que en el caso de una victoria de Tomic y en el supuesto de una aplicaciòn de su innovador programa, la derecha le habrìa ofrecido un derrocamiento similar, sin muerte de Presidente posiblemente, aunque nadie pueda asegurar el comportamiento de la  jaurÃa uniformada de la época.
El contenido vertido en esta Carta al director es de exclusiva responsabilidad de su autor y no refleja necesariamente la posición de Diario y Radio Universidad de Chile.